De capitanes pobres y malones. La trayectoria de la conflictividad interétnica en Península Valdés (1779-1810, provincia de Chubut, República Argentina), de Silvana Buscaglia, Revista TEFROS, Vol. 22, N° 1, artículos originales, enero-junio 2024: 80-113.

En línea: enero de 2024. ISSN 1669-726X

 

Cita recomendada:

Buscaglia, S. De capitanes pobres y malones. La trayectoria de la conflictividad interétnica en Península Valdés (1779-1810, provincia de Chubut, República Argentina),

Revista TEFROS, Vol. 22, N° 1, artículos originales, enero-junio 2024: 80-113.

 

Revista TEFROS es una Publicación del Taller de Etnohistoria de la Frontera Sur.

 

 

De capitanes pobres y malones. La trayectoria de la conflictividad interétnica en Península Valdés (1779-1810, provincia de Chubut, República Argentina)

 

Of poor captains and indigenous raids. The trajectory of interethnic conflict in Valdés Peninsula (1779-1810, Chubut province, República Argentina)

 

De capitães pobres e malones. A trajetória da conflitividade interétnica na Península Valdés (1779-1810, província de Chubut, República Argentina)

 

Silvana Buscaglia

Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Contacto: silvana_buscaglia@yahoo.com.ar - ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0722-9735

 

Fecha de presentación: 5 de agosto de 2023

Fecha de aceptación: 9 de diciembre de 2023

 

Resumen

El presente trabajo tiene por objeto abordar el carácter predominantemente conflictivo de las relaciones interétnicas en el contexto de los enclaves coloniales españoles establecidos en Península Valdés (provincia de Chubut, República Argentina): el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente (1779-1810). A nivel específico, se busca presentar, describir y examinar a lo largo del tiempo los episodios de tensiones y violencia interétnica en dichos establecimientos. Para ello, nos centraremos en el análisis y la confrontación crítica de la información suministrada por las fuentes primarias a lo largo de los 31 años de ocupación de los asentamientos. La comprensión de la singularidad de las relaciones interculturales en estos escenarios, necesariamente implicó abordarlas desde una perspectiva comparativa en función de su trayectoria histórica y regional más amplia en Patagonia durante el lapso temporal considerado. En consecuencia, fue posible establecer un protagonismo destacado de grupos indígenas procedentes de Patagonia Austral, así como la identificación de múltiples causas en la génesis de los malones que experimentaron estos escenarios. Estos resultados ponen en evidencia la compleja trama de los vínculos interculturales y las relaciones coloniales durante el período colonial tardío en Patagonia.

Palabras clave: Costa patagónica; colonialismo español; conflicto interétnico; relaciones intraétnicas; siglos XVIII-XIX.

 

Abstract

The aim of this paper is to address the predominantly conflictive nature of interethnic relations in the context of the Spanish colonial settlements established in the Valdés Peninsula (Chubut province, República Argentina): San José Fort and Puesto de la Fuente (1779-1810). We specifically present, describe and examine the episodes of inter-ethnic tensions and violence in these settlements over time. To achieve this, we will focus on the analysis and critical discussion of the information provided by the primary sources throughout the 31 years of occupation. Understanding the uniqueness of intercultural relations in these scenarios necessarily involved approaching them from a comparative perspective, by considering their broader historical and regional trajectory in Patagonia in the time period investigated. Consequently, we were able to identify the prominent role of indigenous groups from Southern Patagonia and recognize multiple factors contributing to the genesis of the indigenous raids experienced by these colonial settings. These results unveil the complex network of intercultural connections and colonial relations during the late colonial period in Patagonia.

Keywords: Patagonian coast, Spanish colonialism, interethnic conflict, intraethnic relations, 18th -19th centuries.

 

Resumo

O objetivo deste artigo é abordar a natureza predominantemente conflituosa das relações interétnicas no contexto dos enclaves coloniais espanhóis estabelecidos na Península Valdés (província de Chubut, República Argentina): o Forte San José e o Posto de la Fuente (1779-1810). Procuramos apresentar, descrever e examinar ao longo do tempo, os episódios de tensões e violência interétnica nestes locais. Para isso, a análise será centrada na crítica às informações fornecidas por fontes primárias ao longo dos 31 anos de ocupação daqueles locais. A compreensão da singularidade das relações interculturais nestes cenários implicou necessariamente no uso de uma perspectiva comparativa a partir de sua trajetória histórica e regional mais ampla na Patagônia. Desta forma, foi possível estabelecer um papel protagônico aos grupos indígenas da Patagônia Austral, bem como a identificação de múltiplas causas para a origem dos malones que estes locais sofreram. Estes resultados revelam a complexa teia de vínculos interculturais e as relações coloniais durante o final do período colonial na Patagônia.

Palavras-chave: Costa patagônica, colonialismo espanhol, conflito interétnico, relações intraétnicas, séculos XVIII-XIX.

 

Introducción

El presente trabajo se propone indagar y discutir, desde la perspectiva de la Antropología y la Arqueología Históricas, las posibles causas del carácter predominantemente conflictivo de las relaciones interétnicas en el contexto del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente (1779-1810, península Valdés, provincia de Chubut, República Argentina). A nivel particular, se busca presentar, caracterizar y analizar de forma diacrónica los episodios de fricciones y violencia interétnica en dichos enclaves. Para ello, nos centraremos en el análisis y la confrontación crítica de la información suministrada por las fuentes primarias a lo largo de los 31 años de ocupación de los asentamientos. Los establecimientos de península Valdés fueron creados como parte del proyecto de colonización española a fines del siglo XVIII, integrando una red de enclaves poblacionales, militares y económicos sobre el litoral atlántico patagónico. De este modo, entre 1779 y 1790 se fundaron: 1) el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente (península Valdés, provincia de Chubut), 2) el Fuerte Nuestra Señora del Carmen (Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires), 3) la Nueva Colonia y Fuerte de Floridablanca (San Julián, provincia de Santa Cruz) y 4) el establecimiento de la Real Compañía Marítima (Puerto Deseado, provincia de Santa Cruz) (Fig. 1).

 

Figura 1: (a) Localización de los enclaves creados como parte del proyecto de colonización española de la costa atlántica patagónica a fines del siglo XVIII. (b) Detalle de la localización del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente, península Valdés, provincia de Chubut. Fuente: elaboración propia.

 

Una de las claves para comprender el proceso de estructuración de las relaciones interétnicas en península Valdés ha sido el enfoque multiescalar, diacrónico y comparativo con los otros enclaves que integraron el mismo proyecto colonizador. Las investigaciones realizadas han permitido establecer que el Fuerte San José representa un caso anómalo en lo que refiere a la estructuración de las relaciones interétnicas en la costa patagónica a fines del siglo XVIII. En este sentido, las interacciones entre indígenas e hispano-criollos se caracterizaron principalmente por su carácter esporádico y conflictivo durante los 31 años que funcionó el fuerte (ver Fig. 2) (Buscaglia, 2015, 2017). En cambio, en los casos de la colonia de Floridablanca (Buscaglia, 2012, 2017) y el establecimiento de la Real Compañía Marítima (Buscaglia, 2019, 2021), las relaciones interculturales fueron sostenidas en el tiempo, en ocasiones cotidianas y, en general, de carácter pacífico o ambivalente, con episodios aislados de conflictos interpersonales entre indígenas e hispano-criollos. Ello se vuelve aún más significativo si tenemos en cuenta, como se desarrollará más abajo, que en la mayor parte de los casos participaron los mismos grupos indígenas que interactuaron con los otros enclaves coloniales. El Fuerte Nuestra Señora del Carmen por su parte, si bien fue un escenario más complejo desde el punto de vista de las relaciones interculturales, los episodios de fricciones y conflictos no alcanzaron las dimensiones observadas en península Valdés (e.g. Gorla, 1983; Irurtia, 2002; Nacuzzi, 2005; Luiz, 2006; Alioto, 2011, 2014; Enrique, 2012).

