Para el apoyo significativo de la misión araucana”. El Museo de los Capuchinos bávaros en Altötting (1906-1932), de Ignacio Helmke Miquel y Christiane Hoth de Olano,

Revista TEFROS, Vol. 20, N° 2, artículos originales, julio-diciembre 2022:9-43.

En línea: julio de 2022. ISSN 1669-726X

 

Cita recomendada:

Helmke Miquel, I. y C. Hoth de Olano, “Para el apoyo significativo de la misión araucana”.

El Museo de los Capuchinos bávaros en Altötting (1906-1932),

 Revista TEFROS, Vol. 20, N° 2, artículos originales, julio-diciembre 2022: 9-43.

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“Para el apoyo significativo de la misión araucana”.[1]

El Museo de los Capuchinos bávaros en Altötting (1906-1932)

 

“For a significant support of the Araucanian mission”.

The Bavarian Capuchin Museum in Altötting (1906-1932)

 

“Para o apoio significativo da missão araucana”.

O Museu dos Capuchinhos da Baviera em Altötting (1906-1932)

 

Ignacio Helmke Miquel

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR), Chile.

 

Christiane Hoth de Olano

Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt, Alemania.

 

Fecha de presentación: 15 de agosto de 2021

Fecha de aceptación: 29 de junio de 2022

 

RESUMEN

Una década después de la llegada de los primeros misioneros capuchinos de Baviera a la Araucanía en 1896, se inauguró la primera exposición Chile-Missionsausstellung que daría paso en 1910 a un museo en la pequeña ciudad de Altötting en el sur de Baviera. El objetivo de este artículo es analizar una selección fotográfica mostrando las puestas en escena de este museo, sus objetos y colección. Hemos entendido las fotografías como parte del paradigma de representación e imaginario de la cultura mapuche bajo una óptica científica de los misioneros. Asimismo, entendemos a los capuchinos como unos ‘traductores’ que presentan ciertos elementos de la cultura material mapuche, así como colecciones de muestras de los reinos animal y vegetal del sur de Chile para un público germanoparlante y principalmente católico. En este contexto, el estudio comprende al archivo, la vitrina, la representación y la alteridad como factores determinantes para el proceso de traducción que involucra el traslado y exposición de estos elementos entre América y Europa. Adicionalmente, el dinero recolectado gracias a la venta de revistas, agendas, postales, entre otros, es decir, de las fotografías en distintos medios, como de entradas al museo, permitió sufragar los costos de mantención de los miembros de la orden en la Araucanía, así como el progreso material de la misma. La curiosidad de los lectores de las revistas y de los visitantes al museo por los mundos y objetos “exóticos” apoyó la construcción del museo como una zona de contacto fronterizo y de confrontación intercultural entre lector y mapuche.

Palabras clave: misión capuchina; frontera; Araucanía; exposición; museología; fotografía.

 

ABSTRACT

A decade after the arrival of the first Capuchin missionaries from Bavaria to Araucania in 1896, the first exhibition Chile-Missionsausstellung that would later become a museum in 1910 was inaugurated in the small town of Altötting in southern Bavaria. The aim of this article is to analyse a photographic selection showing the staging of this museum, its objects and collection. The photographs are understood as a paradigm of representation and imaginary of the Mapuche culture under a scientific view of the missionaries. We understand the Capuchins as translators who made available both certain elements of Mapuche material culture and collections of the animal and plant kingdoms of southern Chile to a German-speaking and mainly Catholic public. In this context, the study includes the archive, the showcase, the representation and the otherness as determining factors for the process of translation that involves the transfer and exhibition of these elements between America and Europe. The money collected from the sale of magazines, diaries, postcards, i.e., photographs in different media, as well as museum tickets, made it possible to cover the maintenance costs of the members of the order in Araucania, as well as its material progress. The curiosity of the readers of the magazines and the visitors to the museum for the “exotic” worlds and objects supported the construction of the museum as a zone of border contact and intercultural confrontation between the reader and the mapuche.

Keywords: capuchin mission; frontier; Araucania; exhibition; museology; photography.

 

RESUMO   

Uma década após a chegada dos primeiros missionários capuchinhos da Baviera na Araucania, no ano de 1896, foi inaugurada na pequena cidade de Altötting, a primeira exposição Chile-Missionsausstellung que se tornaria um museu a partir de 1910, no sul da Baviera. O objetivo deste artigo é analisar uma seleção fotográfica mostrando as produções desse museu, seus objetos e sua coleção. As fotografias são compreendidas como um paradigma de representação e imagem da cultura mapuche, considerando que os missionários tinham um olhar científico sobre esse material. Entendemos os capuchinhos como ‘tradutores’ que organizaram tanto elementos da cultura material mapuche, quanto coleções dos reinos animal e vegetal do sul do Chile para um público de língua alemã e principalmente católico. Neste contexto, o estudo entende o arquivo, a vitrine, a representação e a alteridade como fatores determinantes no processo de tradução, que por sua vez, estava relacionado com a transferência e exibição destes elementos entre a América e a Europa. O dinheiro arrecadado com a venda de revistas, diários, cartões postais, fotografias em diferentes mídias, bem como as taxas de administração do museu, possibilitaram cobrir os custos de manutenção da ordem dos capuchinhos em Araucania, bem como o progresso material da ordem. A curiosidade de leitores de revistas e visitantes do museu por mundos e objetos “exóticos”, incentivou a construção do museu como um local de contato fronteiriço e de confronto intercultural entre esse leitor e mapuche.

Palavras-chave: missão Capuchinha; fronteira; Araucanía; exposição; museologia; fotografia.

