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Objetos, prácticas e imágenes: la representación de los pioneros y las guerras en las placas conmemorativas de los panteones étnicos, de Celeste Castiglione,

 Revista TEFROS, Vol. 18, 2, artículos originales, julio- diciembre 2020: 152-188. En línea: julio de 2020. ISSN 1669-726X

 

Cita recomendada:

Castiglione, C., Objetos, prácticas e imágenes: la representación de los pioneros y las guerras en las placas conmemorativas de los panteones étnicos, Revista TEFROS, Vol. 18, 2, artículos originales, julio-diciembre 2020: 152-188.

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Objetos, prácticas e imágenes: la representación de los pioneros y las guerras en las placas conmemorativas de los panteones étnicos

 

Objects, practices and images: the representation of pioneers and wars in ethnic pantheons's commemorative plaques

 

Objetos, práticas e imagens: a representação dos pioneiros e das guerras nas placas comemorativas dos panteões étnicos

 

Celeste Castiglione

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Instituto de Investigaciones en Contexto de Desigualdades

Universidad Nacional de José C. Paz,

 Argentina

 

Fecha de presentación: 12 de febrero de 2020

Fecha de aceptación: 20 de junio de 2020

 

RESUMEN

El objetivo del presente trabajo es abordar el estudio de las placas que se encuentran en panteones asociativos y epitafios que hemos relevado en los cementerios comunitarios producto de la migración en la Argentina. La colección fotográfica recabada se basa en un recorrido presencial desde 2015 hasta 2019, pero que toma fuerza a partir del trabajo de Sempé y Flores (2019) que considera a las evocaciones funerarias como objetos de estudio en el marco de un enfoque en donde los modos de vida, ritos, creencias y tradiciones de sujetos y/o grupos son protagónicos. A este planteo le sumamos que los objetos estudiados se producen en el marco de la trayectoria migratoria de distintos grupos con diferentes posibilidades de desarrollo, poder y, en definitiva, de capital cultural en la sociedad de destino (Bourdieu, 1979). Esta aproximación nos permitió acercarnos a las distintas temáticas y textualidades que las placas ofrecen, focalizándose en las construcciones narrativas en torno a la idea del pionero, de las evocaciones de la guerra en la sociedad de origen, de la historia asociativa y de las marcas estéticas que construyen, mantienen y reeditan las prácticas identidarias de los grupos migrantes.

Palabras clave: migraciones; Argentina; prácticas funerarias; placas.

 

ABSTRACT

The objective of the present work is to approach the study of the plaques found in associative pantheons and epitaphs uncovered in the communitary cemeteries constructed after migration in Argentina. The photography collection gathered is based on a face-to-face trajectory done from 2015 to 2019. This gains strength with the work by Sempé and Flores (2019), who regard the funerary evocations as subject matter in the frame of view where the lifestyles, rites, beliefs and subjects and/or groups' traditions are protagonists. To this pose, we add the idea that the objects of study are produced in the background of the migratory trajectory of different groups with varied posibilities of development, power and, definitely, cultural capital in the society they moved in (Bourdieu, 1997). This approximation allows us to approach the different topics and the textuality which the plaques offer, and to focus on the narrative constructions around the idea of the pioneer, the evocations of war in the society of origin, associative history and aesthetic marks that construct, maintain and edit the identitary practices of the migratory groups.

Keywords: migrations; Argentina; funerary practices; plaques.

 

RESUMO

O objetivo deste trabalho é abordar o estudo das placas encontradas nos panteões associativos e nos epitáfios levantados em cemitérios comunitários de migrantes na Argentina. A coleção fotográfica foi elaborada presencialmente entre 2015 e 2019 e dialoga com o trabalho de Sempé e Flores (2019). Estes consideram as evocações funerárias como objetos de estudo no âmbito de uma abordagem focada em como modos de vida, ritos, crenças e tradições de sujeitos e / ou grupos são protagônicos. A essa abordagem, acrescentamos que o produto dos objetos estudados decorre da trajetória migratória de distintos grupos com diferentes possibilidades de desenvolvimento, poder e, finalmente, capital social na sociedade de destino (Bourdieu, 1997). Essa abordagem nos permitiu analisar os diferentes temas e a textualidade que as placas oferecem e que se concentram nas construções narrativas que giram em torno da ideia do pioneiro, das evocações da guerra na sociedade de origem, da história associativa e das marcas estéticas que constroem, mantêm e reeditam as práticas identitárias dos grupos de migrantes.

Palavras-chave: migrações; Argentina; funerais; placas.

 

INTRODUCCIÓN

El objetivo del presente artículo forma parte de una investigación de largo aliento sobre las representaciones y ritualidades funerarias de los migrantes en Argentina. Este trabajo se focaliza en el estudio temático de placas ubicadas en panteones asociacionistas étnicos y epitafios que evidencien un límite identitario. Esta idea cobró impulso a partir del trabajo de Carlota Sempé y Olga Flores (2019), que permitió pensar a las placas como objetos de estudio, como textos situados en lugares heterotópicos y de un orden particular como son los cementerios. Éste concebido como un espacio performático que funciona como escenario que habilita la comunicación de prácticas simbólicas (Reimers, 1999) de un orden específico, en donde el emplazamiento de un edificio funerario marca límites familiares, de parentesco, de linaje y de sectores sociales. En esa línea consideramos que los panteones étnicos adquieren una capa de complejidad adicional, ya que se encuentran mediados por un interlocutor que es quien debe peticionar el permiso para ser enterrado allí basado en un criterio de nacionalidad. Esta tarea era realizada por las asociaciones de socorros mutuos[1] que lo promovían a partir de su capital cultural, concepto en el que profundizaremos.

En consecuencia, el artefacto funerario se transforma así en una suerte de embajada mortuoria construido atendiendo a los rasgos estéticos de ese grupo, pero dentro de un espacio comprado o cedido por el poder político local que distribuye el territorio. De manera que el panteón es una intersección, una síntesis de lo que el grupo quiere expresar y el contexto que lo rodea, que llega a nuestra observación sin saber en qué proporción resultó.

Esta esquiva construcción de la fuente nos ha permitido rodearla desde los bordes. Hasta el momento, hemos intentado acercarnos a las formas de tramitar la muerte que tuvieron algunos grupos a través de un análisis del entramado asociativo de la migración mediterránea, anglosajona (Castiglione, 2019 a) y su distribución en el país (2020), en ciudades puntuales como José C. Paz (2019 b), a través del estudio específico de irlandeses (2018 a), el análisis de panteones de españoles (2018 b), italianos (2016 a y 2019 c), franceses (2018 c), vascos (2019 d), en Rosario (2016 b) y en la ciudad de Buenos Aires a través de sus actas asociativas (2017). En estos distintos artículos hemos trabajado los aspectos morfológicos (dimensiones, ubicación, estilo arquitectónico, símbolos), usos, rituales y prácticas acerca de lo funerario, así como también realizamos el estudio de sus documentos y del entramado histórico que les dio origen y sustento. Para las migraciones recientes concretamos numerosas entrevistas que nos ayudaron a acercarnos con el fin de reflexionar sobre las emociones en relación con la movilidad (Bjerg, 2019) y a pensar en el significado y el sentido del grupo cuando llega la muerte[2] en tierras adoptadas.

 

LA CONSTRUCCIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO

Coincidimos con Thomas Reese (1999) en que existe una dificultad en abordar las representaciones históricas a fin de responder preguntas que giran en torno al acceso y la captura del pasado. En los trabajos mencionados en la introducción buscamos aproximarnos a algunos problemas y cuestiones como: ¿Cuál era la motivación que generaba un despliegue de capital, tiempo y energía por parte de un grupo para determinada acción a fin de conseguir el panteón?, ¿Qué lugar le daban a la muerte, el velorio y sus evocaciones?, ¿Cuáles fueron los rituales y tareas que se emprendieron a fin de ser llevados a cabo y por quién? Y, por último, ¿Qué hubo que negociar entre lo aprendido en la sociedad de origen y su adaptación en la sociedad de destino?

