Con mucha satisfacción y agrado presentamos el vol


Cita recomendada: Mollo, N. Rastrilladas indígenas en el sur de Córdoba.

Revista TEFROS, Vol. 16, N° 2, julio-diciembre 2018: 51-84.



Rastrilladas indígenas en el sur de Córdoba


Indigenous trails in the south of Córdoba


Norberto Mollo

Asociación Amigos del Museo y Archivo Histórico de Rufino, Argentina


Fecha de presentación: 22 de febrero de 2018

Fecha de aceptación: 24 de junio de 2018


RESUMEN

Las rastrilladas fueron las primeras vías de comunicación que utilizaron los pueblos originarios en el área pampeana. Las mismas eran utilizadas para comerciar con los euroamericanos, o también para organizar malones contra sus poblaciones y haciendas. Grandes manadas de vacunos eran arreadas por las rastrilladas, rumbo al sur, con destino a Chile, constituyendo ésta la principal actividad comercial de ranqueles y pehuenches. También transitarían por ellas, en sentido contrario, españoles y luego criollos, realizando entradas punitivas con el propósito de diezmar a los indígenas, o también por ellas surcarían desertores y militares unitarios que se asilarían en los toldos. La frontera sur de Córdoba formaba parte de una red de caminos, que abarcaba toda el área pampeana. Las rastrilladas principales tenían un marcado rumbo N-S, y se dirigían desde el río Cuarto hacia "tierra adentro", especialmente al Mamüll Mapu. Tres grandes vías de comunicación indígena surcaron el sur cordobés: la del Cuero, del Sauce y de las Tunas. Asimismo, existieron otras rastrilladas secundarias que relacionaban entre si las anteriores. El objetivo principal de este trabajo estriba en la ubicación de las rastrilladas en el actual territorio del sur de Córdoba, tratando de localizar los sitios de paso y sus itinerarios, representándolos en la cartografía de hoy.

Palabras clave: rastrilladas; frontera; ranquel; cartografía.


ABSTRACT

The indigenous trails were the first communication channels adopted by the original peoples in the Pampean area. They were used in order to trade with Euro-Americans, or to organize Indian raids against their populations and estates. Large herds of cattle were herded by indigenous trails heading south, bound for Chile, being this the main commercial activity for the Ranquel and Pehuenche tribes. In the opposite direction, Spaniards and then Creoles would travel through them, thus making punitive entries for the purpose of decimating the Indians. Deserters and unitary soldiers would also go through them, thus taking refuge in the huts. The southern border of Córdoba was part of a road network that covered the entire Pampean area. The main indigenous trails had a marked N-S course, and they headed from the river Cuarto towards "inland", particularly to Mamüll Mapu. Three great indigenous communication trails crossed the Cordovan south: Cuero, Sauce and Las Tunas. There were also other secondary trails that related these three. The main objective of this work is the location of the indigenous trails in the current territory of southern Córdoba, trying to locate the transit sites and their itineraries, and representing them in today's cartography.

Keywords: indigenous trails; border; Ranquel; cartography.


INTRODUCCIÓN

Desde el inicio de la conquista española y por más de dos siglos, el conocido actualmente como "Sur de Córdoba" permaneció bajo el dominio indígena. Efectivamente, el río Cuarto señalaba la frontera interétnica durante ese largo período. Por lo cual dicho espacio geográfico formaba parte de la soberanía territorial indígena, aunque solo en el extremo sur del mismo existieron algunas tolderías ranqueles permanentes. La mayor parte de éste era una zona transicional, donde era frecuente la presencia de pequeños grupos indígenas en tareas de caza, comercio y traslado de animales. Asimismo, algunas partidas militares merodeaban ocasionalmente en el área, también con el objeto de caza y vigilancia.

El vasto territorio ancestral de los indígenas estaba surcado por infinidad de sendas o caminos, que comunicaban los centros neurálgicos del imperio ranquelino, como lo fueron Marivil, Poitahué y Leuvucó, con las regiones más periféricas y con las fronteras con el euroamericano. La región pampeana estaba atravesada por una verdadera red vial indígena, destacándose rastrilladas principales y otras secundarias. Entre las primeras sobresalieron la de las Pulgas, del Cuero, del Sauce, de las Tunas, de Loreto, de Hinojo, de Trenel, de las Víboras y la de los Chilenos, entre tantas otras.

Abordaremos en principio el concepto y las implicancias del término "rastrillada", para más adelante adentrarnos en la descripción de las principales dentro del actual territorio del sur cordobés.

Como el objetivo primordial de este trabajo es la ubicación de dichos caminos indígenas en la geografía de hoy, es que apelamos a toda la cartografía existente de la región, como así también a los planos de mensuras que se conservan en la Dirección de Catastro de Córdoba, que contienen detallada información. Todos esos datos incluidos en una gran variedad de mapas y planos, fueron trasladados a las cartas topográficas del Instituto Geográfico Nacional (IGN), cotejándose asimismo con imágenes satelitales, lo que permitió tener una idea bastante exacta de la ubicación de estos caminos.

Por otra parte, recurrimos a las descripciones que hicieran quienes las transitaron, como Diego de las Casas, Luis de la Cruz, Lucio V. Mansilla, los sacerdotes Marcos Donati y Moisés Álvarez, Manuel Olascoaga y Estanislao Zeballos, entre otros.


LAS RASTRILLADAS

El término "rastrillada" encierra en un criterio amplio la denominación de aquellas originarias vías de comunicación, que guardando afinidad con los nombres de "sendas", "huellas", "caminos" o "carriles", fueron utilizados indistintamente. En el idioma ranquel al término se lo menciona como "rüpü". Las rastrilladas eran utilizadas por los indígenas para comerciar con los criollos, o también para organizar malones hacia las fronteras. Adquirieron sus rasgos más notables, como extensión y profundidad, luego que enormes manadas de vacunos fueran trasladadas por las mismas, con motivo del circuito comercial establecido entre las Pampas y el sur de Chile. Pero no sólo se utilizaron con esos propósitos, sino que también se atreverían a transitar por ellas militares españoles y criollos, con el fin de amedrentar a los indígenas. También algunos criollos desertores y unitarios perseguidos, se adentrarían por las rastrilladas hacia los toldos, donde se asilarían. En tiempos de paz, las rastrilladas eran recorridas por numerosos grupos de indios que iban a comerciar sus productos a las fronteras, como asimismo por caciques y capitanejos que se trasladaban a los centros urbanos, con el objeto de firmar algún tratado y en busca de las raciones acordadas. Algunas rastrilladas conducían a sitios ceremoniales.

Al respecto Rafael Curtoni ofrece interesantes precisiones acerca de este concepto:


Se considera a las rastrilladas como expresiones vinculadas a comportamientos sociales, políticos y económicos conformando una evidencia arqueológica regional. En algunos sectores del paisaje que no han sido antrópicamente impactados en tiempos recientes, como las reservas de bosques de caldén, aún son visibles. Se estima que estas huellas se formaron primero por el constante y diario uso de los grupos humanos y más tarde por el tráfico de animales, consolidado hacia mediados del siglo XVIII, lo cual fue generando grandes surcos en la tierra (Díaz Zorita 1979; Mandrini 1984, 1994; Palermo 1986). Estos caminos presentan diferencias en ancho y profundidad como también en la longitud de las conexiones que expresan. De esa forma, algunos caminos se clasificaron por su importancia en principales y otros en secundarios (Díaz Zorita 1979). Los primeros atraviesan territorios de distintos grupos y se caracterizan por conectar grandes distancias; los segundos vinculan diferentes espacios y asentamientos al interior de un mismo territorio implicando una menor escala de las conexiones. (Curtoni. 2007, pp. 66-67)


Una descripción magistral de las rastrilladas la realiza Lucio V. Mansilla, quien en su célebre viaje a las tolderías ranquelinas nos dice:


Una rastrillada, son los surcos paralelos y tortuosos que con sus constantes idas y venidas han dejado los indios en los campos. Estos surcos, parecidos á la huella que hace una carreta la primera vez que cruza por un terreno vírjen, suelen ser profundos y constituyen un verdadero camino ancho y sólido. En plena Pampa no hay mas caminos. Apartarse de ellos un palmo, salirse de la senda, es muchas veces un peligro real; porque no es difícil que ahí mismo, al lado de la rastrillada, haya un guadal en el que se entierren caballo y jinete enteros. (Mansilla, 1877, pp. 23-24)


Esta representación de esos primitivos caminos, quedó plasmada en dichos y proverbios populares utilizados por entonces, como el que señala: "…como indio fuera de la rastrillada" (Moya, 1944, p. 380), en alusión a lo incierto y riesgoso que era transitar fuera de estas sendas.