 

INTRODUCCIÓN

Hasta hace poco era impensable la posibilidad de estudiar a la Araucanía desde una alejada ciudad en el sur de la alemana región de Baviera[2]. Sin embargo, las fotografías producto de la misión capuchina de comienzo del siglo XX podrían indicar lo contrario. Altötting, que ha sido la sede principal de la orden capuchina en Baviera, cuya historia está vinculada a la llamada Capilla de Piedad (Gnadenkapelle) y de su culto, se convirtió en un concurrido centro de peregrinación al que llegaban fieles de diferentes partes de Europa. Este flujo constante de peregrinos se mantuvo hasta los días en que se expusieron las imágenes y los objetos llegados desde la frontera sur de Chile. Hacia 1932 –el año en el que este estudio termina– la Diócesis de Passau, a la que pertenece la pequeña ciudad de Altötting, contaba con un 98,58 % de población católica (Zumholz, 2018, p. 787). En este contexto regional en el que se desarrollaba la organización de la actividad misional ejecutada al otro lado del globo, hubo un interés de parte de la misma orden capuchina bávara en los albores del siglo XX por mantener viva la memoria de lo que allá ocurría.

Este artículo se propone estudiar una selección de fotografías tomadas durante el ejercicio misional y que han sido organizadas bajo cuatro criterios de lectura y análisis: (1) vitrinas que muestran objetos, en disposición similar a gabinetes de curiosidades, (2) de animales, (3) de montajes escénicos que representan momentos de la evangelización, a la manera de dioramas con fondos pintados, y (4) aquellas fotografías tomadas en la Araucanía, que operaron como medios de comunicación para un público más amplio (en revistas, postales o en el mismo museo). Las fotografías exhibidas en Altötting permitieron divulgar la actividad de los misioneros bávaros por medio de la exposición llamada Chile-Missionsausstellung abierta a los visitantes a partir de 1906. Hoy en día, en Altötting se encuentran un total de 13 álbumes fotográficos que mantienen fotografías de la misión capuchina en distintas partes del mundo. La gran mayoría de las fotografías son de la misión en la Araucanía. También cuenta con postales de la época (no necesariamente de autoría capuchina). Aunque en otra colección fotográfica de los capuchinos –la colección de placas de vidrio de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt (Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt)– también se encuentran imágenes de la exposición en Altötting (3 de un total de 1.687 placas de vidrio), la fuente principal es un álbum en el archivo de Altötting, Archiv der Deutschen Kapuzinerprovinz. Estos álbumes contienen una media de 150 a 200 imágenes, entre las que se encuentran numerosas postales. Las fotografías estudiadas para esta investigación, evidencian algunos aspectos de la exposición Chile-Missionsausstellung que en 1910 se transformó en museo. Entre ellos, varias vitrinas cargadas de objetos de distinta índole, abarcando un amplio rango muestras de los reinos animal, vegetal y mineral. Además de cerámicas, plantas, platería, textiles, madera, huesos, aves y mamíferos taxidermizados. La exposición se completaba con representaciones[3] a modo de dioramas con los ya mencionados montajes de la interacción entre mapuche y capuchinos.

El objetivo de este artículo es el análisis y puesta en valor de esta colección fotográfica, considerándola como una puesta en escena en Europa de la actividad misional de los capuchinos bávaros en territorio mapuche-chileno que llegaron a la Araucanía a partir de 1896. En este estudio proponemos una lectura de los paradigmas de representación y de los imaginarios puestos en escena desde la perspectiva de la ciencia y la circulación de conocimientos. Entenderemos a los capuchinos bávaros como agentes de una misión evangelizadora enmarcada en el macro-contexto de consolidación del Estado chileno en los territorios del sur. Gracias a esta experiencia, los misioneros pudieron mostrar, a través de esa exposición en Altötting, el mundo exótico en el que se desenvolvía su actividad misional. Así, el archivo, la vitrina, la representación y la alteridad son factores determinantes para el proceso de traducción que involucra el traslado y exposición de estos elementos entre el Nuevo y el Viejo Mundo.

Ya desde el comienzo de la misión capuchina, los misioneros no sólo intentaban predicar el Evangelio, sino también explorar la cultura mapuche. Esto dio lugar a numerosas obras sobre la lengua, la religión y las costumbres cotidianas. Además de las publicaciones científicas, los informes de la misión de Chile se publicaban regularmente en diversas revistas misioneras para informar a los lectores germanoparlantes sobre la cultura de la población indígena. La exposición que es el objeto de estudio de esta investigación, forma parte de este panorama de representación. Tras diez años de trabajo misional por parte de los capuchinos bávaros, se fundó la primera exposición permanente en Altötting con material recogido por los miembros de la orden en la Araucanía. El fin de esta exposición era el de presentar tanto las culturas materiales de la Araucanía, como las fotografías tomadas durante la labor capuchina en la frontera sur de Chile. El dinero recolectado gracias a la venta de revistas, agendas, postales y entradas a exposición, permitió sufragar los costos de mantención de los miembros de la orden en dichas latitudes (Haringer, 2005, p. 180)[4]. La curiosidad de los visitantes por los mundos y objetos “exóticos” a través de la puesta en escena de ciertas disciplinas como la etnología, la antropología o la botánica, podía darse por sentado en el contexto del Imperio Alemán y su política expansionista (1871-1918), como atestiguan las exposiciones (universales), las muestras etnológicas (Völkerschauen) y los numerosos museos etnológicos (ibid.; Hoth y Schuster, 2021).

A comienzos de 1910 se terminó de construir el edificio destinado a ser la sede de la exposición permanente, que iría cambiando según las mismas necesidades y expectativas de quienes gestionaban las colecciones. De esta forma, el inmueble de dos pisos, como se aprecia en la fotografía (ver Fig. 1), exhibió diversos distintivos que lo asociaban a la cultura chilena. Por ejemplo, el emblema de Chile, en una de las variantes que originalmente muestra un guanaco, se transforma en un animal “ficticio”: una especie de caballo con cola similar a la de un león, diseñado posiblemente por un grabador extranjero. Esta imagen representa, de buena manera, los procesos de transferencia y traducción de conocimientos y objetos entre el Viejo y el Nuevo Continente.

 

Figura 1: “Gebäude der Indianermissions-Ausstellung Altötting” (1912). Franziskus-Kalender, p. 101. Traducción propia del título: “Edificio de la Exposición de la Misión indígena Altötting”.