En cuanto al carácter esporádico de las relaciones interétnicas, fue posible establecer que la presencia y ausencia de parcialidades indígenas procedentes de Patagonia Austral en península Valdés se encuentra relacionada con los abandonos de la colonia de Floridablanca y de la Real Compañía Marítima y, posiblemente, con el incremento del tráfico de embarcaciones de exploradores, loberos y balleneros (ver Fig. 2). Mientras los establecimientos coloniales funcionaron, los documentos históricos analizados no registran prácticamente la presencia indígena en la península, en tanto que la evidencia arqueológica ha resultado elusiva en lo que refiere a indicadores materiales que den cuenta de interacciones cotidianas sostenidas en el tiempo entre la población indígena y la hispano-criolla en las inmediaciones de los enclaves coloniales (Alberti y Buscaglia, 2015; Bianchi Villelli, Buscaglia, Calandrón y Sellanes, 2019; Buscaglia, 2017, 2021). Ello explicaría en parte por qué el primer contacto fue tan tardío en este contexto (1787) y con un carácter intermitente.


 

Figura 2: Línea de tiempo en la que se presenta una síntesis de la correlación entre la creación y abandono de los enclaves de Floridablanca, la Real Compañía Marítima y el Fuerte San José, las relaciones interétnicas y el carácter de las mismas en Península Valdés. Fuente: elaboración propia.

 

De los cuatro enclaves, solo el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente fueron abandonados como consecuencia de un ataque indígena en 1810. Este evento habría implicado la destrucción de una parte de las instalaciones, así como la muerte y cautividad de pobladores. Se trata de un hecho que podría ser considerado como de una violencia inusitada y de carácter excepcional en el contexto colonial investigado, incluso en el marco del conocimiento que se tiene de las prácticas indígenas relacionadas con la violencia interétnica.

En lugar de entender la conflictividad interétnica a partir de episodios aislados, en este trabajo se busca situarla en el marco de un proceso que, por muy escasos momentos, estuvo atravesado por situaciones de ambivalencia y convivencia pacífica. Ahora bien, ¿qué sucedió en el contexto de los enclaves españoles de península Valdés para que las relaciones interétnicas tuvieran un carácter predominantemente conflictivo durante la ocupación colonial? Desde este punto de vista, consideramos imprescindible un abordaje desde una perspectiva espacial, social y cronológicamente amplia para poder formular hipótesis acerca de sus causas, teniendo en cuenta los amplios rangos de movilidad de las poblaciones indígenas patagónicas, su articulación con otros grupos emparentados y aliados, así como con los establecimientos coloniales y el tipo de acciones desplegadas, sobre la base de un análisis contextual, histórico y teóricamente informado como se desarrollará a continuación.

 

Abordaje teórico-metodológico

El abordaje de la violencia intra e interétnica en el contexto de la Araucanía, Pampa y Patagonia Septentrional, presenta un sólido desarrollo en el campo de la Antropología Histórica y la Etnohistoria donde, cabe destacar, la preocupación por abordar la complejidad de estas prácticas, sus características y significados en términos de las propias lógicas indígenas, especialmente en lo que respecta a la problemática de los malones (e.g. León Solís, 1986; Crivelli Montero, 1991; Boccara, 1999; Villar y Jiménez, 2003; Alioto, 2011, 2014; Jiménez y Alioto, 2011; Carlón, 2014; De Jong, 2015; Roulet, 2018; Cordero, 2019).

Dado que una buena parte de los episodios de fricciones interétnicas en península Valdés podrían enmarcarse en la práctica de los malones, es preciso realizar una breve caracterización de los mismos. En líneas generales, los malones han sido descriptos como operaciones rápidas y sorpresivas que tenían como finalidad principal la captura de ganado y cautivos evitando, en la medida de lo posible y según las coyunturas, el enfrentamiento directo, salvo cuando situaciones graves lo ameritaban (e.g. un asesinato). Sin embargo, estas acciones implicaban -a veces en simultáneo- una variedad de prácticas no solo económicas, sino también sociales, políticas y simbólicas -con raigambre profunda en las sociedades nativas-, amparadas en una lógica que podía oscilar desde la compensación ante un daño o un derecho violentado hasta el abastecimiento económico e, incluso, la guerra. Asimismo, en el mundo colonial y republicano, los malones formaron parte, en muchas ocasiones, de una ecuación ambivalente donde el otro término era la diplomacia en el marco de una estrategia que alternaba entre la presión y la negociación para obtener acuerdos favorecedores para los grupos indígenas (e.g. Alioto, 2011; Carlón, op cit.; De Jong, 2016; Cordero, op cit.).

Por lo tanto, en la génesis de los malones podían operar distintos factores causales que, en muchos casos, incidían sobre su magnitud y características (Crivelli Montero, 1991; Boccara, 1999; Alioto, op cit.; Jiménez y Alioto, op cit.; De Jong, op cit.; Cordero, op cit.). Se trataba entonces de acciones heterogéneas -en contraposición a la mirada homogeneizante de la historiografía tradicional- que no solo resultaban de la convocatoria de grandes líderes, sino que también podían ser organizados de forma independiente por caciques secundarios y guerreros, debido al carácter limitado de los liderazgos indígenas en Pampa y Patagonia (De Jong, 2011; Jiménez y Alioto, op cit.; Cordero, op cit.; Davies Lenoble, 2021). Cordero (op cit.) ha establecido una tipología de los malones según su envergadura, la cual resulta operativa para el presente trabajo. Así, los malones pueden clasificarse en pequeños (hasta 100 guerreros), medianos (entre 100 y 500 guerreros), grandes o muy grandes (más de 500 guerreros), siendo estos últimos más formales ya que podían implicar la confederación de caciques importantes pertenecientes a parcialidades diferentes y distantes geográficamente. Por último, es importante mencionar que tanto para el siglo XVIII como para el XIX, distintos investigadores han demostrado que la captura de animales tuvo un grado variable de éxito en la práctica y fue de carácter más bien complementario que central en el contexto de las economías indígenas (e.g. Alioto, op cit.; Carlón, op cit.; Cordero, op cit.).

El abordaje al entramado de las relaciones intraétnicas y de los episodios de conflictividad interétnica en península Valdés, implicó la sistematización, el análisis y la confrontación crítica de múltiples y diversas fuentes históricas primarias -tanto inéditas como éditas- producidas en el marco de los cuatro enclaves creados por la corona española en la costa patagónica (siglos XVIII-XIX) y alojadas en repositorios nacionales como internacionales. Como resultado, se elaboraron dos bases de datos en Excel. La primera tuvo por objeto generar información sobre el cuadro macrorregional de las relaciones interculturales en el período investigado. Esta base de datos agrupa siete variables y registra 148 entradas relevadas para el período que va de 1779 a 1810. La segunda base de datos se elaboró tomando como referencia la propuesta de Cordero (op cit.) para abordar los malones en la frontera bonaerense entre 1865-1870. A nivel específico, se buscó sistematizar y analizar, tanto la presencia pacífica de los indígenas, como de incursiones asociadas a la captura de ganado, cautivos como a la violencia interpersonal en los contextos del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente entre 1779 y 1810. La base de datos está conformada por 28 variables y registra 14 entradas para el período comprendido entre 1787 y 1810.

El enfoque tanto microhistórico como multiescalar, diacrónico y comparativo con los otros enclaves que integraron el mismo proyecto colonizador, hizo posible no solo superar algunos de los sesgos inherentes a las fuentes, sino reconstruir la trama de las relaciones interculturales en península Valdés, dadas las particularidades de la evidencia documental -fragmentariedad y dispersión- y arqueológica -escasez y ambigüedad- para dicho contexto. Estos desafíos se convirtieron en una oportunidad para ampliar el foco de las investigaciones e imprimir complejidad al análisis de las relaciones coloniales.

 

Caciques, territorios y redes

Uno de los interrogantes básicos para entender el devenir de las relaciones interétnicas en península Valdés, fue establecer qué grupos y caciques interactuaron con los enclaves coloniales, con el fin de comprender, por un lado, la complejidad del entramado de las relaciones intraétnicas en la Patagonia Atlántica centro-meridional durante el período colonial tardío y, por otro lado, acercarnos a las posibles causas de la conflictividad en estos escenarios. Como han señalado distintos autores, el enfoque en las redes parentales y políticas permite evaluar la fluidez de las relaciones de poder, ampliar el foco sobre los actores participantes y establecer la dinámica de la geopolítica indígena (e.g. Nacuzzi, 2005; Nacuzzi y Lucaioli, 2017; Vezub y Mazzalay, 2016; Buscaglia, 2019; Davies Lenoble, op cit.; Enrique, 2021). Como veremos más adelante, la comprensión del cuadro de relaciones intraétnicas resulta primordial para interpretar las tensiones interétnicas en península Valdés.