Diversas son las definiciones del término "rastrillada", apuntadas por varios autores: Así Zeballos (1878) sostiene: "Rastrillada se llama á los caminos que se forman por el continuo tránsito de hacienda y aun á las señales que deja en pos de sí todo arreo ó cabalgata" (p. 248).


Las haciendas arreadas lentamente por los indios han trillado estas huellas y dejado el hondo rastro que marcan las sendas: de ahi deriva el nombre de rastrilladas y han sido innumerables los ganados robados por los indios que durante dos siglos las han recorrido, porque algunas sendas miden cerca de un metro de hondura, como si la tierra hubiera sido labrada por la rueda de pesadas y chilladoras carretas. (Zeballos, 1881, pp. 139-140)


...se forma de numerosas sendas que se acercan y se apartan, se juntan y se cruzan, culebreando siempre al pié de los médanos en una interminable cañada ó lecho, como si un haz de colosales serpientes oprimieran en giros caprichosos la base de los montículos de arena. (ibid., p. 140)


...red de caminos carriles, formados al cabo de los siglos, por las innumerables carabanas de indios y arreos de ganado, que los han trillado sin cesar. Estos caminos tienen jornadas precisas, es decir, de aguada á aguada. De trecho en trecho ofrecen sus travesías, ó sea zonas intermediarias de terreno árido, donde no se encuentra agua y que es necesario salvar á marchas forzadas, haciendo provisiones en las fuentes linderas. (Zeballos, 1878, p. 272)


Los que recorriamos hace meses la Pampa, y al penetrar en las regiones más lejanas y mediterráneas, creiamos, talvez bajo la influencia de una idea exagerada, que hallábamos un suelo donde apénas se encontrarian rastros irregulares y vagos del indio en sus fugitivas correrías, — esperimentábamos no pequeña sorpresa al ver por todas partes verdaderas carreteras que por las innumerables sendas que las forman y los despojos de animales, demuestran un tráfico contínuo desde fecha remota. Ibase á cada instante de nuestra mente la idea de marchar sobre campos recien descubiertos á la civilizacion, y nos parecia encontramos en pleno carril de Buenos Aires á Lujan ó del Rosario á Córdoba. El piso retraqueado, duro, sendas hondas á dos piés de distancia unas de otras, ocupando entrelazadas y paralelamente una estension de dos millas; los huesos en descomposicion de distintas fechas, todo indicando el tráfico constante desde siglos atrás hasta el presente, de millones de hombres y animales. No son esos grandes carriles la huella de reducidas tribus nómades que han cruzado cuatro ó seis veces por año con ocasion de sus merodeos. Son todo una vialidad entre grandes centros comerciales; son las verdaderas arterias de comunicacion por donde va la vida, la riqueza y el progreso de unos pueblos á otros. (Olascoaga, 1881, pp. 97-98)


Podemos entonces afirmar que se entiende por "rastrillada" a la huella o senda ancha, y de cierta profundidad, formada a través de la llanura pampeana, por el tránsito continuo de parcialidades indígenas y los arreos producto del malón y por el paso de fuerzas militares con sus cabalgaduras, ganado y equipamiento.

Las rastrilladas indígenas tienen su origen con el arribo de los primeros seres humanos a las pampas. En sus expediciones de caza y de traslado iban dejando delgadas marcas en el terreno, que no perduraban mucho tiempo. La llegada del español a América, y con él el noble caballo, habría de modificar sustancialmente las posibilidades de movimiento permitiendo recorrer grandes distancias ahorrando tiempo y esfuerzo. Los incipientes caminos irían cambiando su fisonomía, ya que las huellas dejadas por caballos, vacas y otros animales, serían más notorias por su anchura y profundidad que las hechas por el tránsito de los indígenas. La introducción de los primeros caballos al territorio nacional data del año 1536, con motivo de la expedición de Pedro de Mendoza. La historia nos relata que fueron desembarcados vacas, toros, caballos y yeguas, cabras, ovejas y perros. Estos animales encontraron en las ricas pasturas de la Pampa campo propicio para su reproducción, dando lugar a las legendarias caballadas salvajes que en pocos años más se desplegarían por todo su territorio, integrándose naturalmente como parte del paisaje cotidiano. No pasaría mucho tiempo, hacia el siglo XVII, en que llegaría a manos de los indios quienes valorarían la tremenda importancia que como medio de locomoción habría de tener, a fin de salvar rápidamente las agrestes condiciones que la vida en la Pampa de entonces imponía. La adopción de los baguales -nombre aplicado al caballo o yegua salvaje- lo convertiría en un eximio jinete que compartiría con su equino las correrías por las pampas, estableciéndose un vínculo con el animal, que hacía al cuidado e incluso su adiestramiento -haciéndolos correr sobre médanos, pantanos, guadales-, para sortear con éxito las dificultades propias de las incursiones. La preparación tan cuidadosa del noble animal le confería una fortaleza y resistencia física que lo diferenciaba de sus cabalgaduras pares del ejército y que tantas veces se pusiera en evidencia en los entreveros con las fuerzas militares. El hábito de vida del indígena se modificó no sólo en facilitar su traslado sino también en su aspecto alimenticio, ya que ingerían la carne, las entrañas y la sangre de estos animales. Además, utilizaban los cueros para darle formas a los toldos y confeccionar sus conocidas botas de potro.

Miles de cabezas de ganado surcaban el corazón de la Pampa, dejando tras su paso innegables señales que marcaban en el suelo el derrotero seguido, y que sería transitado una y otra vez producto de numerosos arreos. Cuando el expedicionario chileno Luis de la Cruz, transita por la Pampa siguiendo una rastrillada, en su épico viaje de 1806 desde Fuerte Ballenar hasta Melincué, describe la gran cantidad de ganado caballar por esas latitudes, muchos de ellos marcados, lo que ponía en evidencia que eran producto del robo en establecimientos de la frontera. Destaca muy bien el intenso comercio que, con el ganado de todo tipo así obtenido, practicaban los ranqueles con las demás naciones de indios. Como producto de dicho tráfico se demarcaron más notablemente las antiguas rastrilladas:


Los Llanistas Guilliches, los Pehuenches, y demas Naciones tienen con estos Yndios de Mamilmapu un Comercio muy basto de animales, y para mantenerlo roban hasta donde pueden. Nuestros montañeses y ultramontanos tienen Caminos y alojamientos que designan las grandes cantidades, que condusen y desde que sali de la cordillera hasta este sitio pueden contarse muy pocas quadras en que no hay osamientas de animales muertos, que como maltratados, y cansados los abandonan para que perescan. La guella que hay desde Mamilmapú hasta el anterior alojamiento no la abriria entre el pasto tupido de coyron de que abundan estos Campos un continuo exercicio de carros y de aqui pueden inferirse, que parcialidad de animales no conducirán. (ANHCH, Diario de Viaje de Luis de la Cruz, folios 154-154v)


Las rastrilladas principales recorrían centenares de kilómetros, teniendo en general un ancho superior a los 50 metros, conectando puntos distantes. Debido al constante tráfico de personas y ganado, fueron haciéndose más profundas, llegando a estar su centro hasta 2 metros más abajo que los bordes. En tanto que las secundarias tenían de 4 a 15 metros de ancho y transitaban distancias más reducidas, dentro del área de influencia de un cacicato. La profundidad de estas rastrilladas generalmente no superaba el metro. En varios casos de rastrilladas que aún son visibles, se observan estas características (ver Fig. 1).

















Figura 1: Aspecto actual de una rastrillada ubicada al norte de Santa Rosa (La Pampa).