 

Siguiendo la propuesta de Doris Bachmann-Medick, el argumento central de este trabajo es que la exposición de Altötting –a través de los objetos, fotografías y textos puestos en escena– es una ‘traducción cultural’ (‘Kulturübersetzung’) basada en los métodos de la antropología y la etnología que intenta ‘traducir’ la cultura indígena a un público germanoparlante (Bachmann-Medick, 2004, p. 155)[5]. Por lo tanto, los capuchinos bávaros, científicamente activos, junto con los organizadores de la exposición en Altötting son entendidos como ‘traductores’ en una zona de contacto fronterizo, es decir, un espacio de encuentro colonial y confrontación intercultural, donde se negocian permanentemente las relaciones y construcciones colectivas de los imaginarios del otro. Este artículo, por lo tanto, se centrará en la exposición capuchina de Altötting como una forma de ‘traducción cultural’ más allá de su nivel representativo de la labor misional, preguntando por las prácticas organizadoras, fotográficas y analíticas –por ejemplo, en las explicaciones sobre los objetos expuestos– detrás de esta puesta en escena.

Para contestar a estas preguntas de investigación, presentaremos, primero, un breve contexto histórico de la misión capuchina en la Araucanía, para luego enfocarnos en los procesos de producción de las fotografías, su difusión y la apropiación de conocimiento que estos procesos implicaron. En una tercera parte, intentaremos analizar las representaciones y las prácticas detrás de las mismas, en el contexto del museo de Altötting, enfocándonos en las primeras décadas de su existencia (1906-1932). Un elemento fundamental que será utilizado son los registros fotográficos de la exposición realizados por los propios capuchinos. Estos constituyen una representación visual fundamental de la exposición que permitirá el análisis en conjunto con diversas fuentes textuales, presentes en revistas, libros y postales.

 

LA MISIÓN CAPUCHINA EN EL SUR DE CHILE (1896-1935)

Los capuchinos bávaros llegaron a Chile para continuar con la tradición misional ya iniciada desde una etapa temprana de la Conquista en los mismos territorios. En particular, fueron los jesuitas y los franciscanos quienes establecieron las primeras misiones en la Araucanía. Luego de la Independencia, el gobierno chileno volvió a confiar la misión a los franciscanos. La llegada de los capuchinos italianos y bávaros, que iban a apoyar a los franciscanos en su trabajo (Noggler, 1982, pp. 116 y pp. 140-152) y, en paralelo a estos últimos, la llegada de los anglicanos que vinieron de Inglaterra, consolidó el panorama misional de los siglos XIX y XX. Además de los misioneros, la segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por una alta inmigración de colonos tanto europeos como de chilenos que se establecieron en las zonas urbanas y rurales del sur de Chile, sobre todo en Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt (Ministerio de Relaciones Exteriores, 1890, p. 508). Entre la población migrante se encontraban campesinos trabajadores y un grupo de científicos que estuvieron en contacto con los misioneros, especialmente con los misioneros capuchinos bávaros. Entonces, también los viajeros y los científicos “descubrieron” la Araucanía y su población indígena, los “araucanos”[6], y registraron sus impresiones en numerosos informes y publicaciones.

Como lo han planteado Héctor Mora y Mario Samaniego Sastre, los llamados “araucanistas” contribuyeron significativamente a la construcción del otro en comparación con, por ejemplo, los colonos (Mora y Samaniego Sastre, 2018). Entre los “araucanistas” también se encontraron algunos misioneros capuchinos, cuyo interés científico por la población indígena se desarrolla durante las primeras décadas del siglo XX. En particular, los Padres Félix de Augusta (1860-1935), Atanasio de Hollermayer (1860-1945), Jerónimo de Amberga (1866-1952), Sigifredo de Frauenhaeusl (1868-1954), Ernesto Wilhelm de Moesbach (1882-1963) y Sebastián Englert (1888-1969) participaron activamente en muchos campos de la ciencia como la botánica, la antropología y la lingüística, por medio de la publicación de los resultados de sus investigaciones y de un animado intercambio epistolar con miembros de la comunidad científica internacional. Al principio, la mayor parte del trabajo de investigación de los misioneros resultó ser una herramienta para la evangelización de los mapuche[7], como lo fue el diccionario bilingüe “Gramática Araucana”, que el Padre Félix de Augusta había escrito para el estudio de la “lengua araucana”. A través del contacto con el lingüista Rodolfo Lenz y gracias a su capital social, la obra finalmente circuló en redes académicas nacionales e internacionales (Mora y Vásquez Vilches, 2018, pp. 53-55)[8].

En la “competencia por las almas”, la misión de los capuchinos bávaros se diferenciaba sustancialmente en un aspecto de otras misiones de la región, por ejemplo, la de los anglicanos: la diversidad y abundancia de estudios académicos sobre la cultura y el idioma mapuche. La motivación de este debate se derivó de las observaciones formuladas, en particular por Félix de Augusta, en el sentido de que la cultura mapuche estaba en proceso de decadencia con el creciente éxito de la misión y que debía preservarse para las generaciones posteriores en forma de publicaciones (Arellano Hoffmann, 2006, p. 139):

 

La raza araucana pasa hoy por un período de transformación. Lo que nuestra obra refiere acerca de sus costumbres y supersticiones, dentro de poco ya no corresponderá a la realidad, ni se guardará memoria de ello; por eso hemos querido conservar estos detalles para la ciencia etnológica; al mismo tiempo creemos que por la lectura de estas páginas nadie se formará un juicio desfavorable de los indios de hoy día. (Augusta, 1934, II)

 