Reese (1999) propone tres modos de acceso o campos de representación: 1) los objetos, 2) las actuaciones (performances) y 3) las imágenes (o simulacra), cada uno de los cuales participa en las dimensiones de los otros, no existiendo aislados. Los primeros son básicamente cosas, manifestaciones materiales, físicas, crean representación en el espacio, se pueden visitar, pudiendo ser naturales, arquitectónicos, urbanos, etc. Son testimonios concretos, pero también mnemónicos que pueden activar una amplia gama de imágenes sensoriales que recapturan lo lejano, mediando entre el pasado y el presente, representándolos simultáneamente. Reese (op cit., p. 24) menciona objetos como los monumentos hasta las estampillas, y en donde también podemos sumar las placas, como prendas recordatorias, sirviendo para la autenticación de la historia y los relatos. Este último punto es sumamente importante para trazar la genealogía, contribuyendo a construir la legitimidad de los grupos extranjeros, sobre todos en los fundacionales, iniciando una tradición en un lugar en donde se debe luchar por conseguir y conquistar espacios de poder, a diferencia de la que pueden ostentar en otros territorios con miles de años de historia.

Los segundos se encuentran constituidos por las actuaciones, performances, acciones, cuyas prácticas espaciales en la vida cotidiana se dan en un contexto social; y, por último, 3) las imágenes, se desarrollan a través de distintos artefactos, constituyendo espacios de representación con significados simbólicos, pudiendo ser transmitidas a través de lo textual, lo auditivo, visual o combinados. Ahora bien, estos campos de representación no son sólo documentos, sino instrumentos mediatizados por el poder, ejerciéndose en donde funcionó la operación de un miembro destacado, grupo, comisión directiva o clima social, que llevaron a la decisión de preservar, transformar o silenciar la memoria histórica y social.

Dentro de este esquema de interrelaciones entre el pasado y el presente, las distintas generaciones, las ideologías de las comisiones directivas y los socios, podemos posicionar en 1) la idea de la placa como manifestación concreta, física y material de homenaje y memoria de la época (y que como veremos se continúa hasta el presente); 2) el acto que convoca a su colocación, (puntual o recurrente) en una fecha específica, reuniendo a los socios, preparando su emplazamiento, cubriéndola con un lienzo, descubriéndola, realizando el festejo en el salón, compartiendo el momento de contrición, distención y la satisfacción de la tarea corporizada cumplida; y 3) las noticias, las fotos que eran enviadas o colgadas en la asociación, en sus salones o despachos, que ponen en juego, para cada uno que la ve, a lo largo del tiempo, una activación de representaciones y relatos.

En la adquisición de este espacio en el cementerio, ya fuera por compra o donación, esta acción, en gran parte, dependía del monto del capital cultural (Bourdieu, 1979) de la asociación que se presentaba ante el poder político e iniciaba la negociación. En algunos cementerios había lugares destinados a las grandes figuras, estableciendo espacios de jerarquía. Por esa razón, el poder de estas entidades étnicas que se conformaban progresivamente a medida que se repartía el territorio y se fundaban los pueblos, ciudades y partidos, también reclamaban su parcela con mayor o menos éxito en virtud de su influencia y de su capital cultural. Este puede existir bajo tres formas: en estado incorporado, bajo disposiciones duraderas del organismo, como ocurre con las Asociaciones de Socorros Mutuos (ASM en adelante) que se crean en momentos donde el clima asociacionista habilita este tipo de organización, con reglamentos, actas, asambleas; de manera objetivada, bajo la forma de bienes culturales, la creación de sus libros, actas y memorias, escuelas, escudos, actividades culturales, idiomáticas, panteones o cementerios propios; y la institucionalizada, una forma de objetivación que Bourdieu ejemplifica con el título escolar y que aquí podemos trasladar a la personería jurídica, la relación con el consulado y embajada, la reciprocidad o reconocimiento con otras asociaciones o pertenencia a federaciones o redes. Como expresa Bourdieu (1979, p. 3): “La interiorización del capital cultural y su posesión es lo que da a luz al habitus de una persona. Sin embargo, la transmisión del capital no ocurre instantáneamente sino gradualmente y a lo largo del tiempo”. Cuando esto se traslada a la práctica de lo funerario tramitado de manera grupal existen elementos en común y otros propios que cada asociación adopta en relación con su contexto histórico.

Las placas forman parte de esta construcción que las asociaciones realizan a lo largo de los años, marcando nuevas cronologías e hitos, construyendo biografías materializándose como objetos diferenciadores e incluso presentes o regalos entre asociaciones.

En línea con los autores que consideran que el espacio es poder, el edificio funerario se constituye como una parte complementaria de la asociación de socorros mutuos que lo construye. Esta, por lo general se encuentra cercana a la plaza central, corazón de la actividad por donde el pueblo desarrolla su vida social en la mayoría de los pueblos del interior de la Argentina. Allí también se suman monolitos o placas al cumplirse aniversarios o eventos destacados.

A diferencia del trabajo de Bertrand (2005) que establece modas en los tipos de epitafios de los siglos XVIII, XIX y XX, nuestra corta historia institucional, que es de donde proviene la gran mayoría de nuestros objetos de estudio, nos ofrece otro tipo de enfoque.

Podemos coincidir que, en el siglo XIX, se copia o bien se traslada el tipo de escritura funeraria, así como los moldes y materiales que se utilizan, que evidencian no sólo destacar la categoría moral del difunto sino también suscitar la emoción en el lector de los mismos. Pero será la condición de migrante la que sume una capa de complejidad a la muerte de un connacional, y allí es donde el análisis de Vidor (2014) contribuye a pensar en la importancia del papel pedagógico para transmitir valores religiosos, morales, cívicos y familiares para los distintos públicos propios y ajenos que poseen estos instrumentos.

Asimismo, en los epitafios relevados se advierten otras dimensiones: por un lado, la tristeza y la nostalgia de la sociedad de origen se suman al homenaje concreto que se evidencia en el relato y por otro, un mensaje a la sociedad de destino en donde parte de sus connacionales van a permanecer, haciendo énfasis en sus virtudes y el aporte realizado. Porque toda manifestación aplicada en el escenario cementerial adquiere un carácter performativo legado para los vivos que lo visitan.

Coincidimos con Reinhart Koselleck (2011) en que el pasado no puede cambiarse, sólo puede reinterpretarse, de manera que las placas son evidencias empíricas de lo que esa asociación quiso dejar como mensaje para los vivos, como legado para el futuro de ese grupo en particular que las generaciones venideras deberán sostener sobre esa base y como hito temporal que marca cronologías sobre su base fundacional. Son vehículos de la memoria en donde se evidencia qué es lo que se quiere recordar, a qué se le otorgará relevancia y, en consecuencia, lo que se elige olvidar.

Como hemos mencionado, el presente trabajo se basa en un estudio de las placas que se encuentran en panteones de ASM y/o espacios que evidencien una identidad étnica clara a través de su ubicación en un edificio funerario o un nicho o tumba escrito en otro idioma (epitafio). Este catálogo posee además una característica especial: el mensaje siempre es acotado -o por costos o por espacio- y el texto debe provocar un impacto y una contundencia abarcando y subsumiendo una gran cantidad de elementos conceptuales de la vida y de la muerte. Para ello se han recorrido 182 cementerios que exponemos sin individualizar si son municipales, de disidentes, israelitas o musulmanes, en donde hemos recabado de manera fotográfica el registro de las placas y/o epitafios (siendo estos últimos los menos numerosos) (ver Tabla 1.)

 

Otros países

Argentina

México

12

Catamarca

5

Brasil

7

Chubut

2

Uruguay

5

Córdoba

11

 

 

Entre Ríos

2

 

 

Santa Fe

9

 

 

Santa Cruz

1

Bs. As.

91

Conurbano

32

CABA

5

Subtotal

24

158

Total                                                          182

 

 

 

 

 

 

 

Tabla 1: Cementerios relevados. Fuente: Confección propia en base a nuestro recorrido.