En otros casos las rastrilladas se han ido rellenando de sedimentos, quedando totalmente aplanadas y, por lo tanto, dejan de visibilizarse. Sin embargo, un curioso hecho permite detectarlas (ver Fig. 2):


La rastrillada de las Pulgas era escenario, como ya lo mencionamos, del trajinar de miles de cabezas de ganado, las que en cercanías del río Quinto se alimentaban de los pastizales, incluidas las chauchas del caldén. Al ser trasladadas hacia el sur iban sembrando caldenes a través de sus deyecciones. Con el paso del tiempo, estos caldenes crecieron dentro de la rastrillada, y la erosión eólica fue sepultando parte de sus troncos. En las áreas de explotación ganadera aun hoy pueden observarse estas líneas de caldenes, ordenadas siguiendo un patrón, que coinciden con el derrotero que seguía la rastrillada de las Pulgas, el que se puede corroborar por la cartografía antigua de la Dirección de Catastro de San Luis. En las zonas de manejo agrícola, los árboles han desaparecido y, en esos lugares, el “Camino de los caldenes” se ve interrumpido. Tanto las imágenes satelitales actuales, como los mosaicos de fotografías aéreas de hace más de medio siglo, verifican la existencia de los caldenes en línea, señalando la posición exacta que seguía la antigua rastrillada de las Pulgas. (D'Hiriart y Mollo, 2018, p. 202)





Figura 2: imagen satelital Bing donde se observa el curso de la rastrillada de las Pulgas, señalado por los caldenes en hilera, que crecieron dentro de la rastrillada, hacia el sur de la laguna Los Bajos Hondos, en la Provincia de San Luis.


La dirección y el curso de las rastrilladas obedecieron a cuestiones geomorfológicas y biogeográficas, como la presencia de médanos, lagunas, arroyos, jagüeles, existencia de buenos pastos, bosques, entre otros aspectos que posibilitaran el abastecimiento de los indígenas y el ganado. Sin embargo, ésta no es la única cuestión a tener en cuenta, sino que existen otras variables, como por ejemplo las creencias y supersticiones propias de la etnia, que en ocasiones hacían desviar el curso del camino para evitar pasar por un lugar, al que consideraban "engualichado".


También algunos lugares fueron conceptualizados como residencias de espíritus malignos o “engualichados” y posiblemente hayan sido evitados en las trayectorias del tránsito. Estas acciones hacia espacios connotados como peligrosos ha sido registrada por Falkner y Cardiel durante el siglo XVIII para la región pampeana al mencionar que los indígenas evitaban en sus viajes un gran desierto de arenas denominado “Huecuvú Mapu” o país del diablo, donde era probable morir en caso de tormentas de viento (Politis 1984; González Coll 2004). Para la región norpatagónica se han registrado algunos sectores que, de acuerdo a las valoraciones asignadas por los indígenas, pudieron haber provocado rechazos o aversiones al lugar (topofobia, sensu Tuan 1974). De esta forma, Musters relata que “además del gualichu hay muchos otros demonios que, según suponen los indios, habitan en viviendas subterráneas, debajo de ciertos bosques y ríos, y de ciertas rocas de forma particular” (Musters 1964: 255). En este sentido, en el área de estudio algunos sectores del paisaje, como los grandes bosques de caldén, solían ser evitados por los grupos indígenas porque los consideraban lugares peligrosos. (Curtoni, 2007, p. 78)


Asimismo, existieron otros sitios que funcionaron como "de repulsión", en el caso de enterratorios humanos, o de "atracción" como lugares sagrados o donde se realizaban curaciones. Es evidente que la jerarquía otorgada a cada espacio es el resultado de una creación social de la etnia, presentando una heterogeneidad marcada.

Por otro lado, la disposición radial (partiendo de un centro hacia la periferia) de las rastrilladas, obedeció a cuestiones de organización territorial, que tienen que ver con aspectos geopolíticos y de seguridad de los cacicatos. Rafael Curtoni, en su formidable trabajo sobre rastrilladas, nos lo cuenta en detalle:


los cacicatos Rankülches desarrollaron una organización socio-política liderada por diferentes jefes o “caciques”, cada uno de los cuales poseía un territorio particular (Fernández Garay 1997; Bechis 1998; Hux 1998). Esta organización socio-política pudo haberse expresado, al menos para el área aquí considerada, en la forma de ocupar el espacio. Es decir, algunas parcialidades pudieron generar formas particulares de uso del paisaje vinculadas con una distribución circular de los asentamientos. Este esquema ideal prevé diferentes círculos de ocupación ubicándose en el centro de cada radio los caciques de mayor poder y diseminados de manera concéntrica (centrífuga) hacia afuera, numerosos asentamientos de caciques menores y capitanejos. Estos emplazamientos tenían por función, entre otras, avisar a los caciques cuando alguien ingresaba en ese “círculo protegido” y para ello utilizaban senderos y caminos secundarios. De esta manera se aseguraba la protección del centro en base a un sistema de circulación de la información desde el exterior hacia el interior y viceversa. El acceso y manejo de la información dependía de la buena organización del cacicazgo. Los ‘datos’ circulaban en diferentes escalas y se centralizaban en la autoridad del cacique y cuanta mayor información se poseía, mayor era el liderazgo y poderío de la parcialidad (Bechis 1989). En este esquema, la distancia espacial de los asentamientos con respecto al centro está en relación con una estructura jerárquica, donde los capitanejos de menor poder y prestigio se ubican en los círculos concéntricos periféricos, más alejados. Una de las expectativas que se puede generar a partir de lo anterior, es que el sistema de caminos perteneciente a un lugar central o cacique principal será concordante con un esquema radial, es decir, varias rastrilladas saliendo desde el centro de manera concéntrica. Esta idea se fundamenta en la premisa que los caciques de mayor poder son los que controlan y concentran la circulación de información, bienes y recursos (Mandrini 1984; Bechis 1989). (Curtoni, 2007, pp. 79-80)


Un ejemplo de lo anterior es el caso del cacicato ranquel de Leuvucó, que tenía los llamados "indios de la orilla" en el actual sur cordobés, en la zona de El Cuero.

Las rastrilladas constituyeron una manifestación de control político y social de los caciques principales sobre los capitanejos, aunque éstos últimos muchas veces hicieron valer su autonomía, tomando decisiones que no coincidían con las opiniones de los loncos. Así, el Indio Blanco, que moraba en El Cuero, presentaba acciones más hostiles hacia los huincas que Mariano Rosas, cacique general de los ranqueles.

Generalmente los caciques ejercían su dominio sobre una o más rastrilladas; por ello, quienes desearan pasar por sus caminos debían solicitar su autorización. Un caso emblemático lo constituye el viaje del explorador chileno Luis de la Cruz, quien en 1806 atravesó la cordillera y las pampas, desde el Fuerte Ballenar hasta el Fuerte de Melincué, en busca de un camino más directo entre Concepción y Buenos Aires. Al arribar al paraje de Meucó (actual provincia de La Pampa), la rastrillada que lo traía se bifurcaba en otras dos: una que se dirigía a Melincué y la otra a la Guardia de Luján (actual ciudad de Mercedes (Bs. As.)), Luján y Buenos Aires. Si bien su ánimo era seguir hacia la capital del Virreinato, sin embargo, se hallaba en territorio ranquel, por lo que debía pedir permiso a Carripilún, cacique principal de dicha etnia que se hallaba más al norte, para proseguir su viaje. Carripilún, quien no poseía el control de todo el camino directo a Buenos Aires, en cierta forma forzó a Luis de la Cruz para que siguiera la senda hacia Melincué, sobre la que detentaba total dominio, y se ofreció a acompañarlo.


Carripilun dijo, hablandome: Hermano, el camino recto para Buenos Ayres ya lo dejaste en Meuco, y de aquí qualesquiera que se tome será recto á mi Casa y no a tu direccion, en este supuesto, y que hay por medio otros pasos interesantes á tu destino y voluntad; me parece atendais á vencerlos primero que a su rectitud, pues las Pampas y las tierras de aquí para adelante todas son de una clace y pueden venir quantas Carretas quieran por donde se te antoje sin embarazo. Para lo que has conceguido de mi quede firme, y sin que jamas hayan quejas por parte de mi Nacion, te buelvo a decir, que en el atravieso de aquí á Melinque está la extención de Yndios, y los mas de ellos son de mi gente. Me és preciso pasar por sus Toldos. Y que voz mismo le manifesteis tu destino, y el de tu venida, haciendoles ver que no me quedaron arvitrios para negarme en vista de las utilidades que nos resultan del Camino. Mas á Quilan, que es el que manda todos aquellos terrenos desde Meuco hasta Loncoguaca, lo haremos salir a una Junta, para que dandole tu embajada, y conceguido de una vez, nada tengas que hacer á tu vuelta, sinó internarte con franqueza, como que tienes el permiso del General. Este Yndio es el mas alzado de estas tierras, és intratable, pero está casado en mi Casa y yo te ayudaré, debiendote lisongear, que si lo venses por hecho está quanto quieras. Mas, si no nos fueramos por la ruta que te digo, podrian hacerme daño las muchas viejas que hay entre mi gente por cuyo temor me he estado sugetando por que siempre me anuncian ruina en mi ida á Buenos Ayres, y ahora estas viejas de mi Casa han soñado, que me echarán al otro lado del Mar. Por el camino que quieres llebar (á este tiempo entró Molina) pudieran atravezar los Guilliches que handan en Malones con estos Pampas, y si nos encontraran nos robarian todas las Caballadas, y nos ponemos en riesgo sin nececidad, a mas de que no es mucha vuelta que hemos de dar por Melinque, y son muchas las ventajas que consigues. (ANHCH. Diario de Viaje de Luis de la Cruz, folios 130v-131)