Para el estudio de las misiones en la Araucanía es fundamental comprender el contexto general que se vivía en todo Chile. En este sentido, la consolidación del dominio territorial era una de las metas trazadas por alcanzar, tras los primeros cien años de vida republicana, lo que explica procesos como la Guerra del Pacífico (1879-1884) en el Norte del Chile, o los Tratados de Límites entre Chile y Argentina (1856 y 1881). Cada uno de ellos, a su manera, buscaba resolver los asuntos fronterizos y, en esta misma línea, el Estado chileno emprende la Ocupación de la Araucanía (1860-1883). El afianzamiento del territorio al interior, constituido específicamente por la zona centro-sur de Chile, es decir el habitado por la población mapuche, recibió una especial atención y fue sometido a distintos procesos de ocupación y poblamiento, con presencia militar, agrimensura, radicación y colonización. Fue dentro de esta lógica que los procesos de misión y evangelización supusieron una vía que para ese entonces fue considerada pacífica, en la cual los misioneros actuaban civilizando y educando, para convertir a la población indígena en ciudadanos en igualdad de condiciones, “como miembro de igual valor” (Noggler, op. cit., p.160). Esta lectura en torno a una rápida desaparición de la cultura y prácticas tradicionales mapuche se manifestó en varios discursos científicos de la época. Por ejemplo, de los etnólogos alemanes fueron, entre otros, el geógrafo Fritz Regel (1853-1915), el antropólogo Theodor Koch-Grünberg (1872-1924) o el muy conocido arqueólogo Max Uhle (1856-1944) quienes advirtieron contra el exterminio de los indígenas. Uhle, por ejemplo, abogó por el rescate y la ‘elevación’ de los indígenas dándoles acceso a la educación, de acuerdo con las tendencias positivistas de la época (Onken, 2019, p. 97; Uhle, 1906).

A nivel global, estas observaciones pueden ser comprendidas dentro del discurso posdarwinista. Por lo tanto, muchos científicos atribuyeron la “extinción” o desaparición de la población autóctona –al menos implícitamente– a su inferioridad “racial” natural, que, según el zeitgeist social darwinista, la hacía inadecuada para la lucha de la “supervivencia del más apto” (Onken, 2019, p. 95). La posición de los misioneros capuchinos en este contexto queda todavía por definirse[9]. Por un lado, como ya se ha mencionado, algunos de ellos como Félix de Augusta, Atanasio de Hollermayer, Jerónimo de Amberga, Sigifredo de Frauenhaeusl, Ernesto Wilhelm de Moesbach y Sebastián Englert fueron científicamente muy activos y formaron parte en redes académicas. Por otro lado, su orden principal fue la evangelización de la sociedad fronteriza, la enseñanza del catecismo y la “civilización” de los mapuche. Sin embargo, estas dos observaciones no tienen por qué significar ninguna contradicción: como muestran varias fuentes de la época, un buen número de miembros perteneciente a diversas órdenes religiosas procuraba mantener una actividad científica activa[10].

Esto implicó labores como publicaciones en revistas, participación en congresos, organización de exposiciones, o la interacción constante con los demás integrantes de la comunidad científica eclesiástica y laica. Es decir, debe notarse que para este caso, la actividad católica incluyó la adscripción a prácticas y a comunidades científicas, que tradicionalmente y de forma equivocada, se le han negado a este tipo de sujetos. En este sentido, revistas como Revue d’Histoire des Missions (Francia) o Zeitschrift für Missionswissenschaft (Alemania), ponen en evidencia la preocupación de estas comunidades por consolidar un campo de conocimiento con unas reglas propias[11]. No obstante, el proyecto científico de la Iglesia no terminaría ahí. Prácticas coleccionistas, por ejemplo, fueron impulsadas desde el Vaticano, en donde se reunieron los objetos recolectados por la experiencia global de las misiones en el año 1925 (Sánchez Gómez, 2007; 2012)[12]. En dicha exposición organizada por el Vaticano en 1925, los misioneros capuchinos de Baviera exhibieron también sus colecciones con objetos de la Araucanía (L’esposizione missionaria vaticana, 1926, pp. 1-18).

La labor evangelizadora traía consigo transformaciones profundas en las vidas de los misioneros de Baviera que cumplieron su labor en la Araucanía. La mayoría de ellos aprendía el mapudungun y se aislaba en comunidades por largas temporadas. Esta inmersión les permitía conocer la cultura hasta en los más íntimos detalles. Los resultados de la interacción se reflejaron incluso en la transformación de su metodología, es decir, su observación participativa como etnólogos en el campo de estudio. Es por el mismo afecto con la cultura mapuche, entre otros motivos, que los capuchinos dieron valor también a su cultura material, la que recolectaron para su conservación.

En el caso específico de la exposición misional capuchina, las ideas para la creación de un museo misional se remontan fundamentalmente al padre Isidoro Schmitt de Rehau. El Prefecto Apostólico Padre Burcardo María de Röttingen, quien apoyaba estas ideas, envió algunas cajas con objetos de todo tipo desde Valdivia a Altötting en los primeros años de la misión capuchina. En mayo de 1906, se creó una primera exposición permanente, que existió hasta 1910 y que todavía se limitó a una pequeña sala. Esta primera exposición permanente se financió exclusivamente con donaciones y se expusieron varios animales disecados del sur de Chile, trabajos de mimbre, artesanía, ropa, más de 100 plantas secas, cerámica mapuche de arcilla, utensilios de madera, platería mapuche y piezas textiles, así como diversas figuras antropomorfas de madera (Haringer, op. cit., pp. 180-181). Como el espacio para la exposición permanente quedó pequeño debido al crecimiento de las colecciones, a partir de 1908 se concretaron los planes de construir un edificio independiente para la apertura de un museo misional, que debía atraer sobre todo a los numerosos peregrinos que acudían al lugar de peregrinación de Altötting.

Así, en 1910, se inició la construcción de un edificio de 10 por 10 metros y dos plantas (ibid., pp. 182-183). En 1925, el museo se amplió seis metros más mediante una extensión, pero siguió sin servicios higiénicos, ya que se temía que hubiera “malos olores y suciedad” debido a la constante afluencia de peregrinos (ibid., p. 186). Durante décadas, el museo permaneció esencialmente sin cambios. La muerte del padre Isidoro en octubre de 1932 marcó el fin de una primera fase de la historia del museo, que se había caracterizado esencialmente por su carácter etnológico. En 1965, los capuchinos decidieron rediseñar el museo, centrándose en los aspectos religiosos de la misión. De este modo, se pasó de una historia de los logros etnográficos de los misioneros a una historia de la evangelización. A pesar de los intentos de actualización, el interés por el museo de la misión fue disminuyendo y finalmente, se decidió cerrar el museo. Por ello, en 1987 el Provincial se puso en contacto con el Museo Estatal de Etnología de Múnich (Staatliches Museum für Völkerkunde[13]) y acordó que dicho museo se hiciera cargo de las colecciones y los objetos expuestos desde enero de 1988 (ibid., p. 187).