 

Por lo general, un análisis rápido de cualquier placa evidencia una línea similar, como si todas siguieran un molde, con escasas variaciones que son las que vamos a estudiar en este trabajo, que hemos dividido en diferentes ejes temáticos:

1.- Las placas que se refieren a los pioneros o miembros fundadores.

2.- Las que desean marcar una continuidad, homenaje o lazo con eventos bélicos.

3.- Las que cuentan una historia, por lo general vinculada a la tierra de origen (vírgenes, paisajes, trayectorias, biografías, etc.).

4.- Las que refieren a la historia de la asociación:

4.a) Las que conmemoran a un profesional destacado, siempre hombre, que ha servido para dar cuenta de la heterogeneidad de los flujos y de la movilidad social de algunos grupos, que muchas veces también era considerado un miembro indiscutido y recurrente de los planteles.

4.b) Las que desean homenajear a Comisiones Directivas y gestiones específicas, estableciendo jerarquías y honores.

4.c) Las que desean dejar testimonio de la colocación de la piedra fundamental y/o de su bendición. Allí, en algunos casos, la presencia de la iglesia es un agente legitimador del acto.

4.d) Las que son regalo de otras asociaciones en determinadas fechas importantes.

5.- Las que poseen determinadas marcas estéticas, tipos de letras, símbolos, escudos o figuras observables por fuera de la moda.

En el caso del presente trabajo, nos concentraremos en el punto 1 y 2 en los cementerios de Argentina, a fin de profundizar en los distintos matices que estas ofrecen.

 

LA CONSTRUCCIÓN DE LA FIGURA DEL PIONERO

La idea del pionero, a menudo representado como un hombre de campo o una familia desarrollando tareas agrícolas, posee una connotación positiva dentro de la narrativa especialmente en los primeros años del paradigma de la Generación del ’80. Pero ¿Qué características debe tener para ser denominado pionero a diferencia de un migrante? Coincidimos con que de manera constante se alude al rol fundacional que algunos migrantes han tenido, pero permanece indefinido haciendo referencia a lo inaugural de una ruta, un territorio o una rama comercial, a menudo sujeto a las dificultades de las políticas migratorias, barreras idiomáticas y posibilidades económicas, fundando un sistema de migración, que una vez establecido, marca la senda: estructura la subsecuente migración, aunque no está sujeto a las mismas influencias y prácticas. Para Backwell, de Haas y Kubal (2012, p. 3) el “…concepto de migración pionera es vital para una comprensión más integral del sistema de migración” que se inaugura, diferenciándolos de los que aleatoriamente desembarcan.

Siguiendo a estos autores, los sujetos no son receptores pasivos de las estructuras de oportunidad presentadas por los países de origen y destino, pero al tomar la decisión de emigrar ejercen su agencia, siendo beneficiada u obstaculizada por la estructura. Es decir, existe el elemento voluntario, fundante de las posibilidades a futuro, pero de acuerdo a estos autores si continúa, son esas acciones originarias las que allanan el camino. No cualquiera puede ser pionero: la aventura conlleva riesgos, espíritu emprendedor, algo de la locura del inventor, con costos, pero habilidades atribuidos a la raza en los discursos oficiales. Por otro lado, su denominación como pionero no sólo se relaciona a la llegada sino a las condiciones desde donde se funda la épica, teniendo en cuenta los flujos migratorios separados en el tiempo, habilitando vínculos con los migrantes que arriban después, a menudo segmentados por clase y/o educación y lo geográfico, siendo analíticamente posible establecer la denominación de acuerdo a cada nacionalidad. Es decir, se conceptualizará y contextualizará con respecto al grupo específico, el marco temporal y la localidad (de origen y asentamiento) y el tipo de migración.

De manera que el uso del término pionero será flexible, pero a los que finalmente se les atribuye esa denominación en las narraciones y para las generaciones futuras son portadores de atributos morales y jerárquicos de gran prestigio, en donde la voluntad, el trabajo y el ingenio que utilizaron oportunamente permitieron sortear las condiciones adversas que se presentaron. En esos discursos el responsable de las dificultades pocas veces es el Estado, que a menudo abandonaba a los arribados a su suerte, sino una gran cantidad de “condiciones”, por lo general geográficas y climáticas o bien en otras narrativas a las vinculadas dificultades derivadas del encuentro con los pueblos originarios y el gaucho.

De manera que el pionero es representado como el agente civilizador, de lo económico y lo religioso, cualquiera sea su trabajo: su mera presencia porta saberes y un capital cultural como principales herramientas para sobrellevar las dificultades. Esta caracterización es muy potente en la literatura y las representaciones sociales establecidas a lo largo de las ediciones retrospectivas realizadas acerca de las migraciones tempranas (1820-1880) y masivas (1880-1914) (Ciapuscio, 2017; Devoto, 2003; Bjerg, 2010). En síntesis, desde los grupos de la élite gobernante de fines del siglo XIX y las narrativas conservadoras sucedáneas, el pionero debe responder a una estética y a unas características morales que solo portan quienes son designados por ellos. Esta idea se encuentra de manera recurrente y era funcional en los debates que a menudo se establecían en los momentos en donde se replanteaban las políticas migratorias evocando un pasado ilusorio, como en los planes quinquenales del peronismo (Novick, 2018)

La empresa a iniciarse, el juicio o sentido común, la imaginación y lo concreto que posee fundar un pueblo, habitar una iglesia, plantar los primeros cultivos siempre conserva, desde luego, atributos positivos para el modelo económico sobre los que se asienta y habla de ellos o los relata, no siempre se aplicados a los migrantes de otras nacionalidades, aunque realicen la misma empresa. La construcción y/o transformación del espacio, en concordancia con las necesidades económicas, rodeado de un velo religioso cubriendo el proceso, tiene un impacto diferenciador con respecto a las implicancias a la presencia posterior de acuerdo a las marcas civilizatorias ya emprendidas.

Como señala Williams (2010, p. 69) “…la caracterización negativa del desierto de Sarmiento no puede escindirse de su formulación de un programa político”, así como la idea de pioneros naíf, religiosos, sumisos, con una inocua ignorancia en lo político, forjando un paith (en gaélico con distintas acepciones: pradera, pampas) apareciendo en los relatos ni bien los colonos dejan el lugar de desembarco y forjan ese camino o sendero (path), no son inocentes. Estas evocaciones se remontan o se ilustran con los relatos del Medio Oeste norteamericano o el “Groot Trek” (Gran Travesía) de 1836, cuando los boérs (autodenominados “voortrekkers”) cruzando las fronteras de la colonia del Cabo para ocupar el interior norteño de Sudáfrica donde habitaban los zulúes y bantúes (Peralta y Morón, 2002) protagonizan una epopeya donde luego se apoyará el relato y justificar el Apartheid. El monumento que lo representa e ilustra en Pretoria, contiene todos los elementos del pionero: las carretas, las mujeres y los niños, el hombre conductor, los animales de carga, los instrumentos de trabajo, el elemento trágico, el conflicto, el esfuerzo y la lucha, así como el encuentro con lo salvaje y brutal.

En esas construcciones narrativas resulta sumamente significativo el concepto del tiempo y de la espera: el primero marca como cada día es un eslabón fundamental para un fin, aportando y sumando distancias, construcciones, avances, cultivos, etc.; y el segundo, remite a la soledad del hombre o la familia pionera, con la esperanza de la llegada de otra carreta con materiales, insumos o personas que contribuya a la empresa fundacional.

Será el nuevo, el recién llegado, el que le pregunte al primero el cómo, basado en las experiencias pasadas, la iteración en donde nuevamente se opta si se quiebra con los aprendizajes o se incorporan nuevos adaptados al medio. Ese acto hace al pionero, la forma en que su saber se combina con el medio adverso creando nuevas tradiciones, hasta el momento inexistentes. De manera que ese elemento dinámico, su capacidad de adaptación, nunca idéntico, siempre distinto, será el que caracterice a un pionero de la migración: la agencia iterativa, la proyectiva y la práctica evaluativa hacen del desierto un jardín, como metafóricamente utiliza Williams para los galeses de la Patagonia.