Cuando los primeros agrimensores, acompañados de sus baqueanos, mensuraron lote por lote la inmensidad pampeana, se encontraron con estas sendas, caminos o rastrilladas. En muchos casos las anotaron, dando a conocer su recorrido probable dentro de un lote. Sin embargo, lo que delinearon estos pioneros de la agrimensura pampeana fueron "fotografías" de la ubicación de las rastrilladas en la segunda mitad del siglo XIX. En consecuencia, cabe sospechar que los procesos sociales y culturales que llevaron a crear estos caminos fueron muy dinámicos, por lo que es bastante probable que antiguas rastrilladas utilizadas por los indígenas, ya desaparecidas por entonces, no fueran registradas por los agrimensores. Al respecto Berón y Curtoni (1998) señalan: "Los recorridos de las rastrilladas del siglo XIX conforman un entramado que denota la existencia de redes sociales importantes, permanentes y de gran extensión espacial probablemente preexistentes" (p. 20).

En otro trabajo importante, Curtoni menciona que la cosmovisión de la etnia le otorga un valor simbólico muy especial a las rastrilladas.


las rastrilladas pueden ser vistas como la manifestación de una cosmovisión que se expresó en el paisaje por medio de la jerarquización del mismo en lugares significativos y/o especiales, por el establecimiento de condicionamientos sociopolíticos y a través de los usos económicos efectuados en el territorio Rankülche. Estas características otorgan al estudio de las rastrilladas una singular relevancia porque permiten interpretar una forma de concebir el paisaje que está impregnada de un sentido tradicional que se contrapone con el ordenamiento cartesiano-moderno impuesto posteriormente por las formas de pensar occidentales. (Curtoni, 2007, p. 84)


En la Pampa existían centros neurálgicos de relevante valor estratégico que los convertían en verdaderos puntos nodales de radiación de rastrilladas. Las significativas distancias a cubrir entre sitios distantes no siempre seguían el camino más corto, sino que resultaba necesario tocar lugares indispensables para la supervivencia y reconocimiento del terreno, tales como aguadas y lagunas de agua dulce -para consumo propio, de la caballada y del arreo-, médanos -que cumplían el papel de atalayas naturales para otear el horizonte-, esporádicos montes, etc. Entre estos puntos nodales de rastrilladas caben resaltar, en el hoy sur cordobés, a la laguna del Cuero y al imponente médano de Italó.

Concluida la llamada "Conquista del Desierto", muchas de las rastrilladas fueron abandonadas y truncadas por el paso del alambrado, y sólo quedaron en el recuerdo de quienes las transitaron alguna vez. Sin embargo, otras continuaron prestando servicio a los viajeros por muchos años, hasta que se delinearon los caminos y rutas actuales. Así lo indica Stieben (1946): "Casi todos los caminos recorridos luego de la Conquista, por las galeras o mensajerías, siguieron las rastrilladas de los indios, porque éstos eran excelentes topógrafos" (p. 280). Todavía algunos caminos actuales siguen el curso de esas antiguas sendas:


Pareciera que la geografía imprime direcciones que una vez trazadas no pueden ser abandonadas. Desde los primeros tanteos realizados en forma casi instintiva hasta los últimos, trazados con todos los recaudos de la ciencia y de la técnica, los caminos han seguido en buena parte de nuestro país, la dirección impresa por sus primitivos pobladores. (Barba, 1956, pp. 7-8)


LAS RASTRILLADAS EN EL SUR DE CÓRDOBA

Las rastrilladas que existieron en el actual sur de la provincia de Córdoba, formaron parte de un entramado que abarcaba toda el área pampeana (ver Fig. 3). En general siguieron un curso N-S, en dirección a los grandes cacicatos ranqueles que tuvieron su epicentro en Marivil, Poitahué y Leuvucó en distintos momentos históricos, en la actual provincia de La Pampa.

Como se mencionó con anterioridad, existieron rastrilladas de primer orden, como la del Cuero, del Sauce, de las Tunas y de Trenel, y otras secundarias que conectaron distintos puntos estratégicos de la geografía pampeana.

Desarrollaremos brevemente las principales vías de comunicación indígenas que conectaban la frontera del río Cuarto con las tolderías ranquelinas en el Mamüll Mapu.


Rastrillada del Cuero

La rastrillada del Cuero se llamaba así porque su recorrido pasaba por el paraje del Cuero, caracterizado por una laguna y montes, morada de indígenas, en especial ranqueles, desde mucho tiempo atrás. Esta rastrillada tenía una extensión aproximada de 300 km, entre Río Cuarto y el Médano Colorado, atravesando terrenos que hoy ocupan tres provincias argentinas: departamentos Río Cuarto y General Roca (Córdoba), Rancul (La Pampa) y Gobernador Dupuy (San Luis). En el Médano Colorado empalmaba con la rastrillada de las Pulgas, que unía Villa Mercedes con Leuvucó. Los parajes más salientes de la rastrillada del Cuero, en su recorrido de norte a sur, eran: Río Cuarto, Los Jagüeles, Durazno, Chemecó, Tala de los Puntanos, Paso de las Arganas (donde se construyó el Fuerte Sarmiento, actual Villa Sarmiento), La Alegre, Monte de la Vieja, Zorro Colgado, Pollohelo, Coli-Mula, Tremencó, Laguna El Cuero, Chamaicó, Vutatrequén y Médano Colorado.

La “excursión a los indios ranqueles” llevada a cabo por Lucio V. Mansilla, con el propósito de celebrar tratativas de paz, daría lugar a la trascendente obra literaria que plasmaría las experiencias del propio coronel Mansilla, en cuanto al conocimiento de la cultura ranquel y sus costumbres, como la descripción de los parajes visitados en su derrotero de viaje. Por su parte, los sacerdotes Marcos Donati y Moisés Álvarez, quienes acompañarían a Mansilla, también describirían en sus diarios la naturaleza a su paso. Además, se utilizaron como fuentes importantes para detallar este camino, la Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1872, el Plano General de la Provincia de Córdoba (Departamento Topográfico) de 1883 y el Plano General del Departamento Río Cuarto (Posse) de 1906. Los datos más precisos sobre esta rastrillada, se pudieron obtener de los planos y mapas que se encuentra en la Dirección de Catastro de Córdoba, como el Plano Nº 5 (Plano Catastral del Departamento General Roca) (1912), Plano Nº 8 (Plano Catastral del Departamento Río Cuarto) y muchos otros planos de mensura con y sin aprobación.

Desde Río Cuarto hacia el sur, la rastrillada del Cuero pasaba por los siguientes lugares:

Jagüeles o Los Jagüeles: en Los Jagüeles se creó en 1838 un fortín y después de 1869 funcionó como posta militar, siendo un enlace entre Río Cuarto y la nueva comandancia de Sarmiento. El sitio de Los Jagüeles se localiza sobre la margen sur del Arroyo Los Jagüeles, a 1,2 km al ESE de Estación Los Jagüeles y a unos 18 km al este de la localidad de Sampacho y 12 km al NE de Malena. El topónimo se preserva con el nombre del arroyo y de la estación ferroviaria, además de la estancia homónima.

Luego de Los Jagüeles la rastrillada pasa por los parajes de Punta del Agua y Médano de Tumala, antes de arribar a El Durazno.

Durazno o El Durazno: en El Durazno funcionó asimismo otra posta fortificada desde 1866, que servía de enlace entre Sarmiento y Río Cuarto. En este sitio se bifurcaban los caminos: hacia el sur se continuaba la rastrillada del Cuero, y hacia el SO partía otra rastrillada que conducía al fuerte 3 de Febrero. El Durazno (monte y posta) se hallaba ubicado unos 1,3 Km al sur de la actual ciudad de Coronel Moldes.

Antes de arribar a Chemecó la rastrillada del Cuero atravesaba los médanos del Toro Muerto y El Dulce.