 

LAS COLECCIONES FOTOGRÁFICAS DE LOS CAPUCHINOS

Uno de los productos materiales del trabajo misional de los capuchinos fue una gran cantidad de documentos textuales y visuales que hoy día se conservan, fundamentalmente, en cuatro archivos, dos en Alemania y dos en Chile: en la biblioteca de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt (Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt), en el Archivo Capuchino de Altötting (Archiv der Deutschen Kapuzinerprovinz), en el Archivo Histórico Capuchino de Santiago de Chile y en el Archivo de la Diócesis de Villarrica en la Araucanía. Fueron los Padres Isidoro Schmitt de Rehau en Alemania (Altötting) y Sigifredo Schneider de Frauenhäusl en Chile (Panguipulli) las fuerzas que promovieron particularmente el uso de la fotografía en el contexto de la misión araucana de los capuchinos bávaros. Sin embargo, los comienzos de la fotografía capuchina se remontan probablemente a las últimas décadas de actividades misionales de los capuchinos italianos[14]. En general, la historia de las colecciones fotográficas de los misioneros capuchinos está marcada por pérdidas de varios tipos, generalmente producto de incendios, comunes por la calefacción a leña, en el sur de Chile. Por ejemplo, con la destrucción de los Archivos Capuchinos en Valdivia por un incendio en 1928, ha surgido una ruptura en la tradición archivística.

Se cuenta con poca información específica sobre los autores de las fotografías y la datación de las mismas. Los distintos archivos se componen fundamentalmente de fotografías con autoría sin identificar, pero claramente adscritas a la misión capuchina, por registrar eventos internos o tener como foco a los misioneros y sus obras (edificaciones como iglesias, internados, misiones de campo, retratos de grupos de misioneros, actividades misionales, paisaje misional, dentro de otros). Hay una presencia constante de fotografías cuya autoría son fotógrafos profesionales del área sur de Chile –Enrique Cristián Valck (1826-1899), Gustavo Milet Ramírez (1860-1917), Odber Heffer Bissett (1860-1945) y Rodolfo Knittel Reinsch (1876-1958) principalmente– así como de editores de postales (Alvarado, Mege y Baez, 2001; Alvarado, Helmke e Inostroza, 2019)[15].

Una pregunta frecuente en relación a las fotografías suele ser sobre si se trataba solo de un mero registro. Dada la forma y frecuencia en que circularon por distintos medios, podemos suponer que no. Las postales, por ejemplo, que dan inicio a esta investigación, circularon adicionalmente en revistas, por la gran cantidad de publicaciones sobre la misión araucana existentes en el Imperio Alemán. Es decir, en relación con la finalidad que tenían estas imágenes y su circulación, ilustrando postales, revistas y publicaciones, nos encontremos con varias posibilidades. En primer lugar, hay que destacar el estatuto testimonial del que goza la imagen fotográfica, considerando el “esto ha sido” de Roland Barthes, es decir el hecho de que “en la Foto algo se ha posado ante el pequeño agujero quedándose en él para siempre” (Barthes, 1989, p. 139). Independiente del hecho del montaje, pose y puesta en escena que supone la fotografía, se trata de una huella lumínica capturada por el lente y fijada en el negativo o emulsión al replicarse. Este carácter testimonial es utilizado de manera extensa por los capuchinos: prácticamente todas sus publicaciones están profusamente ilustradas con fotografías, dando cuenta del aspecto fáctico como prueba o apoyo de lo planteado en el texto. Se lleva a cabo un minucioso registro de usos y costumbres, caras, paisajes y, en este caso, la exposición.

¿Qué es lo que motiva este uso de la fotografía? Por un lado, posiblemente su formación. Tal como menciona el Padre Domingo de Beire, quien estuviera en Chile: “Todos ellos han cursado su carrera en las Universidades alemanas. Se han distinguido por sus observaciones científicas los Padres Félix José, Atanasio y Sebastián; pero todos ellos, se advierte, llevan la formación universitaria” (de Beire, 1949, p. 196). La formación científica, su carácter (europeo) moderno y una tradición asociada a la imprenta y la difusión de imágenes en Alemania, pueden constituir una explicación parcial de esto. Por otro lado, es posible que se trate de un registro para la posteridad. Llevando a cabo una lectura de la actividad misional en relación a las teorías de exterminio y desaparición de los pueblos indígenas en América, ambas cosas van de la mano.

Utilizando el ejemplo del testimonio de Pascual Coña, cuyo editor es el capuchino Ernesto Wilhelm de Moesbach, Stefanie Gänger ha demostrado que quienes en su momento fueron llamados “heroicos araucanos” eran percibidos a finales de siglo más bien como “sombras de las glorias pasadas” y “reliquias del pasado” (Gänger, 2014, p. 191)[16]. La actividad de los misioneros bávaros, como es posible observar en distintas fuentes como crónicas y estudios sobre la actividad misional, estaba enfocada, en primer lugar, en la población infiel, no cristiana. Como aclara Albert Noggler, “además del interés netamente religioso, era necesario que el indígena se integrara en la sociedad chilena como miembro de igual valor” (Noggler, op.cit., p. 160). Es decir, en los planteamientos del proyecto misional es posible ver una percepción en torno a un proceso de “desaparición” de lo mapuche como cultura, por asimilación e hibridación entregando la formación valórica-religiosa y las herramientas socio-culturales por medio de la educación.