En definitiva, se establece una dependencia del capital social para migrar y el surgimiento de cualidades sistémicas de los procesos migratorios y dentro de esta estructura, pensar instrumentos de memoria en y para la comunidad de origen, en la de destino o en ambas, e incluso a fin de provocar un impacto hacia otras comunidades con las que comparten el espacio performático del cementerio. Dentro de nuestro recorrido hemos encontrado las siguientes placas que ilustran lo presentado (ver Fig. 1) que dice: “Asociación Italiana Filantrópica Unida. Balcarce. En su centenario 1880 Julio 1980. Homenaje a sus difuntos precursores” y la segunda, igual en su forma y estética, que versa: “Homenaje a los fundadores y socios fallecidos 1880 12 de julio 1988”.

Imagen que contiene edificio, agua, viejo, grande

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Figura 1: Cementerio de Balcarce. Provincia de Buenos Aires. Fuente: Castiglione, 11 de marzo de 2016.

 

El pueblo de Balcarce se funda en 1876. Formaba parte del partido de Gral. Pueyrredón (donde se encuentra el puerto de Mar del Plata) a 408 km de la Ciudad de Buenos Aires. Se encuentra pasando el Río Salado, antiguo límite entre la “civilización” y los pueblos originarios. El 27 de junio de 1880 se fundó “Associazione Filantrópica Italiana d´Instruzione e Beneficenza”, convirtiéndose en una de las entidades pioneras, cumpliendo así con la demanda de crear un lugar donde se congregarán todos los migrantes llegados de la península sin distinción de regiones. Al tiempo se fractura dividiéndose en dos, denominándose la segunda “Societá Italia Unita”.

Para los festejos del 20 de septiembre de 1918, aniversario de la entrada de Garibaldi a Roma, el trabajo compartido y seguramente el importante descenso de los flujos de posguerra, llevaron a que nuevamente se fusionaran, previa decisión consensuada en una Asamblea General Extraordinaria. A partir de allí, ha tenido momentos de auge con más de 2000 socios y hoy se mantiene con el alquiler del salón, el buffet, fiestas que se publican en Facebook y el convenio con la Asociación Dante Alighieri de Buenos Aires que ofrece la enseñanza de la lengua con certificación oficial. Este recurso ha revitalizado numerosas asociaciones aportando una dinámica adicional y de edades variadas que nutren la vida asociativa y comunal. Su presidente expresa: “También tenemos un panteón que tratamos de mantenerlo lo mejor posible, que también es otra entradita” (Diario El Balcarce, 2/11/2019), haciendo referencia al servicio y mantenimiento económico para los socios. La inserción y establecimiento de italianos en este partido agrícola, conocido por la producción de papas, se vio revitalizado con el salto a la fama de un deportista de fama mundial, Juan Manuel Fangio, que llevó también a vínculos con la ciudad de origen de su familia, representada en una bella placa situada en un lugar relevante, que dice: "Balcarce en hermandad con Castiglione Messer Marino, cuna del padre del quíntuple campeón mundial de Fórmula Uno, Don Loreto Fangio". El monolito fue erigido y descubierto en 2017, y tiene su réplica en la región de Abruzzo, erigido en 2010.

En el mismo cementerio, con un portal del arquitecto Francisco Salomone, se encuentran el panteón de la “Sociedad Francesa de Socorros Mutuos La Fraternidad”, que posee una placa destinada a los socios fallecidos, emplazada el 14 de julio de 1994 (evocando su fecha patria), y al final de la vía central, la Sociedad Española, de estilo gótico, hoy abandonado.

En esa misma línea discursiva se encuentra la Sociedad Italiana de Carlos Casares en su 75° Aniversario y que emplazaron el 21 de septiembre de 1969 alimentando la cronología patriótica de la entrada de Garibaldi a Roma (ver Fig. 2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 2: Cementerio de Carlos Casares. Fuente: Castiglione, 11 de enero de 2018.

 

El partido de Olavarría, situado en el centro de la provincia de Buenos Aires, atrajo gran cantidad de flujos en la ciudad y en su cementerio, que se evidencian a través de tres panteones españoles fundados en distintos momentos y contextos, uno italiano y otro sirio libanés.

Pero la figura del colono toma fuerza a unos kilómetros de la ciudad a partir de la fundación de una colonia de alemanes procedentes del Volga (Rusia). Esta corriente se había iniciado en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en las tierras de la futura Alemania. Esto llevó a una gran pobreza generando que parte de su población aceptara la propuesta de Catalina II de Rusia, que planificó una política demográfica con el fin de convocar a agricultores europeos para cultivar grandes extensiones de tierra en territorio ruso, aunque en el Manifiesto no eran claras las actividades que debían desarrollar y a su llegada fueron obligados a trabajar en condiciones casi medievales (Popp y Dening, 1977) en donde se les prohibía ser propietarios de la tierra que cultivaban, mezclarse con los rusos y aceptando vivir en comunidades cerradas, en donde podían conservar su lengua, religión y tradiciones. A ello se sumaba la escasez del territorio a repartir (1,6 ha. por cabeza), la obligatoriedad del servicio militar en condiciones de subordinación dentro de las filas rusas y considerados como ciudadanos de segunda, dejando el campo al cuidado de la mujer y los hijos. A estas condiciones se sumaron tiempos de sequías que aceleraron la búsqueda por nuevas tierras, ya que no se habían arraigado nunca.

A partir de 1876 con la Ley Avellaneda de “Inmigración y Colonización”, y la promoción de la Argentina en Europa, los beneficios de la pampa llegan a estos parajes y la posibilidad de re emigrar comienza a ser un anhelo. Un grupo de ellos arriba a Buenos Aires en los buques Couley y Köln trayendo ocho familias y tres solteros, aceptando el ofrecimiento del Gobierno Nacional para colonizar tierras fiscales del partido de Olavarría, en Hinojo, donde llegaron en 1878. El 3 de septiembre de 1877, el Comisario General de Inmigración de la República Argentina, don Juan Dillon, reglamentaba los derechos y deberes para migrantes que siguieron abordando. Se estableció la gratuidad del viaje desde Brasil -donde hacían escala-, la comida, la madera para levantar la vivienda, un arado con cadenas, dos palas, una azada, sogas, dos bueyes, dos vacas lecheras, dos yeguas, un caballo, una pareja de chanchos, aves de corral y semillas.

Les otorgaban los mismos derechos y privilegios que al resto de los migrantes, libertad de culto, elección de sus autoridades comunales libremente -caso contrario la administración estaría a cargo de un consejo de ocho miembros elegidos por los colonos y presidido por un funcionario nacional o provincial- y la eximición de toda contribución directa o territorial.

Su identificación en el cementerio tiene dos formas: un espacio separado, sin placas, sólo con piedras y lápidas en alemán, aunque ya erosionadas por el paso del tiempo, y la otra con tumbas individuales. Asimismo, al final de la vía central se encuentra una figura de Jesús tendido y placas conmemorativas: dos casi idénticas de la comunidad italiana, con su nombre y fecha La primera versa: “La Soc. Italiana XX Septiembre de Hinojo. A sus fundadores-Directivos y socios fallecidos en su 80° Aniversario. 29-9-85” y en la segunda, posicionada sobre un mármol y un marco de madera expresa: “La Sociedad Italiana XX de septiembre de Hinojo al cumplir su centésimo aniversario. En homenaje a los fundadores directivos y socios fallecidos. 1895-29 de septiembre-1935” (ver Fig. 3).

Imagen que contiene pasto, exterior, edificio, flor

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Figura 3: Cementerio de Olavarría-Colonia Hinojo. Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Castiglione, 10 de enero de 2015.

 

María Cristina Vera de Flachs (1994) señala que entre 1840 y 1906 se produjeron dos etapas bien marcadas de la migración procedente de las tierras alemanas a la Argentina. La primera, en la que una cantidad numerosa de granjeros vieron en América una alternativa para ser propietarios de tierras y la segunda, más comercial desde 1870, que apuntaba a colocar producción industrial. Entre 1871 y 1890, 1.803.193 alemanes cruzaron el Atlántico, primero hacia Estados Unidos, y en segundo lugar hacia Brasil, Argentina y Chile. Como señala esta autora, desde Sarmiento la migración alemana gozó de una representación social positiva como parte del asentamiento de europeos del norte, a quienes consideraban más laboriosos y tranquilos con respecto a los del sur[3].