Chemecó: es una imponente formación medanosa de unos 5 Km de extensión ubicada inmediatamente al noreste de la localidad de Washington. En 1865, el general Emilio Mitre levantó, a la orilla de la laguna de Chemecó, el fortín que llevó su nombre, que después de 1869 continuó prestando servicios como posta militar. La Memoria del Ministerio de Guerra y Marina (1872) hace una escueta descripción de la posta: "Tiene esta posta su defensa de zanja, buenos ranchos y corrales. Los campos son buenos y con mucha agua" (p. 32). En 1871 fue escenario de una tragedia en la que murieron a manos de los indios seis oficiales y sesenta bisoños soldados de la Guardia Nacional de Calamuchita, episodio conocido en nuestra guerra de fronteras como la tragedia de Chemecó. Fue desafectada como tal en 1875.

Chemecó es un topónimo de origen mapuche, que bien puede escribirse Chimeko en mapudungun, siendo Chime un animal de la mitología araucana que vivía en los cuerpos de agua donde protegía a la fauna y flora de los mismos, produciendo para ello mugidos o gritos que atemorizaban a los aborígenes, y ko es agua o aguada, siendo el todo “Aguada del Chime”.

Antes de arribar al Fuerte Sarmiento la rastrillada del Cuero pasaba por las proximidades de la laguna Tala de los Puntanos.

Fuerte Sarmiento: el 29 de marzo de 1870, Lucio V. Mansilla con una pequeña columna expedicionaria, parten del Fuerte Sarmiento (actual Villa Sarmiento, a orillas del río Quinto), comandancia de la frontera sur de Córdoba, en su famosa excursión a los indios ranqueles.


El punto ó fuerte principal de la nueva línea de frontera sobre el Rio 5º se llama Sarmiento. De allí arranca el camino que por laguna del Cuero, famosa para los cristianos, conduce á Leubucó, centro de las tolderias ranquelinas. De allí emprendí mi marcha. (Mansilla, 1877, p. 6)


El agrimensor Octavio Pico, quien acompañara al coronel Eduardo Racedo en su Expedición al Desierto, describe minuciosamente en 1879 esta población, que contaba por entonces con 2028 habitantes, bastante más que en la actualidad. El 10 de abril de 1879 parte desde el Fuerte Sarmiento la columna expedicionaria que iría a ocupar la laguna de Pitral Lauquen, donde instalaría el llamado “Campamento de Poitahué”, en la actual provincia de La Pampa.

Laguna Alegre o La Alegre situada inmediatamente al norte de la Estancia El Alegre, bajo cuya forma se conserva el topónimo, unos 11 km al sur de Villa Sarmiento.

Monte de la Vieja era un bosquecillo que se hallaba unos 14 km al este de Villa Valeria. La toponimia se conserva bajo la forma de Estancia Monte de la Vieja, ubicada su casco unos 3 km al este del paraje visitado por Mansilla.

Zorro Colgado (Pültrülen Ngürü en ranquel) era un paraje situado a unos 3 km al este de la estación ferroviaria de Lecueder. Consistía en un grupo de chañares y una pequeña laguna.

Pollohelo o Pollonguelo, voz ranquel que significa “Donde hay renacuajos”, si bien Mansilla le asigna otro significado: “Laguna del Pollo", a todas luces equivocado. El sitio consistía también en un grupo de chañares y dos lagunas, una amarga y la otra dulce. La ubicación tentativa del sitio podría ser en proximidades (un tanto al E) de la conocida posteriormente como Laguna Racedo, unos 9 km al SSO de Lecueder.

Us-helo era una laguna ubicada posiblemente en inmediaciones de la Estancia San Félix, en las nacientes del arroyo Quetrú-Leubú, unos 13 km al sur-suroeste de Lecueder. Us-helo es una voz ranquel (Wüv-ngelu) que significa "Donde hay un manantial o vertiente". En proximidades de esta laguna se produjo un combate el 7 de mayo de 1872, entre aborígenes ranquelinos y una partida militar que los perseguía, resultando el mismo victorioso para los naturales, muriendo quien conducía la formación militar, el mayor Ortega y dos soldados.

Coli-Mula o Mula Colorada es una laguna ubicada unos 10 km al NE de la Estación La Nacional. Kolü Mula en ranquel, voz híbrida, ya que Coli significa colorado, mientras que mula es término español: “Mula Colorada”.

Ralicó es una laguna que Mansilla menciona en su viaje a Leuvucó, pero la cual no se encuentra sobre la rastrillada del Cuero. Curiosamente no registra en su mapa este lugar sobre el curso de la rastrillada seguida, la que marca con sumo cuidado, probablemente porque esta laguna no estaba sobre el curso de la rastrillada, aunque por la descripción ha visitado el lugar. Se puede suponer, con un criterio razonable, que la expedición de Mansilla siguiera marcado rumbo sur desde Mula Colorada hasta la laguna Ralicó, apartándose de la rastrillada existente o bien siguiendo otra, y desde allí torcer el rumbo hacia el oeste pasando por el médano Ralicó en dirección a Tromencó. Es de destacar que el topónimo se conserva también como Estancia Ralicó, al oeste de la laguna. Raliko es voz ranquel que significa “aguada en forma de plato".

Tremencó o Tromencó es una pequeña laguna que se halla 10 Km al sur de la Estación La Nacional. La voz ranquel Tromenko, significa “Aguada de la Totora”. En Tromencó se separaba hacia el O el camino que se dirigía hacia el fuerte 3 de Febrero.

Médano del Cuero es un medanal situado a 12,5 km al S. de la estación La Nacional, próximo a Tromencó y a la laguna del Cuero.

Laguna del Cuero es un cuerpo de agua de reducidas dimensiones que se halla 15 km al sur de La Nacional y 18 km al norte de Chamaicó. Actualmente es conocida con el nombre de "El Cuero Chico", para diferenciarla de otra mayor también conocida como Laguna El Cuero o de Las Yeguas, que se encuentra un poco más al sur. Era un sitio de gran importancia, ya que en la misma residía el legendario "Indio Blanco", indígena muy hostil que con sus hombres produjo numerosas bajas a las fuerzas militares. En ranquel se escribe Trülke Lavken, donde Trülke hace alusión al Cuero (animal mitológico mapuche) y lavken es laguna. Este paraje, con buenas aguadas y excelentes pastos dio su nombre a la rastrillada.


Esta laguna tendrá unos cien metros de diámetro. Su agua es excelente, y durante las mayores secas allí pueden abrevar su sed muchísimos animales, sin mas trabajo que cavar las vertientes de lado del Sur. En la laguna del Cuero ha vivido mucho tiempo el famoso indio Blanco, azote de las fronteras de Córdoba y San Luis; terror de los caminantes, de los arrieros y troperos (...) Miéntras tanto, te diré, que los campos entre el Rio 5º y el Cuero son pobre cosa, pasto fuerte, amargo en su mayor parte y sin variacion. Los campos del Cuero son diferentes. Ricos pastos abundantes y variados; gramilla, porotillo, trébol, cuanto se quiera. Agua inagotable, leña, montes inmensos. Un estanciero entendido y laborioso allí haria fortuna en pocos años. Pero del Cuero al Rio 5º hay treinta leguas. Que le pongan cascabel al gato. De allí á los primeros toldos permanentes, hay otras treinta leguas, y los indios andan siempre boleando por el Cuero. (Mansilla, op cit., p. 72)


Desde la Laguna del Cuero la rastrillada se bifurca, una senda va por Baya-Manca y Chamaicó y la otra por Lonco-Vaca, para volver a reunirse en Vutatrequén. Todos estos lugares (salvo Baya-Manca) se hallan actualmente dentro del territorio de la Provincia de La Pampa.

La rastrillada del Cuero ingresaba a lo que hoy es el sur de la Provincia de San Luis, para finalizar en el Médano Colorado (unos 20 km al N de Anchorena), sitio donde se unía a la rastrillada de las Pulgas.


Rastrillada del Sauce

La rastrillada del Sauce era una importante vía de comunicación que vinculaba el Fuerte del Sauce (luego La Carlota) con las Tres Lagunas, cuerpos de agua situados cerca del actual pueblo de Italó. Seguía un curso general SSO, y tenía una extensión aproximada de 190 km. En el paraje citado de Tres Lagunas, la rastrillada del Sauce se unía con la rastrillada de las Tunas, formando la rastrillada de Trenel, que se dirigía hacia la Pampa central.