Las tarjetas postales, como señala Hinnerk Onken en referencia a Theodor Koch-Grünberg (1872-1924), Erland Nordenskiöls (1877-1932), Robert Lehmann-Nitsche (1872-1938) o Martin Gusinde (1886-1969), se convirtieron en un medio para que algunos estudiosos preservaran y conservaran las culturas desaparecidas –al menos en imágenes (Onken, op. cit., p. 64 y p. 95). Por ejemplo, Robert Lehmann-Nitsche escribió después de su expedición a Jujuy:

 

Dada la gran rapidez con que se extingue la población indígena del continente sudamericano hay que apurarse con el estudio de sus caracteres físicos, porque en tiempo no muy lejano se harán del todo imposible relevamientos exactos de muchas de estas tribus. (Lehmann-Nitsche, 1907, p. 53)

 

Finalmente nos encontramos con un aspecto sumamente relevante en relación a la circulación de estas imágenes, particularmente de las fotografías en formato postal sobre la exposición en Altötting, así como de la exposición misma, que es el uso y función que cumplían para la misión. Un aspecto fundamental para la actividad misional era el alcance y la expansión que podían lograr los hermanos bávaros al interior del territorio mapuche. La actividad bávara se caracteriza por la gran cantidad de nuevas fundaciones que llevan a cabo y esto requería financiamiento. Así es como las fuentes mencionan dos elementos: “Como auxilio permanente habría que citar primeramente el Almanaque de San Francisco, cuyo producto neto está destinado a la Misión. Hay además pequeñas entradas por la Exposición Misional de Altötting, y aportes de la Obra Seráfica de Caridad y la Obra Seráfica de Misas” (Noggler, op. cit., p. 139)[17]. Vemos, en primer lugar, la revista Franziskus-Kalender (Almanaque de San Francisco), una de las fuentes utilizadas para este análisis, por la cantidad de imágenes y artículos sobre la exposición y, en segundo lugar, la exposición misional, con una recaudación baja, pero permanente. Asimismo, hace mención Ignacio de Pamplona de la adquisición del Almanaque por parte del Prefecto Burcardo María de Röttingen, en 1905:

 

Compró, al efecto, la propiedad de un antiguo Almanaque, que se publicaba en Altoetting; y desde entonces, cada año se edita y reparte con profusión por todo el reino, comunicándole curiosas noticias, planos, y fotografías de tipos, parajes, costumbres, conversaciones y cada año. El pueblo católico de aquel país paga gustoso su dinero por el Almanaque, que reporta una no despreciable entrada para la Misión, y con la cual saben los amigos de los Capuchinos, que cooperan a las campañas apostólicas de sus paisanos en favor de las almas de los pobres infieles. (de Pamplona, 1911, pp. 368-369)

 

Adicionalmente es importante destacar que el Prefecto Burcardo trae las primeras máquinas fotográficas, a su llegada a Chile en 1898, y prensa para generar una imprenta de la Misión en Chile, a la vuelta de su viaje a Europa, en 1905 (de Röttingen, 1921, manuscrito). Un año después, cuando se fundó el museo en Altötting, comenzó una nueva “refinanciación” de la misión capuchina bávara en el sur de Chile a través de dineros recolectados gracias a la venta de postales, agendas y revistas, como a partir de 1916 también a través de las entradas al museo (Haringer, op. cit., p. 180)[18].

En el caso del grupo de imágenes estudiadas en este artículo y que dan como resultado esta investigación sobre las piezas, es relevante plantear los procesos involucrados en la producción de estas imágenes, así como de su circulación, siguiendo la línea de las investigaciones coordinadas por Margarita Alvarado y su equipo (Alvarado, Mege, Bajas y Möller, 2012; Alvarado, Möller y Mege, 2007 y Alvarado, Mege y Báez, op. cit., por mencionar solamente algunas de las publicaciones más reconocidas). En primer lugar, es relevante señalar el proceso de circulación de objetos, imágenes y conocimiento, que conlleva la adquisición, estudio, traslado y posterior exhibición involucrada en la muestra. Normalmente hay una normativa icónica que responde a los parámetros culturales propios de una sociedad y, en este caso, hay un doble proceso de traducción, al llevar los objetos, interpretarlos y disponerlos en vitrinas en cierta disposición o interacción entre elementos (otras piezas, texto, fotografías) y, una vez más, al registrarlo a través de fotografías.

Una pregunta que nos planteamos es si esta traducción responde correctamente a los códigos de representación diferenciados y que pueden llegar a ser incomprensibles para los miembros de otra comunidad. En este caso, hay un desplazamiento desde los parámetros mapuche, mediado por los capuchinos bávaros en el traslado, montaje, representación, traducción y luego registro presentes en la exposición. Previamente, por relaciones interculturales, población mapuche y capuchinos están en distintas instancias de intercambio de conocimiento y también de objetos. Un ejemplo paralelo podría ser el caso de los capuchinos, quienes llevan a cabo traducciones de la biblia, que publican y utilizan para entregar su mensaje a los mapuche. ¿Habrá sido efectiva esta traducción? Usando ese caso, nos preguntamos si la traducción que llevan a cabo los capuchinos de la “cultura mapuche” es efectiva para representar lo mapuche, en el caso de recepción de las fotografías por gente mapuche en la actualidad[19]. De esta manera entendemos que la exposición, a través de los registros, se desplaza desde lo mapuche y es mediada por la mirada capuchina bávara, siendo las fotografías una traducción con un filtro cultural de carácter bávaro-católico y, en este caso, como se ha mencionado ya moderno-científico, de la cultura mapuche en Chile.