Estos primeros flujos de migraciones tempranas en su mayoría agricultores (59%), pero también de variadas profesiones arribaron a la Argentina (Vera de Flachs, op cit., p. 95). A comienzos de 1870, un grupo de intelectuales alemanes contribuyeron a la fundación de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, así como de otras instituciones, formando parte del plantel de la Universidad Nacional de esa provincia y de La Plata, además de las escuelas, iglesias y cementerios que ya tenían en la ciudad de Buenos Aires. La Primera Guerra Mundial llevó a un descenso general de los flujos migratorios en general y a un replanteo identitario de la comunidad alemana a cerrar la interna entre monárquicos y republicanos, ingresando en otra etapa que los pone a prueba de cara a la Segunda Guerra Mundial (Bryce, 2018).

Desde 1943 se habían refugiado alemanes antes de concluir la guerra (Klich, 2000) y su ingreso formó parte de un entramado de presiones políticas y diplomáticas, así como de su capacidad de negociación de gran complejidad a nivel internacional y de los intersticios estatales (Biernat, 2004). En la Ciudad de Buenos Aires, San Carlos de Bariloche, Posadas y Córdoba ya existían comunidades alemanas de corrientes previas. Devoto (2000) resalta la dificultad de establecer las fuentes que den cuenta del volumen de los flujos, el grado de responsabilidad de los que ingresaron, así como los países de donde provenían (alemanes, húngaros, polacos, ucranianos, rumanos, croatas, etc.) y los organismos y estados que mediaron resultan indicios de un fenómeno difícil de analizar. Como expresa este autor, prevalecía en toda la complejidad institucional la predilección por los italianos, católicos (ibid., p. 156) que ya habían probado su grado de asimilabilidad y que nutrirían proyectos de desarrollo industrial.

En Córdoba, la presencia de alemanes se manifiesta en el cementerio de disidentes de la capital y de Villa General Belgrano, en donde se destaca una estética muy particular dentro de este tipo de necrópolis: casi inexistencia de panteones, el uso de la vegetación como parte de la ornamentación, de la piedra como principal material del epitafio y una distribución horizontal de las tumbas. En este último en particular se observa una distribución en cuyo centro se encuentra una escultura de formas no reconocibles, como el interior de un caracol, con un salmo tallado a mano en alemán que dice: “DU BIST MEIN GOTT! MEINE ZEIT SICH STEHT IN DEINEN HANDEN” Psalm, (sic) 31, 15.16” (¡Tú eres mi Dios! Mi tiempo está en tus manos. Salmo 31, 15.16), y un monolito de piedra rosa con los nombres de los fundadores de Villa General Belgrano que expresa: “En conmemoración de los fundadores de Villa Gral. Belgrano. Paul F. Heinze 27.9.1979-11.1.1947 y Georg F. Kappuhn 9.9.1899-31.7.1954” (ver Fig. 4).

 

 

Imagen que contiene roca, exterior, piedra, viejo

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Figura 4: Cementerio de Villa General Belgrano. Provincia de Córdoba.

Fuente: Castiglione, 8 de noviembre de 2016.

 

La Cumbrecita se encuentra a 120 km al sudoeste de la ciudad de Córdoba, en la zona de las Sierras Grandes. Se conformó como un pueblo turístico con el tiempo, pero es residencia de una colonia alemana que ubicó el cementerio (Friedhof) escondido en un sendero oculto de la ladera. Allí se encuentra rodeado por un perímetro de ladrillos irregulares, un portón de madera y una distribución irregular de las tumbas, en donde las placas se hallan apoyadas y distribuidas entre las piedras, los árboles y arbustos que crecen libremente. Los fundadores, nacidos en Berlín, pero fallecidos en Buenos Aires, fueron trasladados a este paraje semioculto en las sierras cordobesas. Se destaca la placa redundante de los fundadores que dice: “Los primeros pioneros de La Cumbrecita Fritz Behrend Berlin, 10.6.1903 Buenos Aires, 22.1.1982- Heinz Behren Berlin, 22.11.1905 Buenos Aires, 1.11.1980” (ver Fig. 5).

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Figura 5: Cementerio de La Cumbrecita. Provincia de Córdoba. Fuente: Castiglione, 6 de noviembre de 2016.

 

En el ser pionero se pone en juego la importancia de la transformación del medio y la naturaleza a través de la actividad humana, en donde el anónimo vuelve a tener nombre y el día a día suma eslabones en una cadena de sentido subjetiva que al mismo tiempo lo une a lo grupal y a una historia que se remonta y se inscribe en una mayor del pueblo al que pertenece y que sobrevive, incluso, en parajes lejanos. Aquí se evidencia la necesidad de ser enterrado en esta pequeña aldea, entre los suyos, en este espacio que busca encerrar la nacionalidad ya hibridada.

Algunas asociaciones españolas también homenajean a los fundadores y socios fallecidos en lugares centrales y destacados de sus panteones, ambos en localidades medianamente cercanas a la Ciudad de Buenos Aires, como Marcos Paz y Chivilcoy. En este último, se observa en su bellísimo panteón de líneas y formas originales emplazado en la vía central, una placa art decó que versa: “Homenaje a los fundadores y socios fallecidos. 1870 -9 de julio-1970. AESM de Chivilcoy” (ve Fig. 6).

 

 

Edificio de piedra

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Figura 6: Cementerio de Chivilcoy. Provincia de Buenos Aires. Fuente: Castiglione, 11 de abril de 2016.

 

En Pehuajó, al norte de la provincia de Buenos Aires, a la entrada del cementerio, junto a otras placas se encuentra la de la comunidad vasca, que rompe con la uniformidad porque en su vértice superior izquierdo se dibujó la cara de un vasco sonriente con la boina característica, sobre unas montañas, reuniendo marcas identitarias que se suman a su nombre (ver Fig. 7).

 

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Figura 7: Cementerio de Pehuajó. Provincia de Buenos Aires. Fuente: Castiglione, 17 de enero de 2018.

 

Su emplazamiento, realizado en 2006 da cuenta de la revitalización que ha tenido esta corriente a partir de la muerte de Franco (1975) y de la decisión, como política pública, de robustecer la comunicación y el desarrollo de sus comunidades en el exterior.

Sin embargo, los españoles y vascos, ampliamente referidos desde la Conquista en América difícilmente puedan ser caracterizados como pioneros, con excepción de su presencia en algunos pueblos. Sus placas se referirán más a la actuación de comisiones directivas y personajes influyentes, como profundizaremos en trabajos futuros.

Por último, en el partido de Rivadavia, lindante con La Pampa, fundado en 1910, se observa una forma alternativa de homenaje con una placa en la entrada del cementerio (ver Fig. 8), construido en 1929, que habitualmente sirve de lugar de reunión cuando la asociación convoca.

Imagen que contiene circuito

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Figura 8: Cementerio de América. Partido de Rivadavia, Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Castiglione, 8 de marzo de 2019.

 

Para un observador recién arribado el nombre de la ciudad lleva a una confusión, además de su relativamente reciente fundación en relación a otras. En su placa se observa la necesidad de reforzar el concepto de antiguos pobladores reconociendo su rol en la construcción identitaria y su papel en el progreso, de carácter multisémico pero con una carga simbólica en el binomio positivista “orden y progreso”; y al mismo tiempo reconoce que no es su patria sino la adquirida.

El homenaje, realizado en 2004 por la Municipalidad, evidencia la importancia que en el presente continúa teniendo para los migrantes y el poder político local.

Una placa similar, dedicada a los antepasados y colonos, también se encuentra en un monolito de Gral. Pinto sin especificar nacionalidades ni eventos puntuales.