Las primeras noticias acerca de esta rastrillada surgen tras una incursión punitiva llevada a cabo por las fuerzas españolas en 1776:


Las expediciones punitivas españolas, como represalia ante las incursiones que habían realizado previamente los indios, permitieron a los hispanos, ante todo, el conocimiento de los distintos hábitats de los aborígenes. En marzo de 1776 se inicia la primera de ellas, cuyo punto de partida fue la Punta del Sauce (actual La Carlota) y estaba comandada por el coronel Don José Benito de Acosta y el maestre de campo Don Ventura Montoya, con una fuerza superior a los mil hombres. A fines de mayo de ese año, después de dos meses de internarse en el desierto, y de haber tenido algunos combates con los indios, y de descubrir sus principales caminos y moradas, la expedición regresa a la Punta del Sauce. (Mollo y Vignolo, 2013, p. 186)


En 1804 el explorador chileno Justo Molina, quien intentaba transitar por territorios ranqueles, decide contactarse con el cacique Carripilún desde el Fuerte del Sauce. Para ello envía un soldado por la rastrillada del Sauce hasta Marivil, sede del cacicato ranquelino:


Luego que volvio mi hijo parti para el Sause que fue el dia 2 de noviembre endonde fui a hallar el auxilio del Señor Virrey, ypor consiguiente el coronel de la Frontera de Cordova Don Simon Gorordo, aquien hize narracion del contesto de Caripillun, me franqueo al soldado Juan Fernandez y acompañado del soldado fue a lo de Caripillun según expreso a la buelta Juan Fernandez se manifestó mui pronto Curipillun a salir al Sause, ypara verificarlo aprontó una carguilla de ponchos para llebar a venta a Buenos Ayres, y haviendo dejado descansando dicho Fernandez algunos cavallos una jornada antes de llegar a lo de Caripillun, le mando que se adelantase ajuntar sus cavallos, y lo esperare alli; que al siguiente dia estaria conel que no parecio pero mando un menzage diciendo que havia montado a cavallo para despedirse de su gente le cayo de nuevo mismo a las piernas, tanto que para sacarse las espuelas fue presiso cortarle las correas que solo por esta causa podria no cumplir su palabra pero si vivia algun dia tendria el gusto de verme, y que si gustaba pasase de buelta por sus tierras, que no tenia el menor embarazo. Entretanto llegava Fernandez delo de Caripillun llegaron al Sause una manga de onze indios de la Reducion del mismo Caripillun, y de Ticalemu, con destino de pasar a Cordova con comercio de ponchos; pero haviendome visto alli, y conocido ya a un monton de los de Caripillun, procure captarles la voluntad para llebarlos a lo del Señor Virrey, a fin de que abuelta me introdujeren por sus tierras, ypodia seguramente descubrir el camino derecho, solo reduci asiete de ellos, entre los que me acompaño Lapiante hermano del Cazique Tualemu. Desde aquí di parte nuevamente al Señor Virrey que havia mandado al referido Fernandez por Caripillun, pero haviendo buelto sin el con la razon que ha hecho determine continuar mi viage, ysuplique al Señor Coronel mediese al indicado Fernandez de auxilio hasta el mismo Buenos Ayres para que el mismo le expresase quanto le havia pasado con Caripillun. Me concedio dicho Señor Coronel el llebar al indicado Fernandez y con la comitiva de los siete indios. (AGN. Diario de Viaje de Justo Molina, folios 20-22)


Otro de los exploradores en mencionar este camino es el alcalde de Concepción Luis de la Cruz, quien en su extenso periplo de 1806 entrevista en la laguna de Meucó a Angueñán, sobrino del cacique pehuenche Manquel, quien era baqueano de varias rastrilladas, y que le describe el "camino de la derechura" que iba desde Meucó a Luján, y también cita otros dos, entre ellos el que va para el Sauce:

P. ¿Que si hay camino traginado por los lugares que me ha nombrado? R. Que hasta las castas hay camino Real, y de hay para adelante se corta derecho a Lujan. P. ¿Que si podria llebarme por ese camino? R. Que si me llebaria, pero que yendo a lo de Caripilun, me iba mucho al Norte, y seria mucha vuelta. Que este camino lo sabia Puelmanc y otros muchos Yndios que me traherian por el al regreso, pues estaba muy cerca como lo experimentaria, y que era mejor que los otros, que ban para lo del difunto Quintrepi, y otro para las Fronteras del Sause, porque tienen menos aguas y leñas. (ANHCH. Diario de Viaje de Luis de la Cruz. Folio 111 v)

Otras fuentes destacadas para determinar el derrotero de este camino fueron la Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1876, el Plano General de la Provincia de Córdoba (Departamento Topográfico) de 1883 y los planos de los lotes o suertes obtenidos en la Dirección de Catastro de Córdoba.

Los sitios más importantes que se encontraban sobre esta rastrillada, de N a S, eran los siguientes:

Fuerte del Sauce era una fortificación de la época del Virreinato del Río de la Plata, que pasó a ser después la comandancia de la frontera del río Cuarto. Una réplica de dicha fortificación se ha construido en cercanías del río Cuarto, pero no en el lugar exacto donde estuvo el último emplazamiento del fuerte de La Carlota, que se hallaba en lo que hoy es el centro de la ciudad del mismo nombre. Desde este punto nacía la rastrillada del Sauce, que llevaba ese nombre por este paraje.

Manantial o Manantiales era una laguna ubicada al norte de la posteriormente Estancia La Lucía, en el lote Nº 67, a unos 17 km al SSO de Los Cisnes. El topónimo también se conserva con el nombre Estancia El Manantial y por la Estación Ferroviaria Manantiales, ubicada 13 km al S. de La Carlota.

Portezuelo es una formación medanosa situada a unos 3 km al NO de Huanchilla. En realidad, la rastrillada del Sauce no pasaba exactamente por este lugar, sino más precisamente por el borde este del actual pueblo de Huanchilla. El topónimo también se conserva como Estancia El Portezuelo, ubicada al N. de Huanchilla. Asimismo, existió en la zona el Fortín Portezuelo, erigido en 1869 con la finalidad de servir de enlace entre la nueva línea ubicada en La Ramada, con la anterior situada en La Carlota. Este fortín se hallaba emplazado unos 7 km al ONO de donde hoy se halla Huanchilla.

Las Hermanas es una importante formación medanosa, con algunas lagunas en su interior, situada a 21 km al SSO de Huanchilla.

Monte de los Puntanos es un paraje situado a unos 7 km al NNO de la posterior estación ferroviaria de Riobamba. En la zona hay un pequeño médano, aguadas y seguramente ha existido bastante vegetación. Actualmente es una laguna situada inmediatamente al oeste del casco de la Estancia La Magdalena. La Memoria del Ministerio de Guerra y Marina de 1870, menciona en el lugar la presencia de una posta militar o fortín, que al igual que la de Portezuelo, servía de reaprovisionamiento entre La Carlota y La Ramada.

Jagüel del Cuatro de Línea era un pozo o aguada donde se proveía del elemental líquido a dicho cuerpo militar. Estaba a unos 15 km al S. de Riobamba.

Trapalcó es una importante laguna sobre cuya orilla norte Mansilla levantaría el Fuerte General Arredondo, posteriormente llamado Irrazábal o La Ramada. Trapalko es una voz ranquel que proviene de Trapal (totora) y ko (agua): "Aguada de las Totoras". La misma fue nombrada por Lucio V. Mansilla como "Ramada Nueva". La Laguna Trapalcó o Ramada Nueva, se halla unos 20 km al NO de la actual localidad de Serrano. Al NO de esta laguna, sobre un médano, se halla actualmente la Estancia La Ramada.

Marra-gheló o Laguna del Árbol es un importante cuerpo de agua que se encuentra a 12 km al O. de Serrano. Mara-ngelu es una voz ranquel que significa "Donde hay maras".

Vutaló es un imponente médano que se halla a 4,2 km al N del pueblo de Italó. Vütalo es voz ranquel que proviene de "vüta S viejo (hombre) /// Adj. grande // viejo (hombre y animal)" (Fernández Garay, 2001, p. 143) y "low ~ lo ~ loo S barda // médano" (ibid., p. 92), por cuanto Vütalo significa "Médano Grande". Como la ü ranquel suena algo similar a la i española, se escuchaba prácticamente como Vitaló, y, por alguna razón desconocida se suprimió la V inicial, y tenemos entonces Italó, que es el nombre que ha perdurado. En dicha elevación el coronel Leopoldo Nelson instaló en 1876 el Fuerte de Italó, comandancia militar de la frontera sur de Santa Fe.