Uno de los resultados más reveladores a partir del análisis de los indicios en el marco de un cuadro fragmentario sobre las redes de parentesco y alianzas de las parcialidades indígenas que interactuaron con los establecimientos patagónicos, fue la identificación en las fuentes primarias analizadas de un protagonismo destacado en península Valdés de indígenas emparentados y aliados que, si bien -con algunas excepciones- dominaban el territorio de Patagonia Austral, sus circuitos de movilidad durante el período colonial tardío se extendían hasta al menos el Norte de la región (ver Nacuzzi, op cit.; Luiz, op cit.; Buscaglia, 2017, 2019, 2021; Davies Lenoble, op cit.).[1] En la Tabla 1 se presentan la correlatividad de los distintos nombres asignados a los caciques en función de variaciones fonéticas y la imposición de nombres españoles (ver Nacuzzi, op cit.; Nacuzzi y Lucaioli, op cit.), zonas de influencia en la costa patagónica atlántica, sus relaciones de parentesco y de alianza entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.[2]

 

Cacique

Zona de influencia

Parentesco

Alianza

Referencias

Camelo

o

Julián Gordo

Puerto Deseado al río Santa Cruz

(provincia de Santa Cruz)

Pecona y Patricio (hermanos), Onos (cuñado)

Pola, Cohopan, Ayzo, Cocnoros, Carmen, Iñiz, Vicente, Archajal

Viedma, [1783] 1972a y b

Vicente

Puerto Deseado

(provincia de Santa Cruz)

Chaiguas, Coayuja y Enis (hermanos)

Archajal (tío materno)

Camelo, Pecona y Patricio, Sapa.

De la Peña, 1790; Gutiérrez de la Concha, 1795; Elizalde y Ustáriz, [1792] 1938; González, [1798] 1965.

Archajal

o

Azzajal, Azajal

Indeterminada

Vicente (tío materno de Vicente)

Camelo, Arret, Escaguan, Sapa

Viedma, [1783] 1972b; Gómez, 1787

Gogeuna, Cogeuna

o

Kaeona

San Julián

(provincia de Santa Cruz)

--

 

Camelo, Guari, Archajal y Gergona.

De Aorres, 1787; Gómez, 1787

Capón

o

Cohopán, Coopan

 

Río Santa Cruz y estrecho de Magallanes

(provincia de Santa Cruz)

Sapa (emparentados por la mujer de Capón)

Vicente, Camelo

Viedma, [1783] 1972a y b; González, [1798] 1965

Ulquinquenque

o

Olquinquenque, Orquinquenque, Orguinguengue

Puerto Deseado

(provincia de Santa Cruz)

--

Conoria, Vicente, Coayuja.

Parentesco: padre de Sacuala

Viedma, [1783] 1972b; Elizalde y Ustáriz, [1792] 1938

Zauque

o

Yanque, Yauque, Sauque

Puerto Deseado

(provincia de Santa Cruz)

--

Vicente

Muñoz, 1793; González, [1798] 1965; Aragón, 1809a y b, 1810a; De León, 1809a y b

Conoria

o

Cocnoros

Territorio 25 días al norte de San Julián/Golfo San Jorge (provincias de Chubut y Santa Cruz)

--

Camelo, Vicente, Ulquinquenque, Cheigua, Capón, Pecona y Patricio.

Viedma, [1783] 1972a y b; De la Peña, 1790, 1791; Muñoz, 1791; Elizalde y Ustáriz, [1792] 1938, González, [1798] 1965

Ayzo

o

Aysu

Entre el puerto de Santa Elena y el de San Gregorio

(provincia de Chubut)

Ulquinquenque (hermano o cuñado) y (tío de) Sacuala

 

Camelo

 

Viedma, [1783] 1972a y b; De la Peña, 1791

Carmen o Camaen

A dos días al norte de Puerto de Santa Elena

(provincia de Chubut)

--

Camelo

Gómez, 1787

Gergona

o

Corgona, Gorgona

 

Puerto San Gregorio/río Coona, entre el Puerto San José y el de Santa Elena

(provincia de Chubut)

--

Camelo, Cogeuna

Viedma, [1783] 1972b; De la Peña, 1791

Chaiguas

o

Cheigua, Chegües, Cheigues

 

Golfo San José

(provincia de Chubut)

Vicente, Coayuja y Enis (hermano)

Conoria, Capón, Pecona y Patricio

Viedma, [1783] 1972b; De la Peña, 1790; Muñoz, 1792

 

Tabla 1: Correlatividad de los distintos nombres asignados a los caciques, sus zonas de influencia en la costa oriental patagónica,

relaciones de parentesco y de alianza (fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX). Fuente: elaboración propia.

 

Entre los principales líderes identificados de forma recurrente en las fuentes en función de sus relaciones con los enclaves coloniales podemos mencionar a: Camelo o Julián Gordo, sus hermanos Pecona[3] y Patricio; Vicente; Chaiguas; Capón; Conoria y Zauque, entre otros. Tanto ellos como sus tribus mantuvieron estrechas relaciones con los enclaves de Floridablanca y la Real Compañía Marítima (Buscaglia, 2019, 2021) y, en menor medida, pero no menos importante, con el Fuerte Nuestra Señora del Carmen emplazado en un territorio dominado por otros grupos indígenas con los cuales los patagónicos mantenían relaciones, tanto pacíficas como hostiles (Nacuzzi, op cit.; Luiz, op cit.; Alioto, op cit., Davies Lenoble, op cit.).

 

La trayectoria de la conflictividad interétnica en península Valdés (1779-1810)

Como se muestra en la Figura 2, las relaciones interculturales en el contexto del Fuerte San José y el Puesto de la Fuente, presentan un carácter esporádico y predominantemente conflictivo. Sobre la base del análisis de las fuentes escritas primarias, ha sido posible aislar dos ciclos de conflictividad cuyas causas intentaremos desentrañar a continuación.

 

Primer ciclo de conflictividad: 1786-1788

Como parte de este primer ciclo de fricciones interétnicas en península Valdés, en este apartado se presentará evidencia sobre el inicio tardío de un proceso de deterioro creciente de las relaciones entre indígenas e hispano-criollos en apenas dos años, donde prevalecerá la violencia interpersonal, así como la captura y matanza de ganado vacuno y equino de los enclaves coloniales, quizás como respuesta inicial a la usurpación que los colonizadores hicieron de un territorio con recursos concentrados y valorados, a lo que se sumaron desmanejos en los protocolos de reciprocidad y el asesinato de un reconocido cacique y un pariente de otro.

Luego de algunas fricciones menores a partir del encuentro inicial en 1779 (Villarino, 1779), uno de los primeros actos de hostilidad registrado para parcialidades oriundas de Patagonia tuvo lugar en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen en 1785. Durante el invierno de ese año –meses de junio y julio- los documentos históricos dan cuenta de incursiones de grupos indígenas liderados por caciques patagónicos –e.g. Gergona- para sustraer centenares de cabezas de ganado vacuno, equino y ovino del puesto San Xavier - margen sur del río Negro- dependiente del Carmen (Tafor, 1785).[4] Un año más tarde, en 1786 en un interrogatorio realizado a un indígena de nombre Carlos, integrante de la tribu del cacique Julián Camelo, se consigna nuevamente la apropiación de ganado del mencionado fuerte y el asesinato de un poblador y un soldado del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires (“Indio Carlos” en Gómez, 1787). Inicialmente, el cacique Julián Camelo fue culpado por esta acción, demandándose su captura y arresto, aunque no sin el temor de suscitar una confederación de los indígenas en venganza (Quintana, 1787a). En los registros consultados no se encontró evidencia de que esta acción se haya concretado. No obstante, el indígena interrogado echa un manto de duda sobre la participación de Julián, ya que señala que el cacique no habría estado implicado directamente, pero sí habrían participado sus indios y caciques aliados, como Arret, Escaguan y Azzajal (“Indio Carlos” en Gómez, op cit.). También, éstos podrían haber actuado de forma independiente según era habitual en las prácticas de los indígenas de Pampa y Patagonia (Cordero, op cit.). Como se desarrolló en el acápite anterior, el cacique Azzajal fue efectivamente un reconocido aliado de Julián Camelo, tal como se demuestra de forma independiente a través de distintos documentos históricos.