 

LAS MUERTES PATRIÓTICAS A LA DISTANCIA

Como señala Koselleck (op cit.) un tipo de monumentos, placas y evocaciones de las guerras tienen su origen en la modernidad, especialmente a partir de la Revolución Francesa y la Ilustración, cuando el Estado comienza a competir por las representaciones, destinar recursos, difundir discursos y prácticas, entre ellos, la memoria, puestos al servicio de la política. Como marca este autor, a medida que el sentido de la muerte cristiana comienza un proceso de empalidecimiento fueron cobrando mayor peso otras representaciones de la finitud. Asimismo, la idea de muerte cristiana se basaba en jerarquías y estamentos a los que dotaba de cualidades morales, que en el siglo XIX quedan subsumidas a prerrogativas del Estado, como el servicio militar obligatorio o los regímenes de reclutamiento de cada país, democratizando la muerte. Esta necesidad de conformar un relato bélico por parte de las potencias industriales y coloniales va a reunir estéticas que brinden un sentido al morir por la Patria, en donde los monumentos y evocaciones son campos de representaciones que se multiplican y aportan identificaciones: honor, cumplimiento del deber, lealtad, construcción de un enemigo, víctimas, caídos, mártires, ideas de justicia, de libertad se prolongan en el marco de los Estados y luego en sus escuelas y a través del entramado institucional.

De manera que estos monumentos sirven para algo más que mantener viva la memoria; aportan identificaciones, simbolizan la supervivencia gracias al sacrificio evocado y requieren de una conducta específica por parte de los observadores. No es la muerte, pero representa un tipo de muerte violenta, provocada por un otro, porque “…el morir es solitario, para matar hacen falta dos” (Koselleck, op cit., p. 68). Siguiendo a este autor, la evocación a los soldados debe cumplir con ciertas características: su funcionalidad creciente y democratizadora, estar dirigido a la sensibilidad política de los observadores supervivientes (con un sentido pedagógico, educando en pos de ideas magnánimas que sirvan de ejemplo a las generaciones futuras, que actualicen su sentido), y que las razones de la muerte coincidan con las razones para recordar. Con respecto a los grupos migrantes en la Argentina de 1880 a 1914, con una alta tasa de masculinidad, las guerras y especialmente la Primera Guerra Mundial impactaron provocando una re-emigración de los varones dentro de la franja económicamente activa y una disminución importante de los flujos hasta la finalización del conflicto. Los gobiernos radicales (1916-1930) iniciaron un debate que apuntaba a pensar políticas de restricción y selección, entornando la puerta. En la década siguiente, el flujo de italianos y españoles a partir de convenios se recuperó, así como también de otras nacionalidades, pero nunca volvió a los volúmenes previos, a la par de que también el modelo económico había cambiado del agroexportador hacia la sustitución de importaciones. En esos contextos algunos grupos pensaron y homenajearon a sus connacionales.

El partido de Junín se encuentra en un lugar clave del norte de la provincia de Buenos Aires, cercano a Santa Fe y Córdoba. Su historia es muy similar a gran parte de los partidos: nace a partir de un fuerte en 1827 y la llegada de un maestro y un juez de paz en 1861 contribuyen a su institucionalidad. En 1864, la ley provincial N°422 establece la primera división territorial, sufriendo diversas alteraciones en la delimitación de su territorio, pero se consolida a partir de la llegada del ferrocarril y sus talleres, ya que sus principales actividades económicas son agrícola-ganaderas.

El monolito italiano (ver Fig. 9) se encuentra al lado de un panteón francés, sobre la parte derecha de la vía central. Está compuesto por una cruz en el frente, con un lazo que rodea el edificio, formando dos moños. En el contrafrente se lee: Gli Italiani di Junin. Ai caduti in guerra. 1918-novembre-1923” (“Los italianos de Junín. A los caídos en la guerra. 1918-Noviembre-1923”). En la placa inferior derecha se observa un casco de la Primera Guerra Mundial rodeado de una corona de laurel sobre un muro que versa: “L´associazione nazionale combattenti e reduci d´Italia nel giorno della sua contituzione in Junin, perpetua nel ricordo i compgni scomparsi. La sezione. ADDI. 24.V.1987” (“La Asociación Nacional de Combatientes y Veteranos de Italia en el día de su constitución en Junín, perpetúa en la memoria a los compañeros desaparecidos. La sección. ADDI. 24.V.1987”)

Figura 9: Monolito en el Cementerio de Junín -Central-, Provincia de Buenos Aires.

 Fuente: Castiglione, 30 de agosto de 2016.

 

La Mutualitá Italiana ex–Combattenti es una institución con sede en Roma, fundada en 1869, anteriormente llamada “Societá Democrática Italiana Reduci dalle Patrie Battaglie”, por 81 migrantes italianos que había luchado con Garibaldi en las guerras del Resurgimiento. El presidente honorario fue Giuseppe Garibaldi y luego su hijo Menotti. Este tipo de organizaciones se remonta a 1829, reuniendo italianos que pertenecieron a la “II Compañía del Batallón de Orden” que luego nutre la “Legión Militar” de 1858 a 1868. De acuerdo a Galli (2009) más de 20.000 italianos e hijos de italianos partieron de Argentina para participar en la Primera Guerra. Los que retornaron, en 1921, compraron un terreno y construyeron el edificio que fue inaugurado el 4 de noviembre de 1924, aniversario de las Fuerzas Armadas en Italia.

En 1930, la asociación se convirtió en mutual para ayudar a todos los ex combatientes, pasando a llamarse “Mutualidad Italiana de ex Combatientes”. En su interior hay un museo santuario con una roca de Monte Grappa enviada por el gobierno italiano, documentos y objetos de todas las guerras en donde participaron y placas con los nombres de los caídos.

La placa inferior izquierda versa: “1986-2002 Asociazioni Ex Combatienti Italiani. Homenaje a Socios fallecidos. Conmemoración 16° Aniversario 04.11.2002”. Combina ambos idiomas y rompe con las cronologías por lustros. Esta, reciente, da cuenta de su actualidad y pertenencia.

La última placa (ver Fig. 9), es un regalo de la colonia británica, enfrentada en la guerra, emplazada el 21 de septiembre, fecha en la que se conmemora la entrada de Garibaldi y la unificación de Italia: “1915-1918 La colonia británica a los italianos caídos en la guerra. Junín. 21 septiembre 1924”.

En ese mismo cementerio, a la entrada, se encuentra un muro en donde hay decenas de placas entre las que se encuentran la “Sociedad Italiana de S.M. (Víctor Manuel) de Agustín Roca[4] a sus fundadores y socios fallecidos en el centenario 9 de septiembre de 1980”, “Soc. Raza Irlandesa de Junín”, “Centro Asturiano Homenaje a los socios fallecidos. Junín 12 de octubre de 1986”, “El Centro Ortodoxo Iglesia San Jorge a sus socios y feligreses fallecidos. 20.6.1982”, “Euskaldunes descansen en paz. Centro Vasco “Gernika´ ko arbola” Junin, 28.7.85”, “Centro Español Homenaje a los socios fallecidos Junín 12 de octubre de 1986”, “Homenaje a los socios fallecidos de nuestra sociedad en el 1° Centenario 1881-1981. Sociedad Italia Unida, 20.9.1981, Junín Bs. As.”

En este espacio se conmemoran a través de la convocatoria que cada asociación realiza, dejando un ramo de flores y una eventual reunión posterior en la asociación.

Un caso similar se encuentra en Brandsen, en un panteón fundado en 1991 de líneas modernas y ascéticas. Comparte con el anterior la figura del casco y la estrella, emblema de Italia, que versa “AI CADUTI PER LA PATRIA” (ver Fig. 10).

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Figura 10: Cementerio de Brandsen, Provincia de Buenos Aires. Panteón de los italianos.

 Fuente: Castiglione, 6 de diciembre de 2015.