Witalogo Marzo 23 de 1876. Al Sr. Inspector y Comandante General de Armas de la República Coronel D. Luis Maria Campos. Tengo el honor de dirigirme á V.E. Avisando haber llegado la fuerza espedicionaria á mis órdenes, el dia de hoy á las 9 de la mañana, á este punto, designado por S.E. El Sr. Ministro de Guerra, para formar la Comandancia de la 1.ª línea; todo ha llegado sin novedad, las fuerzas y convoy. (Memoria del Ministerio de Guerra y Marina, 1876, p. 53)


Esta guarnición militar habría de permanecer hasta 1879, momento en que se produce la llamada "Conquista del Desierto".

Tres Lagunas es el paraje donde confluían las rastrilladas del Sauce y de las Tunas, dando origen a la rastrillada de Trenel, que se dirige hacia ese importante paraje (ubicado a 13 km al SO de la actual localidad de Caleufú, en la provincia de La Pampa). El paraje de Tres Lagunas, como el nombre lo indica está compuesto por tres cuerpos de agua importantes, aunque existen en el área varios más, de menor tamaño. En lengua ranquel, el paraje es conocido como Alen Lauquen (Alen Lavken, de Alen iluminar por la luz de la luna, y Lavken es laguna: "Laguna iluminada por la Luna"). El topónimo se conserva actualmente bajo la denominación de Estancia Tres Lagunas, situada al SE de las mismas.


Rastrillada de las Tunas

La rastrillada de las Tunas se extendía desde el Saladillo de Ruy Diaz, en las nacientes del río Carcarañá, pasando por el paraje Las Tunas, en dirección SSO, por la laguna Langheló y prolongándose hasta Tres Lagunas, cerca de Italó, donde se unía con la rastrillada del Sauce para constituir la de Trenel. Su extensión aproximada era de 280 km, abundando en su curso aguadas, cañadas, jagüeles y lagunas.

Una de las primeras noticias que se tiene de este camino es la gran entrada que hicieran por él los huiliches y pehuenches ranquilinos al mando de Llanquitur, quienes después de acampar en la Laguna Las Tunas, continuaron hacia el norte por la rastrillada de igual nombre, hasta las proximidades del Saladillo de Ruy Díaz, cruzaron el río Saladillo y atacaron una tropa de carretas sobre el camino que iba del Saladillo al Sauce:


El 30 de octubre de 1777, la tropa de carretas avanzaba entre el Saladillo de Ruy Diaz y el Sauce, cuando es sorprendida por un tremendo ataque de las hordas huiliches y pehuenches ranquilinos principalmente. Este imponente malón, compuesto de unos 600 a 700 indios, era liderado por el cacique huiliche Llanquitur, a quien secundaban otros caciques de no menor importancia como su hermano mayor Payllatur, asimismo Carripilún quien poco tiempo después se erigiría como gobernador general de los ranqueles con posterioridad a la guerra pehuenche asentandose en el Mamüll Mapu y dándole verdadero auge al desarrollo de esta parcialidad. También intervinieron en esta cruenta acción el cacique Quilán, cuyo dominio se ejercía a lo largo del camino de la Derechura o de las Nuevas Tunas; también el cacique Neuquén, cuya ferocidad en el ataque fuera recordada por las fuerzas españolas años después. Otros caciques de relevancia en el Mamüll Mapu de entonces, que participaron del hecho fueron Antemanque y Canipayún, como asimismo Lepián, procedentes estos de diversos sitios del caldenal pampeano, y que como ya se expresó anteriormente, se congregaban en el paraje Las Víboras, ubicado en el corazón del Mamüll Mapu, para luego de recorrer cientos de kilómetros a través de la rastrillada de las Víboras, llegar a las fronteras, acampando principalmente en las lagunas de Melincué y Las Tunas, desde cuyos lugares, mediante la información que le proporcionaban los indios bomberos y cristianos renegados que accedían a las poblaciones fronterizas, planificaban los ataques a las tropas de carretas que se desplazaban por los caminos reales. La ferocidad de los atacantes, amparada por su elevado número, produjeron los más graves estragos sobre los integrantes de la tropa de carreta, quienes evidentemente poca resistencia pudieron ofrecer. El tremendo saldo fue de 31 personas muertas, llevándose cautivos 4 mujeres, los dos negros esclavos de Cañas y el propio Pedro Ignacio Cañas, y al joven Blas Pedrosa, quien se hallaba herido, y algunos niños. Asimismo, lograron escapar con vida dos personas, quienes llegados al Sauce dieron aviso de lo ocurrido. Este hecho puede señalarse como una de las más notorias tragedias ocurridas en las fronteras, delineadas por entonces por el camino de postas. El lugar del suceso puede situarse pasando la posta del Saladillo de Ruy Diaz y el Monte de la leña, y antes de arribar al Sauce. (Mollo y Della Mattia, 2009, pp. 16-17)


La expedición militar a cargo de los maestres de campo Diego de las Casas y Ventura Echeverría de 1779, transitó íntegramente esta rastrillada, existiendo constancia de ello: “...; y el nuebamte descubierto llamado el de las tunas p.r los Mres de Canpo Diego de las Casas y D. Bentura Echeberría en la presente expedicion, y año de setenta y nuebe” (AGN. Legajo 188, folio 584).

Noventa años más tarde, a través de esta misma senda, se ponía en marcha el 18 de septiembre de 1869, el avance simultáneo y coordinado de las fuerzas de Mansilla y Benavídez, dando lugar al traslado de la frontera sur y sureste de Córdoba y sur de Santa Fe. Desde el Fuerte Las Tunas parte el coronel Lucio V. Mansilla con las tropas de su mando, con pertrechos y materiales, producto de haberse desmantelado en gran parte esta fortificación, y necesarios para las construcciones a levantar en la nueva línea, los que se transportaban en 12 carretas, arribando a la laguna Langheló después de tres días de viaje.

Además de las fuentes escritas mencionadas anteriormente, fueron de gran utilidad para determinar el curso de este camino el Plano General de la Provincia de Córdoba (Departamento Topográfico) de 1883, el Croquis Topográfico de Mansilla de 1870, el Plano N.º 2 de Salas y Cernadas (AHGLP) y los planos de suertes o lotes existentes en la Dirección de Catastro de Córdoba.

Los principales lugares por donde pasaba la rastrillada de las Tunas, eran los siguientes:

Bajos Negros es una laguna situada 8,5 km al NO de General Baldissera. También recibe este nombre una extensa cañada, que incluye a la mencionada laguna, y que se prolonga por muchos kilómetros en dirección N-S.

Chañaritos era un paraje formado por una laguna, en cuyas orillas crecían chañares, ubicado en proximidades de la intersección de la Rastrillada de las Tunas con el Camino del Medio. Esta laguna es alargada en dirección NE-SO, siendo atravesada por la ruta provincial N.º 11, encontrándose a 4 km al O de Isla Verde.

Las Tunas era un sitio de gran importancia, constituido por una gran laguna y dos fortificaciones militares en distintos momentos históricos. Lleva este nombre por la presencia en las adyacencias de la laguna de unas cactáceas conocidas vulgarmente como "tunas". De allí deriva la denominación de este camino. En este lugar se cruzaban perpendicularmente la Rastrillada de las Tunas con el Camino de las Pampas. Las primeras noticias de este paraje se remontan a 1749, cuando en este sitio un malón indígena atacó a dos tropas de carretas que se desplazaban por el camino citado. Por iniciativa del virrey Vértiz, el coronel Andrés Mestre funda en 1779 el Fuerte Nuestra Señora de la Asunción de Las Tunas, siendo su primer comandante Ventura Montoya. A inicios de la década de 1820 el fuerte sería abandonado. En 1863 se construye el Fuerte de las Tunas en un sitio cercano al anterior, donde hoy se halla la Estancia Las Tunas. Esta nueva guarnición pasa a formar parte de la línea de frontera contra los indios. En 1869 las fuerzas militares adelantan la frontera a Gainza, quedando abandonado el Fuerte de las Tunas. El primer fuerte, se encontraba instalado a unos 11,5 km al SSE de la actual localidad de Alejo Ledesma, mientras que el último se hallaba a unos 10 km al SE de dicha localidad.

La Aurora es una laguna situada 20 km al ENE de Pueblo Italiano.

Cañadón de Oyarzábal es un extenso bajo ubicado 19 km al E de Pueblo Italiano. Carlos Mayol Laferrère nos explica el origen de la denominación:


Así bautizado por el coronel Lucio V. Mansilla, en homenaje y distinción hacia su subalterno, soldado Calixto Oyarzábal, quien lo acompañó en todas las exploraciones previas al adelanto de la frontera al río Quinto, como también a su célebre excursión a los ranqueles. (Mayol Laferrère, 2012, p. 240)


Vizcacheras (Lagunas de las) son numerosos y pequeños cuerpos de agua, situados 18 km al ESE de Pueblo Italiano. Debe su nombre a que en cercanías de las lagunas existían numerosas madrigueras de vizcachas.