El primer episodio de fricciones interétnicas registrado en el contexto del Fuerte San José ocurrió en una fecha no precisada de 1786 donde el cacique Camaen, también aliado de Julián Camelo, habría encabezado una incursión donde participaron entre 7 y 40 individuos a caballo, como resultado de la cual fueron muertos un peón y un soldado (“Indio Carlos” en Gómez, op cit.). Para el caso de esta incursión no se señala la sustracción de ganado vacuno o equino ni otro tipo acciones, pero según un oficio sin remitente dirigido al comandante del Carmen, el ataque a estos individuos se produjo en un paraje entre el Puesto de la Fuente y el Fuerte San José, cuando se encontraban trasladando sal en el marco de la explotación comercial realizada por el comerciante Francisco Medina (S/a, 1787; Bianchi Villelli, 2017).

El segundo episodio tuvo lugar durante el mes de junio de 1787, encabezado por los caciques Cogeuna y Guari, presuntamente procedentes de San Julián y aliados del cacique Julián Camelo, según la declaración del “Indio Carlos” (en Gómez, op cit.). Junto a ellos se habrían movilizado a la península unos 200 indígenas (Burriño, 1787a). Este episodio implicó la muerte de un indígena y un soldado, así como la apropiación y matanza de vacunos y equinos. Con respecto al indígena muerto cabe señalar que, luego de que su cadáver permaneciera doce días a la intemperie, fue decapitado y su cabeza trasladada al fuerte para su reconocimiento (Burriño, 1787a). Los hispanos-criollos presumían que se trataba del cacique Julián Camelo. Sin embargo, otros documentos contradicen esta presunción. El primero es la declaración del “Indio Carlos”, quien afirma que el fallecido era un hermano del cacique Guari llamado Guetechunque (“Indio Carlos” en Gómez, op cit.). El segundo da cuenta de la visita del cacique Julián Camelo junto a una pequeña comitiva al Fuerte San José casi un año más tarde, en mayo de 1788 (Lucero, 1788).

En cuanto a la sustracción y matanza de ganado vacuno y equino, se trataría al menos del primer hecho registrado en el contexto de los enclaves coloniales de península Valdés.[5] El mismo fue realizado por otra partida cuando los animales estaban siendo conducidos para ser encerrados en los corrales, mientras se producía el enfrentamiento entre los indígenas e hispanos-criollos señalado más arriba. A principios de agosto con el objeto de cerciorarse de la salida de los indígenas de la península y encontrar animales que no se hubiesen llevado, se identificaron 14 bueyes y un caballo muerto a chuzazos (Burriño, 1787b). Este evento puso en alerta al comandante de San José, quien solicitó tropa de refuerzo al fuerte del Carmen, particularmente para custodiar las carretas indispensables para el traslado de agua desde el Puesto de la Fuente al fuerte en la costa (Burriño, ibíd.). Sin embargo, el auxilio solicitado no fue enviado (Quintana, 1787b).

No será hasta mayo de 1788 que las fuentes históricas vuelven a referir la presencia indígena en península Valdés. En esta ocasión, como mencionamos más arriba, se hizo presente junto a dos mujeres y dos hombres, el cacique Julián Camelo, quien había sido dado por muerto en una incursión el año anterior. De acuerdo al oficio del comandante del Fuerte San José, Francisco Lucero (op cit.), el cacique se presentó para evaluar qué clase de capitán era en función de su intención de instalar sus tolderías en cercanías al fuerte (como lo hiciera con Floridablanca y el Carmen) (para más información ver Nacuzzi, 2005; Buscaglia, 2015). Durante la visita, Julián Camelo previno a Lucero que el cacique Sapa -ver Tabla 1- tenía la intención de robar ganado vacuno, pero despertó sospechas en el comandante al preguntar donde se encontraba el mismo. Ante la imposibilidad material de obsequiarlo como su rango merecía, en palabras del comandante Lucero el cacique manifestó: “[…] mucho disgusto de que le diese aquella carne salada, añadiendo que yo era Capitán malo, pobre, que no le daba Aguardiente ni Yerba […]” (Lucero, op cit.).[6] La visita del cacique Julián Camelo terminó de la peor manera posible, debido a que entre su tropilla se identificó un caballo de los diecisiete que le sustrajeron a Francisco Medina el año anterior. Por este motivo el cacique y sus acompañantes fueron arrestados para ser enviados al Fuerte Nuestra Señora del Carmen. Julián en su defensa culpó a un hermano suyo[7] de las acciones cometidas tanto en este último establecimiento en 1786 como en península Valdés en 1787 (Lucero, op cit.).[8] Durante el traslado en barco hacia el Carmen, el cacique Julián Camelo fue asesinado durante un intento de fuga (Carrelero en Nuñez, 1788; Gil, 1788). Al respecto, la declaración del oficial a cargo de su custodia, el subteniente de Granaderos Don Bernardo Durán, da cuenta de la violencia del acto:

 

[…] hice que la tropa que se hallaba de guardia tomase sus armas para hacerles fuego de lo que solo dos fusiles lo hicieron, pues los otros cuatro solo dieron varios [rastrillazos] cuyos dos tiros al parecer los recibió el cacique Julián, inmediatamente hice se embarcasen los marineros y dos soldados para ver si los podían alcanzar para traerlos a bordo y no pudieron coger más que al cacique, el que dicen los marineros y soldados no pudieron sujetarlo y [quebrando] su resistencia le dieron algunas puñaladas en los brazos pero no siendo suficiente lo degollaron y luego lo dejaron ir río abajo […]” (Durán en Núñez, 1788).

 

La gravedad del hecho implicó el arresto y enjuiciamiento de Durán, así como la preocupación de las autoridades del Carmen ante la venganza de los indígenas por la muerte del cacique, una vez enterados por la fuga de otro de los prisioneros que logró escapar con vida (Gil, op cit.). El tercer hombre murió sin causa violenta aparente a bordo de una de las embarcaciones y las dos mujeres continuaron prisioneras (Gil, op cit.).

Poco tiempo después del asesinato del Julián Camelo, desde el Fuerte San José se vuelve a informar en el mes de julio de 1788 sobre la presencia indígena en península Valdés. Si bien no se produjeron encuentros directos, desde la comandancia reportan la sustracción de ocho caballos. Sin embargo, en agosto de ese mismo año, se notifica sobre el encuentro entre un peón y un indígena a caballo, quien huyó ante un disparo con un arma de fuego por parte del primero. En el marco de la persecución se dio con cinco indígenas más que lograron huir, aunque el comandante Lucero afirma que fue una estrategia para conducir a los españoles donde se encontraba un número mayor de ellos, ya que en una laguna cercana se identificaron rastros que respaldaban esta sospecha, así como de una vaca flaca muerta a chuza y su cría con señales de haber sido consumida (Lucero, 1789).

Tal como se ha podido corroborar de forma aislada en documentos posteriores, el asesinato del cacique Julián produjo un profundo malestar entre las parcialidades indígenas relacionadas o emparentadas con su tribu, debido a la pérdida de uno de los principales referentes de poder. El encargado del transmitir estas noticias en dos oportunidades fue el piloto Don José de la Peña cuando participó de la expedición de Alejandro Malaspina (1789-1794). La primera fue en febrero de 1790 donde le comunica al virrey que, estando anclado en enero de ese año en la boca del río Santa Cruz, se encontró con los caciques Pecona, Patricio, Cheigua, Vicente, Conoria, Capón y Ocarauque y, llevándolos todos a bordo, Capón que dominaba muy bien el castellano:

 

Añadió que la muerte de Julián los tiene muy quejosos, por cuya causa tienen los caciques conversaciones sobre que quieren pasar a hacer, pero que no se atreven, que los caciques bien conocen con quien han de tener rencor sobre la muerte de Julián, y que así no tuviese yo miedo de ellos (De la Peña 1790: 10).