 

Otro ejemplo se observa al norte de la provincia de Buenos Aires, en San Nicolás de los Arroyos, que es una ciudad histórica por la firma del pacto que dará lugar a la proclamación de la Constitución Nacional en 1853. Se encuentra en un lugar clave ya que fue el punto de unión en épocas coloniales entre Buenos Aires y el interior. Su cementerio fue uno de los primeros oficiales fundado por Juan Manuel de Rosas en 1830. Cuenta con un panteón español, uno francés y el italiano, todos monumentales y reformados sobre la base del viejo. En el italiano, se recuperaron decenas de placas del previo, todas de importantes dimensiones, ubicadas a ambos lados de la puerta principal, entre la que se destaca una que versa: “Homenaje a los hermanos que lucharon y cayeron en el suelo de Libia y en el Mar Egeo por la grandeza de Italia renovando las glorias de Roma. Los italianos de San Nicolás-Diciembre de 1912” (ver Fig. 11).

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Figura 11: Cementerio de San Nicolás de los Arroyos-Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Castiglione, 31de junio de 2015.

 

La placa de mármol, marca la relación que desde esta asociación quiere establecer en la memoria de los miembros y la guerra ítalo turca, también conocida como la Guerra de Libia entre el Imperio Otomano y el Reino de Italia entre 1911 y 1912, con evocaciones y remembranzas que dan cuenta de los siglos de historia sobre la que eligen identificarse: Imperio Romano.

En el siguiente panteón francés de la ciudad de Rosario, del Cementerio de La Piedad, la “Societé Franҫaise de Secours Mutuels”, fundada en 1863, se re inaugura este edificio el 14 de julio de 1973. Como se puede observar (ver Fig. 12) es una composición conformada por cuatro partes en su frente. La figura superior es la alegoría de la República, flanqueada por dos hombres con trompetas (que simbolizan la fama) y una palma (que representa la victoria o el martirio) que toman en sus manos y la segunda es el nombre de la asociación, incompleto, escrito en francés.

La primera placa, la de la izquierda es una lista de trece nombres en orden alfabético, sin título ni aclaración y la de la derecha, que versa: “Ceux qui pieusement, sont morte pour la Patrie. Ont droit qu´a leur cercueil la foule vienne et prie. Entre les plus beaux noms leur nom est le plus beau. Toute gloire prés d´eux passe et tombe éphemére; et comme ferait une mére, la voix d´un peuple entier les berce en leur tombeau”, (“Los que con devoción murieron por la Patria. La multitud tiene derecho a visitar su tumba y rezar. Toda gloria cerca de ellos pasa y se torna efímera, y como una madre, la voz de todo un pueblo los acuna en su tumba”).

En la parte superior se observa el dibujo de una ola de mar, estilo art decó.

 

Imagen que contiene edificio, exterior, viejo, frente

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Figura 12: Cementerio de La Piedad. Ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe.

Fuente: Castiglione, 28 de junio de 2018.

 

Contrasta la especificidad del mensaje asociativo, hermético en la placa de la izquierda, pero poético en la de la derecha, con la escasa ornamentación del edificio que es un rectángulo blanco descuidado en su mantenimiento.

Las comunidades francesas han sido prolíficas en su homenaje a los soldados que participaron en las distintas guerras. Por lo general evocado con el Arco del Triunfo en distintos materiales y dimensiones. En Córdoba, en el Cementerio San Gerónimo, en el interior del panteón de la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos se encuentra la siguiente placa de piedra blanca sobre una superficie de mármol gris, en francés que versa: “Aux braves tombes pour la Patrie 1914-1918. La colonie franҫaise- Córdoba- 14 Juillet-1921” “A los valientes. Tumbas para la Patria” (ver Fig. 13).

Imagen que contiene edificio, viejo, pequeño, hecho de madera

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Figura 13: Cementerio de San Gerónimo. Provincia de Córdoba. Fuente: Castiglione, 2 de octubre de 2015.

 

La misma fue encargada por la autodenominada colonia francesa de Córdoba y descubierta en la fecha patriótica del 14 de julio, tres años después de culminada la Gran Guerra. Se encuentra formada por dos columnas jónicas a los lados, decoradas con fasces consulares o lictores que suelen representar la unidad republicana. En la parte superior se ubica la alegoría de la República de perfil, rodeada por un marco de laureles[5]. En la parte inferior, también rodeada por laureles se encuentran las letras RF (República Francesa), con dos banderas, sin identificación. En su interior también tiene placas que dan cuenta de la ampliación en 1981.

La comunidad británica, en 1898 a partir del asentamiento de en la zona sur por las obras que llevaba a cabo con el tendido de vías y el ferrocarril, funda el Cementerio de Santa Catalina, que luego se formaliza en la Asociación Cementerio de Disidentes de Lomas de Zamora, hoy partido del conurbano de la Ciudad de Buenos Aires. Conserva los rasgos estéticos de los cementerios anglosajones en donde predomina la organización de las tumbas dispuestas en forma horizontal, sin panteones, más relacionadas con la tierra, las piedras, la vegetación y los senderos de árboles.

Allí en una lápida deteriorada en la parte superior e inferior que se encuentra apoyada en el césped se lee: “In proud and (ilegible) Norman Boyer. Major the royal Warwickshire Regt. Born Temperley (Nov. 20th. 1907) Killed in action (Nov. 20th.1941) Condar. Abyssinia. “Such save the world” (ilegible).

El Royal Warwickshire Regiment se fundó en 1685, antes llamado 6° Regimiento de Foot, sirviendo en conflictos y guerras como la Segunda Guerra Bóer (1899-1902) y la Primera (1914-1918) y Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Si bien argentino, nacido en Témperley, una localidad de Lomas de Zamora, fue como voluntario y formó parte de la armada británica en la que este regimiento de infantería tiene batallones regulares, de milicias, de territorio y de voluntarios (www.army.mod.uk). Su muerte a los 34 años se produjo, sin más detalles, en Abisinia, antigua denominación de un reino africano que abarcaba lo que hoy es Etiopía y Eritrea, y sus restos fueron repatriados. Sus datos se completan a partir del archivo que compiló la comunidad británica en la Argentina, que toma los datos de los libros eclesiales en donde se cuenta que su bautismo se realizó en 1908 en la Iglesia de Santa Trinidad de Lomas de Zamora; sus padrinos fueron sus tíos y en la parte de profesión del padre decía: hijo de un railway oficial (www.argbrit.org) (ver Fig. 14).

 

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Figura 14: Cementerio de Disidentes de Lomas de Zamora. Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Castiglione, 9 de mayo de 2015.

 

En el caso de los cementerios judíos, hemos encontrado numerosos espacios destinados a homenajear distintas tragedias históricas. En el cementerio comunitario de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), también llamado “La Tablada”, el más flexible a ser visitado, se marcan en el plano la ubicación y la denominación de los homenajes para todo el público, ya que a menudo se encuentran escrito en hebreo: el monumento en recordación a los caídos por la defensa del Estado de Israel, a las víctimas del atentado a la Embajada de Israel y de la sede AMIA, a las víctimas de la última dictadura militar y a las víctimas del Holocausto con un sector asignado a los sobrevivientes. Nos focalizaremos en estos últimos.

Es necesario aclarar que la tradición funeraria judía impide la remoción del cuerpo; por ese motivo, una de las principales funciones de la AMIA es conseguir terrenos para el entierro de sus socios, razón por la cual tiene otros cementerios en Berazategui y Liniers, también en el conurbano bonaerense.  La Tablada es una de las necrópolis más importantes a nivel simbólico y de referencia, contando además con cenizas, piedras y un fragmento de las vías que iban a Auschwitz-Treblinka-Maidanek, que culmina con una escultura de metal de Mónica Chámes llamada “Por donde pasó el silencio”. Aquí se cumple con la necesidad de marcar y diferenciar hitos fundamentales de la historia reciente, de democratizar la muerte sin distinción y del posicionamiento como mártires y víctimas, otorgándoles un sentido a la supervivencia y de identificación.

En otras placas que hemos seleccionado, se combinan partes en hebreo y en español y los de Polonia le suman latín (ver. Fig. 15), dirigido para propios y ajenos. Estas organizaciones distintas optaron por conmemorar “los mártires judíos” uno de manera general y otros a los de un lugar en particular (ver Fig. 16).