Por esto pensamos que es relevante el análisis y estudio de la imagen, tal como plantea Barthes (1987), comparando los textos (incluso uno icónico) con una cebolla, con capas sucesivas y no necesariamente un centro. De esta manera hay que considerar no solo la intención preformulada de los autores, sino también aquellas motivaciones tal vez no tan claras o evidentes, de carácter subconsciente. Asimismo, se deben considerar la interpretación y lecturas del resultado en la época de su producción y los momentos posteriores. De esta manera se busca darle un contexto cultural preciso, es decir un marco referencial para una posible lectura. Esto, entendiendo que:

 

Todo producto cultural adopta de su contexto sus convenciones y a él se remite. Fuera de este contexto matricial, su interés y su lectura, para los miembros de otro contexto cultural diverso, se transmutan sobre todo en lectura de interés etnográfico o criptográfico. De lo que llevamos explicado podrá entenderse el fenómeno de la pluricodicidad de las imágenes (contextos, creencias, convenciones gráficas, tradiciones, etc.) que puede convertirlas en otras culturas en ininteligibles por desconocimiento de sus códigos genéticos. (Gubern, 2017, p. 87)

 

En este caso, como en toda fotografía, hay una serie de elementos que es necesario abordar y que tienen que ver con la construcción y montaje involucrado con la toma de estas fotografías. Hay una serie de operaciones que el fotógrafo lleva a cabo, de manera más o menos consciente, que dan como resultado la imagen, como lo son la pose, el ángulo de la toma y otros “artilugios” propios del oficio fotográfico (Alvarado, 2000; Alvarado, Mege y Báez, op. cit.). Las fotografías, en este caso, van transformando al sujeto (los objetos de la exposición y la exposición misma) en objetos y, en palabras de Barthes, “en objeto de museo” (1989, p. 45). Este extenso registro opera remitiendo y reemplazando, paralelamente, la ausencia presente del museo en el “instante eterno” fotográfico. Ahora bien, este carácter documental, casi notarial, de la imagen, como ya hemos planteado, está atravesado por una serie de elementos que otorgan un valor simbólico y cultural añadido a la supuesta “objetividad” de la imagen. Adicionalmente es necesario añadir que: “…la producción y la interpretación de las imágenes están gobernadas por códigos heterogéneos, que se refieren tanto a códigos perceptivos como a códigos culturales contingentes, tales como código de época, de género, escuela, estilo, etc. Representar algo es ya una forma de interpretarlo” (Gubern, op. cit., p. 190).

A raíz de esto, intentaremos deconstruir estas prácticas museográficas de representar e interpretar que se manifestaron como ‘traducciones culturales’ de lo mapuche para un público bávaro y, sobre todo, católico, entendiendo al museo –según Rebecca Earle– como un texto lleno de historias que hay que aprender a leer (Earle, 2007, p. 20 y 152)[20]. A continuación veremos, a través de los objetos y vitrinas fotografiadas, cual fue la interpretación de los capuchinos en relación a la cultura material, la noción de patrimonio y la cultura mapuche, que se despliega en la exposición de los misioneros bávaros en Altötting.

 

LA EXPOSICIÓN DE LOS MISIONEROS CAPUCHINOS EN ALTÖTTING

Lo que asegura la literatura, es que la exposición fue un éxito por el número de visitantes. Ya en 1911, el museo contaba con 24.000 visitantes, y en 1913 ya eran 46.000. En 1914, cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, todavía había unos 40.000 visitantes (Haringer, op. cit., pp. 183-184). Como ya se había mencionado, Altötting sigue siendo un centro de peregrinación relevante para la población católica alemana y europea, destacado por el santuario bávaro de Nuestra Señora de Altötting (Gnadenbild), que data del siglo IX, y se hace célebre desde el siglo XV como destino para peregrinos y creyentes. Creemos que la exposición misional operaba dentro de un circuito mayor en el mundo católico, aprovechando la afluencia de público para dar a conocer las actividades misionales en tierras distantes a la concurrencia alemana y abogar por el apoyo económico de las mismas.

Además, es posible distinguir algunas categorías en relación a los registros de la exposición. En primer lugar, hay fotografías generales de la exposición, acompañadas ocasionalmente por gente, que dan cuenta del espacio y la distribución. Luego, parte importante del registro se enfoca en las vitrinas, dando cuenta de sus contenidos: mamíferos, aves, representaciones humanas (capuchinos y mapuches), objetos variados y diversos (platería, cestería, textil, madera, cerámica y objetos considerados para ese entonces como chilenos). Adicionalmente a estas categorías hay un grupo de fotografías que representan aspectos específicos, que escapan a los parámetros anteriormente mencionados, como una fotografía del Kaiserpanorama o Missionsguckkasten, como se llamaba en Altötting, un aparato utilizado como un medio de comunicación de masas popular a principios del siglo XX. Este aparato permitía ver series de imágenes estereoscópicas con hasta 25 personas ocupándola a la vez a través de mirillas.

Las primeras dos fotografías aquí presentadas (ver Figs. 2 y 3) muestran parte de la exposición con los participantes activos de la misma, dos padres capuchinos bávaros –entre ellos se puede identificar al padre Isidoro con un zorro en los brazos–, dos visitantes, dos funcionarios y los animales taxidermizados en conjunto con las vitrinas y los numerosos objetos que las poblaban. Posiblemente fueron sacadas en el contexto de la inauguración del nuevo museo en 1910. En ambas imágenes es posible apreciar el espacio y las características del mismo. Se trataba de una estructura liviana, con vigas en la parte superior construidas a partir de cerchas, lo que permite espacios amplios, sin presencia de postes o pilares al centro, manteniendo una estructura enfocada en los bordes o márgenes, donde se encuentran vitrinas con dioramas o múltiples objetos expuestos al interior. En los centros de las distintas salas se emplazan distintos sistemas de exposición, como vitrinas cubiertas con vidrio, que podían ser apreciadas por ambas caras.

 

Figura 2: (s.f.) “Indianermissionsausstellung (Südseite) der P.P. Kapuziner, Altötting“.

Postal. Traducción propia del título: “Exposición de la Misión indígena (lado sur) de los Padres Capuchinos, Altötting”.

 

Figura 3: (1913) “Teilansicht der südamerikanischen Missionsausstellung der P.P. Kapuziner in Altötting”. Franziskus-Kalender, p. 81. Traducción propia del título: “Vista parcial de la Exposición de la Misión sudamericana de los Padres Capuchinos en Altötting”.