 

Más adelante, en el mismo documento refiere que una vez en tierra el cacique Cheigues le dijo que:

 

[…] los hermanos de Julián tenían mucho que hablarme, y que yo fuese escribiendo, para luego yo hablar con el Capitán Grande de Buenos Aires (pues así nombran al Virrey) dejándome confuso porque habiéndoles dicho que dijeran y escribiría, me dieron a entender que no era tiempo porque querían ir (De la Peña, 1790: 11).

 

Quizás esta intención de comunicación de los hermanos de Julián con el virrey se relacione posiblemente con la muerte del cacique. En 1791, en el marco de tareas de reconocimiento de la costa santacruceña y con la Real Compañía Marítima ya establecida, el piloto en otro oficio dirigido al virrey expresa que en un encuentro en las inmediaciones de San Julián con el joven Sacuala y los caciques Coayujan, Olquincuenque, Conoria y Vicente, el primero dio cuenta del deseo del cacique Corgona de vengar la muerte de Julián Camelo, incitando a los hermanos de este último para atacar el Fuerte San José y asesinar a los cristianos. Se agrega además que cuando dicho cacique se enteró de la muerte de Julián, mató a dos presidiarios desertores que se encontraban en su toldería y que habían huido de Floridablanca en 1781 (De la Peña, 1791).[9] Hacia fines de 1791, Juan Muñoz informa desde Puerto Deseado sobre el asesinato de un joven ayuda de cámara y despensero con quien era muy cercano, por parte de un hijo del cacique Julián y otro del cacique Patricio, quizás como un acto de justicia diferido contra los españoles para vengar la muerte de aquel cacique. También notifica sobre la sustracción de caballos del establecimiento en manos del cacique Patricio de acuerdo a lo informado por Vicente (Muñoz, 1791).

Durante toda la década de 1790 las autoridades del Fuerte San José no refieren la presencia de grupos indígenas en las inmediaciones, probablemente porque la instalación de la Real Compañía Marítima en Puerto Deseado representó un escenario más cercano y atractivo para las poblaciones nativas de Patagonia Austral (Buscaglia, 2019, 2021). A ello debemos agregar el restablecimiento de relaciones pacíficas de los parientes del cacique Julián con el Fuerte Nuestra Señora del Carmen (Davies Lenoble, op cit.).

 

Segundo ciclo de conflictividad: 1803-1810

A diferencia de la primera etapa, en el segundo ciclo con una duración de siete años, se observa que las acciones de los indígenas contra los enclaves de Península Valdés se intensifican y evidencian un mayor grado de magnitud y de organización. Como se mostrará a lo largo del apartado, en ello habrían confluido múltiples causas, que se relacionan, incluso, con eventos señalados en el primer ciclo de conflictividad.

No será hasta 1803 que, en las fuentes escritas consultadas, se registran referencias sobre la presencia indígena en península Valdés. Tan solo se trata del encabezado que acompaña un oficio faltante como adjunto elaborado por el comandante del Fuerte Nuestra Señora del Carmen, quien refiere la apropiación de ganado vacuno en San José, sin brindar mayores detalles al respecto (Reyna, 1803).

En el contexto de las invasiones inglesas al Río de la Plata, resulta de importancia mencionar el abandono en septiembre de 1807 del establecimiento de la Real Compañía Marítima en Puerto Deseado. El enclave se había quedado sin provisiones ni bienes para agasajar a los indígenas, razón por la cual, según el informe del comandante, éstos les impedían salir a cazar en sus inmediaciones (Martínez, 1807).

A partir de 1808 se observa una intensificación de las acciones de los indígenas contra el Fuerte San José, consignándose para el mes de diciembre una segunda entrada de estos a península Valdés, aunque no hemos registrado documentación sobre la primera. En esta ocasión, las poblaciones nativas habrían tomado cautivos –sobre los cuales no volvimos a encontrar mención-, sustraído toda la caballada, un número no precisado de yeguas y unas 600 cabezas de ganado vacuno, por lo que el comandante del Carmen informa al virrey que, de no haber enviado 10 caballos, los pobladores del fuerte no tendrían para carnear (Aragón, 1809a). Es preciso señalar que desde el año 1788 (para ampliar información ver Buscaglia, 2015) hasta el fin del Fuerte San José, fueron constantes los pedidos para trasladar el fuerte a la angostura de la península para controlar y evitar así el ingreso de los indígenas a la misma. Sin embargo, a pesar de la insistencia, este plan nunca prosperó. Asimismo, tanto el Carmen como San José no tenían el armamento suficiente[10] ni las condiciones para defenderse del ataque de las poblaciones nativas, tal como lo expresa de forma elocuente el comandante del primero:

 

Respecto a que nos hallamos rodeados de tanta Indiada, y que la artillería que aquí existe nada vale menos que su cureñaje, y que esta solo sirve en apariencia para amedrentar a los Indios, que no tienen conocimiento de su inutilidad […] (Aragón, 1809a).

 

En un oficio fechado el 20 de diciembre de 1809, el comandante del Carmen, Antonio Aragón, informa al virrey sobre dos entradas que realizaron los indígenas en Península Valdés, donde consigna que el 28 de junio y el 13 de agosto de dicho año, un total de 25 caciques condujeron una numerosa indiada contra el fuerte sustrayendo entre 6.000 y 8.000 cabezas de ganado vacuno,[11] toda la caballada, así como el ganado lanar y cabrío. En su retirada se fueron con ellos un dragón armado llamado Juan Castillo y dos peones, quienes les habrían servido de vaqueanos en el interior de la península. En el oficio, Aragón declara también los nombres de 25 caciques que participaron de las incursiones, aunque desconocemos su fuente. Para la primera entrada se consignan once caciques: Colchecan, Cosjuna, Coquiel, Tanama, Agleco, Lagula (o Sagula), Almaun, Egola, Someca (?), Cutater (?) y Cucajal. Para la segunda se identificaron catorce caciques: Zauque, Cochecal, Zenchil, Selu, Bajenaman, Cuteleon, Sil, Biejey, Toconel, Cutequerterpes, Aucanel, Silguioa, Conceama, Zameyama (Aragón, 1809d). Si bien no disponemos de evidencia para respaldarlo, es posible de acuerdo al uso para confeccionar los registros, que la lista referida exprese una jerarquía de los líderes indígenas.

Poco tiempo después de las incursiones al Fuerte San José, en el mes de septiembre de 1809 las parcialidades de Patagonia Austral cobran protagonismo en los oficios elaborados por los comandantes del Carmen y San José. A principios de ese mes se menciona la llegada de tribus provenientes de Puerto Deseado, San Julián, el río Santa Cruz y demás inmediaciones, así como la escasez de provisiones para agasajarlos en el Carmen (Hidalgo, 1809). Durante el transcurso de ese mes también llegan este último establecimiento dos indígenas llamados Cosaquilquil y Cochejal conduciendo un pliego del comandante del Fuerte San José en el que informa: “[…] haberse inundado aquella península con la numerosa indiada de la que componen veinte y cinco caciques con motivo del abandono que se ha hecho por los cristianos de Puerto Deseado […] (el destacado me pertenece)” (Aragón, 1809b). Importa señalar que uno de los indígenas que se presentaron en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen probablemente fue uno de los caciques que participó de las incursiones. En este sentido Cochejal, tiene semejanzas fonéticas con Colchecan (1º incursión) y Cochecal (2º incursión).

Aragón solicita a la Real Hacienda –la que a su vez redirige parte de la compra a particulares por no disponer de ciertos artículos en los Reales Almacenes- lo necesario para surtir a tal efecto al Fuerte San José, así como una serie artículos para entregar a los dos indígenas que venían como emisarios para agasajar por su fidelidad y buenos servicios al cacique Yauque o Sauque quien, como ya señalamos más arriba (Tabla 1), fuera aliado del cacique Vicente (Aragón, 1809b) y aparece mencionado como uno de los caciques (Zauque) que participó, y quizás encabezó, la 2º incursión de 1809. En noviembre de ese mismo año, el indígena llamado Cosoquiel -con similitud fonética al cacique Coquiel (1º incursión) - regresó al Fuerte Nuestra Señora del Carmen desde el Fuerte San José enviado por el cacique Sauque con el objeto de agradecer en su nombre el “corto regalo” que se le hizo y ofrecer conducir dos de los tres desertores al Carmen a cambio de otra serie de artículos de valor para el cacique, así como de caballos y yeguas. Cabe señalar que los Reales Almacenes se hallaban desprovistos de la mayor parte de los bienes solicitados por el cacique, por lo que debían comprarse una vez más a particulares (Aragón, 1809c).