 

Imagen que contiene edificio, viejo, ladrillo, medidor

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Figura 15: Cementerio de La Tablada. Provincia de Buenos Aires. Fuente: Castiglione, 30 de agosto de 2015.

Imagen que contiene edificio, firmar, tabla, restaurante

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Figura 16: Cementerio de La Tablada. Provincia de Buenos Aires. Fuente: Castiglione, 30 de agosto de 2015.

 

Asimismo, ambos usaron la figura de las tablas y la primera con cinco estrellas de David y un espacio a los costados para dejar piedras, una de las principales tradiciones en los cementerios judíos[6].

 

El impresionante monumento a las víctimas de la Shoá, de piedra blanca y una franja negra que lo circunda, posee una puerta de vidrio en donde se puede observar un recipiente con cenizas que se transportaron desde el campo de concentración (ver Fig. 17). La piedra en el frente insta a una acción para quien lee: “elevemos una plegaria”, que ayudará en el descanso de los hermanos, sin distinción, cumpliendo con lo que Koselleck señalaba, dando cuenta que el monumento invita a una contrición y un impacto para los que lo contemplan.

Imagen que contiene exterior, edificio, banqueta, reloj

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Figura 17: Monumento - Cementerio de La Tablada. Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Castiglione, 30 de agosto de 2015.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES

Este recorrido es un adelanto de la investigación que estamos llevando a cabo; no agota las posibilidades de interpretación ni la pretensión de acercamiento temático planteado al principio del trabajo. Asimismo, la evocación expuesta en el cementerio es sólo una parte de lo que una asociación puede producir como parte de su construcción identitaria a través de los objetos, las actuaciones y las imágenes. Tomando las preguntas de Koselleck ¿Quién debe ser recordado?, ¿Qué se debe recordar?, ¿Cómo hay que recordar?, lo observado manifiesta un recorte con respecto a las cuestiones evocadas y son las ASM quienes median y pueden llevar a cabo ese homenaje en el espacio público o en un epitafio particular, cobrando mayor relevancia si es dentro de un cementerio comunitario, con visitantes y amigos víctimas de las guerras y sus horrores. Estas prendas recordatorias activan la memoria, pero al mismo tiempo cobran un simbolismo político, grupal, asociativo y familiar, construyendo una red de sentido actualizada a través de hitos, fechas y evocaciones de diarios, boletines, páginas web y redes sociales. Además, poseen una función pedagógica aprobada por la sociedad de destino.

Con respecto a los pioneros, si bien no muy numerosas ni disruptivas, se recuerda a hombres (ni mujeres ni niños), sin grandes definiciones temporales ni eventos específicos. La construcción fundadores y socios fallecidos estaría relatando un primer momento y otro de institucionalización. Por otro lado, la diferencia establecida por los italianos en los textos dedicados a “sus fundadores, directivos y socios fallecidos” marca un contraste de jerarquía y de tiempos. “Difuntos precursores” evidencia una solemnidad que rompe y refuerza la idea o establece una distinción al concepto de “socios fallecidos” encontrada en la misma placa.

Sólo los vascos trazan una diferencia con alguna marca identitaria (boina y montañas) del amplio abanico de posibilidades simbólicas ofrecida por su historia antigua y actual.

Con respecto a las evocaciones de la guerra, estos homenajes distan de la monumentalidad de los caídos que hay en el “Panteón francés”, el nombre de los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial en el Cementerio Alemán, ambos de la Ciudad de México, la lista de “The Royal British Legion (Sao Pablo Branch) del Cemiterio dos Protestantes, el bellísimo monumento de la Asociación Francesa de Montevideo a los “Morts pour la France 1914-1919” o el “Lugar conmemorativo para los caídos del Crucero de Batalla Admiral Graf Spee, diciembre 1939” en el Cementerio del Norte del Uruguay, que hemos observado y que contribuyen a una comparación, pero excede los objetivos del presente trabajo. Aquí, los italianos y franceses hacen especial hincapié desde lo temático y lo simbólico a la Gran Guerra y a otra más particular como la de Libia, y el epitafio inglés a un descendiente en una batalla específica en suelo africano. No se observan de otros países. Sobre la Segunda Guerra hay una ausencia de evocaciones con la excepción del cementerio judío, en donde de manera puntual y desde grupos separados (polacos, húngaros) y conjuntos homenajean a las víctimas, unificando narrativas a través de objetos o “prendas recordatorias” que median entre el pasado y el presente autenticándolo, activando los sentidos e invitando a prácticas específicas (gestos de horror, oración, contrición, silencio, respeto).

De manera que estos objetos posicionados en los cementerios a través de actos y prácticas específicas, son también corporizaciones de la memoria que condensan eventos, trayectorias y muertes que, para ese grupo en ese momento, deben ser trascendidas aún en la distancia temporal o física para contribuir al entramado institucional oficial. No hay disrupciones, ni voces disonantes, ni historias que no coincidan con el discurso de lo políticamente instituido y consensuado. Queda para el futuro estudiar si desde las otras temáticas se recortan diferencias y rasgos diferenciadores que pongan en juego esta perspectiva.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Biernat, C. (2004). Las políticas migratorias del primer peronismo: la tensión entre los enunciados, los conflictos institucionales y las prácticas administrativas. Prohistoria, IX(9), 44-66.

Bourdieu, P. (1979). Los Tres Estados del Capital Cultural. Sociológica, 5, 11-27.

Bakewell, O.; de Haas, H. and Kubal, A. (2012). Migration Systems, Pioneer Migrants and the Role of Agency.  Journal of Critical Realism, 11(4), 413-437.

Bryce, B. (2018). To belong in Buenos Aires. Germans, argentines, and the rise of a pluralist society. California: Stanford University Press.

Bjerg, M. (2010). Historias de la migración en Argentina. Buenos Aires: EDHASA.

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Castiglione, C. (2016 a). Las huellas de la migración italiana en Argentina a través de sus panteones. Navegar Revista do Laboratório de Estudos de Inmigração (LABIMI-UERJ), 1(2), 144-170.

Castiglione, C. (2016 b). Morir en comunidad. La historia del panteón de la Asociación Española de Socorros Mutuos de Belgrano. Revista de Estudios Migratorios Latinoamericanos, 30(80), 111-136. 

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NOTAS



1 Las Asociaciones de Socorros Mutuos son organizaciones que se conforman desde mediados de 1850, que con el pago de una pequeña cuota proporcionaba servicio médico, ofrecía un descuento en boticarias y una serie de beneficios y servicios que se iba ampliando a medida que se formalizaba y ampliaba el plantel de socios, en muchos casos robusteciendo identidades y habilitando espacios de información y encuentro.

2 Desde nuestra perspectiva metodológica no estudiamos los tipos de muerte (natural, violenta o indeterminada).

3 Para ejemplificar: de los 4 millones de habitantes en 1895, 3 millones eran argentinos. El resto, 1.059.964 eran extranjeros, de los cuáles el 46,5% eran italianos y 1,6% alemanes. En el censo siguiente, en 1914, la población había crecido a casi 8 millones y la población extranjera llega a su pico máximo con el 29,9% sobre la población total. Ese porcentaje estaba conformado, en su mayoría, por los italianos (39%), los españoles (35%) y los alemanes el 1,1% (Bryce, 2018, p. 16).

4 Localidad del partido.

5 Agradezco a los evaluadores sus aportes para el análisis simbólico, ya que casi ningún símbolo tiene un solo significado como generosamente han expresado.

6 El origen de esta tradición es muy antigua: algunos estudiosos consideran que nació como una advertencia a los kohanim (sacerdotes judíos), que al acercarse a menos de cuatro pies de un cadáver se volvían ritualmente impuros, de manera que las piedras eran una advertencia; otros señalan que en El Talmud se explicita que es una forma de atar el alma al mundo y que ofrece un consuelo, y en otra parte que evita que los demonios y golems puedan entrar; y otros que resultan más duraderos que las flores o bien que es bello elegir piedras de un lugar significativo para el difunto o de un evento en donde se lo extrañó y recordó.

 

 

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