La Teresa es una laguna de gran tamaño, que figura en antiguas cartas de mensura bajo la denominación de "Gran Laguna", situada originalmente dentro de la Estancia La Teresa, y actualmente dentro de Estancia El Trío. Dicha laguna se halla 25 km al N de Rufino.

Tosquita Salada es un cuerpo de agua salitroso conocido actualmente como "Laguna El Pejerrey". La misma se halla dentro de la Estancia La Amalia, a 13 km al SSE de Leguizamón. El topónimo original aparece en el Croquis Topográfico de Mansilla (1870).

Langheló es una importante laguna situada 5 km al E de Santa Regina (Provincia de Buenos Aires). Langelu es una voz ranquel:


Según Rodolfo Casamiquela: “Geónimo: Langheló.- Análisis y significado: Ya ha sido analizado este nombre. La es "muerto" en araucano, y ngelu "donde lo hay". El todo: "Cementerio", "Lugar de los muertos".

Ana Fernández Garay, en una comunicación personal que nos envió, asevera: “Se puede analizar de dos maneras:

1. la (muerto), nge (forma esiva o pasiva), lo (forma no finita de verbo), con lo que podría traducirse como 'el que fue muerto' o 'el cadáver'.

2. la (muerto), nge (esivo), lo (médano), que daría algo así como 'el médano del muerto'. De las dos interpretaciones creo que me quedo con la primera, que me parece más coherente con la sintaxis mapuche”. (Mollo y Della Mattia, 2010, p. 55)


Langheló era una laguna estratégica. Allí fue atrapado Panguitruz (luego Mariano Rosas) cuando tenía tan solo 9 años en el año 1834. En 1869 Lucio V. Mansilla establece allí el Fuerte Gainza, nueva comandancia de la frontera sur de Santa Fe. Esta laguna era también un nodo de rastrilladas, que se dirigían a diversos puntos de la llanura pampeana.

Médano de la Fortuna es un área medanosa situada 10,5 km al E de Coronel Charlone, en la provincia de Buenos Aires.

Médano del Molle es una pequeña elevación que se halla 3 km al E de la abandonada estación Gondra, en la provincia de Buenos Aires.

Médano del León es una formación medanosa ubicada a 3 km al S de la ex estación Gondra, en la provincia de Buenos Aires.

Pollingueló es una laguna localizada 12 km al SE de Buchardo, en la provincia de Córdoba. Polloi-ngelu es una voz ranquel que significa "Donde hay renacuajos".

Curupotró es un médano y aguada ubicado 14 km al SSO de Buchardo. Kurü Potro es una voz híbrida, donde küru es negro en ranquel y potro es palabra española, el todo "Potro Negro". Desde Curupotró se desprendía hacia el NO, otra rastrillada conocida como "Camino de Curu-Potró", la que finalizaba en el médano de Vutaló (Italó).

Tres Lagunas es un conjunto de lagunas, ya descripto en la rastrillada del Sauce, pues este lugar era el sitio de conjunción de ambos caminos indígenas.


Rastrillada de Trenel

La rastrillada de las Trenel se iniciaba, como ya se mencionó, en el paraje Tres Lagunas, y dirigiéndose hacia el OSO pasaba por los parajes Pichi Trapal y Pichi Low (ambos dentro de la provincia de Córdoba), para ingresar a la provincia de La Pampa en proximidades de donde hoy se halla la localidad de Realicó. Más al sur continuaba por los sitios de Carré Lauquen, Tenel o Trenel (importante formación medanosa que diera su denominación a la rastrillada), Lobocó, La Blanca, Luan Toro, Chical-Malal, Mallo-Quinan, donde en sus cercanías finalizaba en la rastrillada de las Víboras. En las primeras mensuras, esta rastrillada aparece con la denominación de "Camino de Trenel por Carré Lauquen a Gainza".

Como ya se señaló, en el actual territorio cordobés esta rastrillada pasaba por:

Pichi Trapal es un médano que contiene jagüeles, situado 11 km al S de Pincén. Pichi Trapal es una voz ranquel cuyo significado es "Juncal Chico".

Pichi Low es un pequeño médano ubicado 12,5 km al SSE de la localidad de Ranqueles. En su depresión interna se forman lagunitas en las épocas de lluvias. Pichi Loo es una voz ranquel que significa "Médano Chico".



Figura 3: Mapa de rastrilladas indígenas en la zona central de Argentina.


CONCLUSIONES

La frontera sur de Córdoba, que durante más de un siglo se mantuvo sobre el río Cuarto, fue escenario de todo tipo de relaciones interétnicas, desde cruentos combates hasta intercambios comerciales, entre otros aspectos. Como toda frontera de este tipo, era un ámbito dinámico, permeable, con circulación de personas y bienes en uno y otro sentido. Las rastrilladas eran los caminos que los indígenas habían creado con el continuo deambular por las Pampas. Las mismas seguían derroteros tortuosos, entre médanos, lagunas y jagüeles, con la finalidad de contar con buenos pastos y agua para el ganado, y también para los indígenas, que marchaban durante días para llegar a un determinado lugar. Asimismo, estos caminos, |además de la función económica presentaban otras facetas, tales como ser un elemento fundamental de control político y social de los caciques sobre los capitanejos; además de seguir un derrotero que, muchas veces, tenía que ver con aspectos relacionados con la cosmovisión de la etnia.

La frontera cordobesa del sur formaba parte de una red de caminos, que abarcaba toda el área pampeana. Las rastrilladas principales tenían un marcado rumbo N-S, y se dirigían desde el río Cuarto hacia "tierra adentro", especialmente al Mamüll Mapu. Tres grandes vías de comunicación indígena surcaron el sur cordobés: la del Cuero, del Sauce y de las Tunas.

La rastrillada del Cuero era la más occidental dentro del territorio de Córdoba. Es de muy antigua data, ya que parte de ella fue transitada por la expedición a los Césares de Gerónimo Luis de Cabrera (nieto del fundador de Córdoba) en el año 1620. En los siglos XVIII y XIX alcanzó mayor preponderancia, ya que por ella transitaron malones aborígenes hacia la frontera, indios que iban a comerciar, a pedir el sustento estipulado en los tratados, a acordar las paces, etc. como así también religiosos en su tarea evangelizadora y militares en acción punitiva. Los relatos de Lucio V. Mansilla y del padre Fray Moisés Álvarez en 1870, como los de Eduardo Racedo en 1879, son reveladores de la importancia estratégica de esta vía de comunicación.

La rastrillada del Sauce era el único camino existente en un amplísimo sector, que conectaba las últimas poblaciones cristianas con las primeras tolderías ranqueles, ya que hacia el oeste cumplía idéntica función la rastrillada del Cuero, y hacia el este la de las Tunas. Por la rastrillada del Sauce transitaron desde grupos aislados de las etnias primitivas que poblaron estas Pampas, hasta pehuenches y ranqueles en malón hacia La Carlota o después, hacia La Ramada, expediciones punitivas españolas, entradas del ejército sobre los toldos, cautivas que huían del Mamüll Mapu, indios y españoles que iban en uno u otro sentido con el afán de comerciar, etc. No era un camino de primer orden, ya que no contaba con demasiadas aguadas ni tampoco había leña, como así también se tornaba intransitable en épocas de muchas lluvias. Sin embargo, en su recorrido existieron puntos precisos de abastecimiento que permitió su utilización durante varios siglos.

La rastrillada de las Tunas era el más oriental de los caminos en territorio cordobés. También era una vía de comunicación muy antigua, ya que por ella transitaron los malones, que en el siglo XVIII atacaron las tropas de carretas que circulaban por el camino a Cuyo. La expedición militar de Diego de las Casas y Ventura Echeverría en 1779, en represalia a los ataques indígenas, transitó por este camino. Asimismo, Lucio V. Mansilla llevó adelante el avance de la frontera sudeste de Córdoba en 1869 utilizando esta rastrillada. Era una senda muy utilizada ya que existían buenas aguadas en todo su recorrido.

Se hallaron topónimos indígenas en las tres rastrilladas, especialmente en el sur de cada una de ellas, todos de raíz ranquel e inclusive híbridos, lo que denota la interacción que existió durante más de un siglo entre ambas culturas fronterizas.


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