En diciembre de 1809, Aragón señala el gran “número de indiada” que se encontraba en el Carmen como resultado del abandono del establecimiento de la Real Compañía Marítima en Puerto Deseado y suministra un dato de interés al mencionar que cuando este se produjo en 1807, murieron una gran cantidad de indígenas como resultado de un contagio. Si bien omite la causa del mismo, se habría tratado de viruela como se mostrará en el siguiente acápite.

De los documentos analizados, no se desprende claramente, dada la escasez señalada para los Reales Almacenes y las dilaciones burocráticas para proveer el dinero para realizar las compras a particulares, que el cacique Sauque haya sido recompensado como solicitó por la entrega de los desertores, aunque si se corrobora en julio de 1810 –un mes antes del ataque al Fuerte San José- la entrega de dos de los mismos: el dragón Juan Castillos y el peón Lucas Teran, desconociéndose la suerte del tercero. Por ello se recompensó al “indio ladino Cosoquisquil” y a sus compañeros, quienes fueron los encargados de conducirlos al Carmen desde sus toldos y regresando al Fuerte San José (Aragón, 1810a).

A principios de septiembre de 1810, el comandante del Fuerte Nuestra Señora del Carmen comunica al virrey la necesidad de provisiones que tenía el Fuerte San José, tanto para su destacamento como para agasajar a la “numerosa indiada que aunque de paz es indispensable el obsequio de ellos […]” (Aragón, 1810b). Sin embargo, para esa fecha el ataque que puso fin a San José ya había sucedido y, cuatro días después de escrita la carta, llegarían al Carmen cinco soldados sobrevivientes pertenecientes al regimiento de dragones de Buenos Aires que relatarían lo sucedido.

De acuerdo a la narración de estos últimos, entre el 7 y el 8 de agosto de 1810, a diferencia de los episodios anteriores donde los indígenas no se acercaron a los enclaves, el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente respectivamente, fueron atacados por una “numerosa indiada”.[12] El relato de los sobrevivientes solo brinda detalles para el Fuerte San José, mencionando que el hecho se produjo mientras la mayor parte de la población se encontraba en la capilla en el oficio de la misa. Como resultado fueron muertos quince pobladores del fuerte, otros diecinueve fueron tomados cautivos y se sustrajeron todos los caballos, las yeguas y algunos vacunos, en tanto que unas 8.000 a 10.000 cabezas[13]quedaron en los campos.[14] Asimismo, según este relato todo lo correspondiente “a los Reales Almacenes Artillería, Pólvora, Armas y Municiones todo lo han quemado y lo más doloroso es que todo lo perteneciente a la Real Capilla lo han destrozado haciendo el uso más indecoroso de los vasos sagrados […]” (Aragón, 1810c).[15] Los cinco dragones testimonian que fueron parte de los prisioneros pero que en un descuido de los indígenas cuando se internaron tierra adentro, lograron recuperar algunas armas de las sustraídas al fuerte y asesinar entre 20 y 30 personas, por lo que pudieron huir para dirigirse al Fuerte Nuestra Señora del Carmen (Aragón, 1810c; Coca, 1810).[16]

En el siguiente acápite se discutirá el carácter de los episodios de conflictividad y las posibles causas de la misma en el marco de la trayectoria, tanto local como regional, de las relaciones intra e interétnicas a fines del período colonial tardío en Patagonia.

 

Discusión de los resultados

La comprensión y tipificación de los episodios de conflictividad interétnica en península Valdés, así como sus diversas expresiones a lo largo del tiempo, necesariamente requieren ser analizados e interpretados a la luz de las complejas lógicas y prácticas indígenas, donde lo jurídico, lo político, lo económico y lo simbólico se entrelazaban de distintas maneras según fuera el caso (e.g. Crivelli Montero, op cit.; Boccara, op cit.; Villar y Jiménez, op cit.; Alioto, 2011; Cordero, op cit.). Si bien resulta difícil establecer a ciencia cierta las causas de la conflictividad interétnica en península Valdés, dada la fragmentariedad de la información histórica disponible y las versiones unilaterales de los hechos recuperadas en las narrativas coloniales, la articulación y la confrontación de distintos registros nos permite esbozar algunas explicaciones.

Al contrario de lo observado por ejemplo en el caso del Fuerte Nuestra Señora del Carmen o en la frontera sur de Buenos Aires en momentos más tardíos, donde generalmente las incursiones eran realizadas por grupos indígenas que controlaban territorios cercanos a los asentamientos hispanos y criollos, en península Valdés intervienen casi de forma sistemática indígenas procedentes de Patagonia Austral, abriendo en simultáneo el interrogante sobre la falta de visibilidad de grupos más cercanos en términos geográficos. Sin embargo, tal como se desarrolló en el tercer acápite, los grupos australes patagónicos estaban vinculados entre sí y con caciques situados más al norte en la costa patagónica, por relaciones de alianza y parentesco.[17]

 

 

Año

Estación del año

Lugar

N Indígenas

Sustracción animales

Matanza Animales

Cautivos españoles

Asesinados españoles

Cautivos indígenas

Asesinados indígenas

Destrucción instalaciones

1786

s/i

OP

40

 

-

1

2

-

-

-

1787

O/I

OP

200

x

18

-

1

-

1

-

1788

O

OP

 

-

-

-

-

5

2

 

1788

I

OP

6

8

2

-

-

-

-

-

1803

s/i

s/i

s/i

600

-

-

-

-

-

-

1808

P/V

s/i

s/i

x

-

x

-

-

-

-

1809

I

s/i

“numerosa indiada”

6000 a 8000

-

-

-

-

-

-

1809

I

s/i

“numerosa indiada”

-

-

-

-

-

-

1810

I

FSJ y PF

“numerosa indiada”

x

 

19

15

-

-

x

 

 

Tabla 2: Síntesis de la presencia e incursiones indígenas en los enclaves coloniales de península Valdés. Simbología: (x) = presencia; (-) =ausencia.

Abreviaturas: FSJ= Fuerte San José; PF= Puesto de la Fuente; OP= Otro Paraje; V= Verano; O= Otoño; I= Invierno; P= Primavera; S/I= Sin Información.

La línea en gris representa la visita y captura del cacique Julián y sus acompañantes.

 

 

En la Tabla 2 presentamos una síntesis de las acciones llevadas a cabo por los indígenas con el objeto de clasificarlas e interpretarlas en función de sus lógicas y prácticas, así como de los posibles desencadenantes o causas próximas de las mismas, en el marco mayor de las ambivalentes relaciones desplegadas en los escenarios coloniales analizados.

Las incursiones indígenas identificadas en península Valdés contra los establecimientos coloniales podrían clasificarse en función de la cantidad de guerreros participantes según la diferenciación que establece Cordero (op cit.) ya señalada en el segundo acápite. Sin embargo, debemos ser cautos a la hora de extrapolar este modelo a las sociedades indígenas patagónicas australes de fines del siglo XVIII, no solo porque fue desarrollado para dar cuenta de las prácticas asociadas a la violencia de otros grupos étnicos en una región y un momento histórico diferente (1865-1870), sino también porque el número y grado de cohesión social de los grupos indígenas objeto del presente trabajo, probablemente fue menor al observado en otras regiones como la Pampa y la Araucanía en momentos más tardíos.

De las ocho incursiones registradas en las fuentes históricas en un lapso de 24 años que comprende el período entre 1786 y 1810, seis dan cuenta del número de indígenas que participaron o una idea general sobre el mismo. Así, las incursiones producidas en 1786 y 1788 podrían enmarcarse dentro de los malones pequeños. La incursión de 1787 podría corresponder a un malón mediano. Si bien para las dos incursiones de 1809 y la última de 1810, no contamos con información acerca del número de guerreros implicados, la alusión en las fuentes escritas a “una numerosa indiada”, la coalición de más de una decena de caciques para cada una de las incursiones de 1809 y la sustracción de numerosos animales, nos permiten clasificarlas como grandes malones. Sin embargo, el episodio de 1810 presenta una serie de particularidades en relación al grado de violencia desplegado, discordancias con respecto al modus operandi esperado de los malones indígenas e inconsistencias en las versiones sobre el hecho que hacen que su adscripción a un malón puramente indígena deba ser evaluada con cautela (ver discusión en Buscaglia 2023). Para los casos de las incursiones de 1803 y 1808, la información disponible es muy limitada.

Como puede apreciarse en la Tabla 2, en la mayor parte de los casos las incursiones tuvieron lugar durante el invierno. La estacionalidad observada, coincide con los movimientos hacia el noreste de los grupos indígenas de Patagonia Austral descripto a fines del período colonial, a diferencia de los grupos procedentes de la Araucanía que los realizaban en primavera (Alioto, 2011; Cordero, op cit.).

A primera vista, las causas de las incursiones podrían atribuirse al interés de apropiarse de las existencias ganaderas del fuerte, teniendo en cuenta que se encontraba mucho menos protegido que el Fuerte Nuestra Señora del Carmen. Sin embargo, un análisis más detenido sobre las fuentes indicaría otras causalidades, donde la sustracción de ganado puede no haber sido la motivación principal, considerando que el mismo fue escaso al menos durante las dos primeras décadas de la ocupación (Gorla, op cit.), en tanto que para la tercera década las cifras mencionadas en las fuentes no parecen ser muy confiables. La matanza de bueyes esenciales para el transporte del agua y de sal para su explotación comercial desde el Puesto de la Fuente al Fuerte San José, de caballos para el traslado y comunicación, así como el asesinato de pobladores de los enclaves durante el primer ciclo de conflictividad pueden ser interpretados en términos de una respuesta y una estrategia de presión de los indígenas a la usurpación de un territorio con una oferta atípica y concentrada de recursos. Desde este punto de vista, el área donde se estableció el Puesto de la Fuente presenta evidencias de ocupaciones de cazadores-recolectores que se remontan a mediados del Holoceno tardío y se intensifican hacia el final del período (Belardi, 2005; Gómez Otero, 2006; Alberti y Buscaglia, op cit.). Esta área, por la concentración de manantiales de agua dulce, sal de excelente calidad, presas y pasturas, pudo haber sido utilizada como campo de invernada de equinos y vacunos durante el período ecuestre. El caso de la Real Compañía Marítima podría ser un buen ejemplo donde, debido la falta de recursos para agasajar a los indígenas por el usufructo de recursos en el territorio usurpado, éstos presionaron a la población y le impusieron restricciones ante el incumplimiento de los protocolos de reciprocidad (Martínez, op cit.).

A nuestro criterio, un punto de inflexión en las relaciones interétnicas lo marcan los asesinatos del hermano del cacique Guari en 1787 y, especialmente, del cacique Julián Camelo en 1788. Si bien no hemos encontrado en los documentos analizados indicios sobre las repercusiones de la muerte del primero y, en el caso del segundo, a pesar de que su muerte no tuvo lugar en el Fuerte San José, fue en este escenario donde se lo acusó y arrestó, constituyen dos hechos de trascendencia que deben ser considerados en la discusión de las características y trayectorias de la conflictividad interétnica. Como vimos, la muerte de Julián Camelo produjo un profundo malestar entre sus parientes y aliados, quienes manifestaron abiertamente no solo su deseo de venganza atacando a San José, sino que también en 1791 un poblador de la Real Compañía Marítima y dos desertores que vivían refugiados en las tolderías del cacique Corgona, fueron asesinados en venganza por la muerte del cacique.

En este contexto nos preguntamos si el segundo ciclo de conflictividad (1803-1810) no podría tener relación con el homicidio del cacique Julián Camelo principalmente en el marco de una escasez de recursos materiales en el Fuerte San José para agasajar a los indígenas y reparar la ofensa, tal como lo establecían sus sistemas jurídicos en la región pampeano-patagónica (Boccara, op cit.; Jiménez, Alioto y Villar, 2018; Cordero, op cit.). Si tomamos como más cercano el caso del Fuerte Señora del Carmen, los documentos brindan distintos ejemplos relacionados con vendettas o Tautulun (Boccara, op cit.), donde se refieren tanto incursiones para sustraer animales en venganza del asesinato de líderes indígenas, como fue el caso del Capitán Chiquito en 1780, como negociaciones para compensar el daño (Alioto, 2011, 2014). Con relación a la muerte del cacique Julián Camelo es posible que nos encontremos ante una situación de venganza diferida o postergada en el tiempo, como se ha constatado en otros casos (Jiménez et al., 2018).

Otro factor que podría haber suscitado tanto la ira como el temor de los nativos, habría sido el contagio de viruela en Puerto Deseado que ocasionó numerosas muertes entre los indígenas luego de su abandono.[18] Ello habría sido también motivo suficiente para que estos grupos dejaran el área, tanto desde el punto de vista sanitario como de su sistema de creencias (Arms y Coan, [1833] 1939; D´Orbigny, [ca. 1835-1847] 1999).[19]

En el marco de la ambivalencia típica de las relaciones interétnicas en la región pampeano-patagónica, observamos que los indígenas que realizaron los malones de 1809, probablemente fueron los mismos que se establecieron en península Valdés a lo largo de ese año, como del siguiente. Como vimos, se trataba de grupos provenientes de Patagonia Austral. Zauque, uno de los caciques que encabezó el segundo malón de 1809, dominaba el territorio de Puerto Deseado y al ser aliado del cacique Vicente, no podrían descartarse vínculos con el grupo del cacique Julián Camelo.

Es preciso señalar que estas situaciones no debieron ser ajenas al contexto más general de las primeras décadas del siglo XIX. Desde este punto de vista, las catástrofes demográficas ocasionadas por la viruela desde fines del siglo XVIII entre las poblaciones nativas, las invasiones inglesas, las guerras de la independencia y los conflictos intertribales, afectaron el abastecimiento colonial para agasajar a los indígenas debido a la imposibilidad de enviar recursos desde la capital, lo cual habría contribuido a un clima de insatisfacción, inestabilidad y violencia, tanto a nivel local como regional (Davies Lenoble, 2021).

En relación a esto, es posible que las dilaciones o incluso el incumplimiento del pago de la recompensa al cacique Zauque por la entrega de dos desertores del Fuerte San José al comandante del Carmen –como señala D´Orbigny (op cit.) a partir del testimonio de uno de los sobrevivientes- haya sido un factor de peso en el malón que habría puesto fin a la ocupación colonial de península Valdés. Sin embargo, en el plano de las hipótesis consideramos que, si bien es una causa necesaria, no es suficiente para dar cuenta de la magnitud del ataque experimentado por los enclaves de península Valdés. Dado que se trata de una problemática que, debido a su complejidad, abordamos con mayor profundidad en otro trabajo, baste señalar que su interpretación se encuentra abierta a otros factores como, por ejemplo, la venganza por el homicidio del cacique Julián Camelo, las muertes entre los indígenas patagónicos a causa de la viruela –mencionada al pasar en las fuentes-, la falta recursos materiales para el agasajo o, incluso, que se haya tratado de un ataque mixto con intervención de traidores del fuerte debido a la situación de precariedad y abandono en que se encontraba el establecimiento. En relación a esta última hipótesis, las discordancias observadas con respecto a las prácticas maloneras indígenas, los silencios y las contradicciones en las fuentes analizadas, parecen ser sugestivas (ver Buscaglia 2023).

 

Conclusiones

La reconstrucción de los episodios de fricciones interétnicas en el escenario colonial de península Valdés fue un desafío complejo debido al carácter fragmentario, disperso y los sesgos de la evidencia histórica disponible. Sin embargo, frente a los vacíos de información con los que nos encontramos al abordar esta problemática, la confrontación del múltiples y diversas fuentes, así como un enfoque multiescalar, permitió superar en algunos casos estas limitaciones, generar nuevos interrogantes y poder así adentrarnos en la complejidad del entramado de los vínculos interculturales y reamar parte del rompecabezas de las relaciones coloniales en Patagonia. El análisis de la trayectoria de la conflictividad interétnica permitió diferenciar y comprender los significados de las acciones maloneras en el marco de un proceso y de un contexto de relaciones sociales, espaciales y materiales más amplio. Por último, los resultados generados a partir del presente trabajo tienen implicancias no solo desde el punto de vista histórico y etnohistórico, sino también para abordar la conflictividad interétnica desde la dimensión arqueológica y bioarqueológica, teniendo en cuenta el reciente hallazgo en el Fuerte San José de un osario que podría corresponder a víctimas del evento de 1810 (Buscaglia, Bianchi Villelli y García Guraieb, 2022).

 

Agradecimientos

Al equipo de investigación por su constante apoyo y colaboración, a los evaluadores anónimos, así como al equipo editorial cuyos comentarios y sugerencias contribuyeron a mejorar el presente manuscrito. Los resultados volcados en el presente trabajo han sido generados en el marco de los proyectos “Arqueología de los colonialismos en Patagonia. Un abordaje comparativo: los asentamientos de Península Valdés (1779-1810) y la ocupación colonial del área de Nahuel Huapi (1670-1794)” (PIP 0759, CONICET, 2014-2016); “Relaciones Interétnicas en Península Valdés (Chubut, siglos XVIII-XIX). Una perspectiva Histórica y Arqueológica” PIP 0183, CONICET, 2011-2013, dirigidos por Silvana Buscaglia y “Paisajes Coloniales en Patagonia. Los Asentamientos de Península Valdés (1779-1810)” PICT 2010-050, FONCYT, 2011-1012 y “Paisajes coloniales de Nahuel Huapi (1670-1794) y Península Valdés (1779-1810): Un abordaje desde la arqueología histórica” PICT-2018-00769, 2020-2023, bajo la dirección de la Dra. M. Bianchi Villelli.

 

 

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Notas



[1] La confrontación de distintos documentos y cronistas a lo largo del tiempo permitió establecer en algunos casos la continuidad de los dominios territoriales y los vínculos entre los caciques durante el período estudiado. No obstante, debemos reconocer un sesgo espacial, entre otros tantos, debido a que las fuentes empleadas fueron generadas por agentes coloniales situados o establecidos en la costa atlántica, por lo que los vínculos hacia el interior quedan fuera de foco para el presente trabajo.

[2] Como sostiene Davies Lenoble (2021), el abordaje a las redes parentales indígenas a partir de las fuentes coloniales presenta sesgos relacionados por ejemplo con el lugar subordinado que se le asignó al parentesco en los registros escritos, donde se privilegió la identificación a partir de rótulos étnicos (ver discusión en Nacuzzi, 2005; Nacuzzi y Lucaioli, 2017, entre otros) y líderes masculinos -castellanizando en muchos casos sus nombres- sobre la base de una concepción patriarcal, monógama y católica del parentesco.

[3] Respecto a este cacique, Davies Lenoble (op cit.) propone también que Pecona podría tratarse del cacique Peynecan. Si bien es una hipótesis plausible, los registros analizados hasta el momento indican que Pecona y Peynecan (posiblemente también Painacama, Painecal o Paynecal) se sitúan en territorios diferentes: Pecona en el sur de la actual provincia de Santa Cruz (Viedma, [1783] 1972a y b; De la Peña, 1790; Elizalde, [1792] 1938, González, [1798] 1965) y Peynecan en las inmediaciones del río Colorado (Enrique, 2021). Por otro lado, desde un punto de vista fonético dicha autora también propone que Pecona podría ser Gerona (Davies Lenoble, op cit.). Sin embargo, consideramos que Gerona se acerca más fonéticamente a Gergona, Corgona o Gorgona quien, de acuerdo a nuestras investigaciones y teniendo en cuenta la diferenciación que hace Antonio Viedma (Viedma, [1783] 1972b), se trataría de un individuo distinto a Pecona, aunque no se descarta algún tipo de parentesco con el cacique Julián Camelo.

[4] En referencia a este hecho, Tafor no dejó de señalar que su amistad con los caciques Gergona, Corvina y un indio bombero llamado Yauque mediaría para terminar con las hostilidades (Tafor, 1785). Este último indígena podría llegar a ser el cacique Zauque o Sauque que encabezó uno de los malones de 1809 al Fuerte San José.

[5] De acuerdo a Gorla (1983), entre 1784 y 1789 si bien se observa un incremento de los vacunos y equinos en el Fuerte San José, apenas superaron el medio centenar de cabezas en cada caso, un número extremadamente escaso en comparación al Fuerte Nuestra Señora del Carmen.

[6] Estas palabras simbolizan la percepción que los indígenas tenían del Fuerte San José y sus autoridades, sobre todo viniendo del cacique Julián, quien junto a su gente mantuvo una estrecha y pacífica relación con Floridablanca.

[7] No se menciona en las fuentes analizadas cuál de sus hermanos.

[8] Como señala Davies Lenoble (op cit.), si bien el cacique Julián habría ejercido un liderazgo de tipo confederal, la independencia de parientes y aliados para relacionarse -tanto de forma hostil como pacífica- con los establecimientos coloniales patagónicos permite dar cuenta de la horizontalidad del poder y de la autoridad limitada de los cacicatos. Desde este punto de vista, acordamos una vez más con Davies Lenoble (op cit.) que la independencia de acciones, principalmente de sus parientes, pudo haber limitado la capacidad del cacique para posicionarse como un embajador principal ante los hispano-criollos en el Fuerte Nuestra Señora del Carmen. Sin embargo, en el caso de la colonia Floridablanca, la situación habría sido la opuesta (ver Buscaglia, 2012, 2017 y 2021). Ello da cuenta de la complejidad de las relaciones interétnicas en estos contextos y las variaciones observadas en cada caso en particular.

[9]Se trata de los presidiarios José Ignacio Arroyo y José León Godoy que abandonaron la colonia Floridablanca llevándose consigo cinco mulas y 11 caballos (Viedma, [1783] 1972a).

[10]Esta información se desprende principalmente de los inventarios de artillería, armas, municiones y demás efectos relevados en distintos legajos de la sala IX en el AGN.

[11] Llamativamente este número de ganado vacuno contrasta con el señalado con las 600 cabezas que sustrajeron los indígenas en una supuesta 2º incursión al Fuerte San José en 1808, dejando al establecimiento sin carne para consumir. Es imposible que de un año a otro el ganado se haya vuelto a multiplicar en la escala señalada, por lo que nos encontramos ante un error y/o una exageración por parte de los autores de los documentos. Lamentablemente no contamos con fuentes alternativas para contrastarlo y es una constante que se observa a medida que pasa el tiempo, tal como lo ha señalado también Alioto (2011).

[12] Un análisis pormenorizado de este hecho es objeto de otra publicación (Buscaglia 2023).

[13]Nótese una vez más la diferencia numérica de cabezas de vacunos con respecto al año anterior. De acuerdo a las fuentes, en 1810 estas se habrían incrementado en unos 2000 animales, siendo poco creíble una tasa de reproducción tan acelerada en un lapso tan corto de tiempo.

[14]No debe olvidarse el dominio que la cacica María (hija del Cacique Vicente) ejerció sobre el ganado vacuno cimarrón de Península Valdés en la segunda década del siglo XIX (Buscaglia, 2019).

[15]Las investigaciones arqueológicas han permitido corroborar los rastros de un incendio en el Fuerte San José (Ozán, Orgeira, Buscaglia, Bianchi Villelli, Vásquez, Cieplick y Naselli, 2020).

[16]Ambas fuentes que tienen un mes de diferencia presentan contradicciones.

[17]Como por ejemplo el caso del cacique Chegües (hermano de los caciques Vicente, Coayuja y Enis), que dominaba el área del golfo San José o el cacique Corgona que controlaba el área de Puerto San Gregorio, aliados de Julián Camelo y sus parientes (ver Tabla 1). O bien, el caso de la cacica María casada desde muy pequeña con el heredero del cacique (¿Camaen?, Tabla 1) que dominaba el territorio al Norte del Puerto de Santa Elena (Gutiérrez de la Concha, 1795).

[18] De acuerdo al testimonio de los indígenas recuperado por Arms y Coan, se consideraba que el contagio de viruela en Puerto Deseado se produjo como consecuencia de haber tocado unos papeles viejos dejados por los españoles cuando abandonaron el establecimiento, generando entre los nativos un temor reverencial contra documentos y libros (Arms y Coan, [1833] 1939).

[19]La viruela tuvo un impacto devastador en las poblaciones nativas de la región pampeano-norpatagónica a fines del siglo XVIII y en el siglo XIX (e.g. Jiménez y Alioto, 2013; Davies Lenoble, op cit.).

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