 

Los puntales de hierro de los techos estaban cubiertos con fotografías de gran formato de la misión. La disposición de las vitrinas fue diseñada en gran parte por el padre Rainer. Fue él quien utilizó cortezas de mimbre, felpas verdes y construcciones de madera para imitar el paisaje montañoso del sur de Chile en el que integró las exposiciones. También etiquetó todo con términos alemanes y científicos. Un escultor de madera llamado Girlich fabricó un grupo de mapuche de tamaño natural en madera, que fue colocado junto a una “choza de paja” (‘Strohhütte’) para representar una ruka. Las paredes traseras de las vitrinas estaban decoradas con escenas de montaña realizadas por un pintor (Haringer, op. cit., p. 183). El museo se convirtió rápidamente en una atracción para un público germanoparlante (ibid.).

En la Figura 4 es posible apreciar las representaciones talladas en madera de un capuchino bávaro predicando a una familia mapuche. Todos con distintas vestimentas “representativas”, emplazados en un diorama que muestra parte de una ruka, construida con fibras vegetales, con un fondo de lago y cerros pintados. Animales domésticos, como un pato y gallinas, acompañan la escena. Ramas de especies nativas y ciertos elementos vegetales contextualizan el espacio, aunque una palmera, emplazada fuera de su hábitat (no hay palmeras en Araucanía), genera cierta discordancia con la escena.

 

Figura 4: (s.f.) “Missions-Museum Altötting”. Archiv der Provinz der Bayerischen Kapuziner, IX 101 101, albúm 1, s.p. Traducción propia del título: “Museo misional Altötting”.

 

Figura 5: (s.f.) “Missions-Museum Altötting”. Archiv der Provinz der Bayerischen Kapuziner, IX 101 101, albúm 1, s.p. Traducción propia del título: “Museo misional Altötting”.

 

Las fotografías muestran claramente una inclinación hacia un parámetro de “museo de ciencias naturales”, donde el “indígena salvaje”, se encuentra emplazado en un contexto natural, junto con mamíferos, aves y vegetación “típica” pero percibida por los lectores del museo y de las fotografías como algo “exótico”. Hay gran cantidad de especímenes representados, como en la Figura 5, donde es posible apreciar algunos queltehues, así como una gallineta o pintada común (Numida meleagris), ave originaria de África, introducida en América. En la misma fotografía también es posible apreciar una serie de cajones numerados en la parte inferior de las vitrinas, que contenían múltiples objetos y muestras expuestos. Estos dispositivos (cajón cubierto con vidrio) funcionaban también como vitrina, al abrirse cada uno de los cajones para ver su interior.

Estas fotografías, con todas sus limitaciones (calidad, grano, detalle, planos generales de las vitrinas), plantean la inquietud por el paradero, condición y situación de estas piezas. ¿Qué es lo que pretendían los capuchinos con esta exposición, más allá del aspecto práctico inmediato y la recolección de dinero? ¿Qué función o rol cumplen estas piezas hoy en día?

Como hemos planteado ya, el foco de este artículo está en las puestas en escenas fotográficas de la exposición, llevada a cabo por la orden capuchina y difundida en diversos medios. En este sentido resulta interesante plantear algunos vínculos entre fotografía y museo. Durante el año 1947, el intelectual francés André Malraux plantea en Las voces del silencio la idea de “museo imaginario” (Malraux, 1956). Su propuesta habla de la posibilidad de una colección conformada no por piezas originales, sino únicamente por fotografías, a través de las cuales se podría conocer, comparar y estudiar obras de distintas épocas, lugares, escalas y otros. Malraux ya había dialogado con el filósofo alemán Walter Benjamin en relación a las implicancias de la fotografía para el arte, sopesando las consecuencias para el “aura” de las obras, pero considerando el potencial que entregaba la fotografía, por ejemplo, con respecto a la posibilidad de comparar lado a lado obras distantes o la capacidad de detenerse en detalles pequeños. Así, el foco no estaba en “la pérdida de aura” (Benjamin, 2003) sino en “regresar el aura” a todas las otras creaciones del hombre (Didi-Huberman, 2015, p. 17).

Siguiendo la relación entre la noción de aura de Benjamin, Malraux plantea el proceso de descontextualización de las piezas al generar un museo. Ya en su citada obra propone que: “La obra de arte había estado ligada a algo: la estatua gótica a la catedral, el cuadro clásico a la decoración de su época; pero no a otras obras de espíritu diferente; al contrario, había estado aislada de ellas, para ser más apreciada” (Malraux, op. cit., p. 13). En el período que nos enfocamos, desde inicios del siglo XX y durante la exhibición por parte de los capuchinos en Baviera, es posible suponer con casi toda certeza que no existía una intención en relación a exhibir esas piezas ni a producir obras para vitrina por parte de la población mapuche. Así vemos un gesto que cambia desde el contexto mapuche, donde la pieza juega un rol utilitario –aunque no limitado a lo meramente funcional, como ciertas piezas de uso ritual o con cargas simbólicas sociales–, a la exhibición en vitrina, donde se utiliza como elemento para informar y educar a una población distante, a la vez que como prueba de un trabajo en condiciones diferentes, caracterizadas por una relación alterna, en muchos aspectos “exótica”.

Como se mencionaba anteriormente, el registro fotográfico producido captura un instante, en el cual juegan un rol fundamental las decisiones del fotógrafo (conscientes o no) en relación a lo fotografiado. Así, primero el museo descontextualiza la obra, resignificándola, para recontextualizarla como pieza de exhibición, y luego la fotografía la transforma en un cuerpo fragmentado, que llega a nosotros.

Posteriormente se reconfigura en formato álbum (o archivo, como es el caso de este análisis, que reagrupa fotografías de diverso origen, como revistas, postales, libros y otras publicaciones), constituyendo, a partir de estos fragmentos, una idea de la exposición “ficticia”, fragmentada y detenida (no sabemos qué existe y, lo que queda, en qué estado se encuentra). El cuerpo, su cualidad de objeto material, se pierde, pero se transforma en imagen a través de la representación fotográfica.

Por estos motivos y, considerando que el foco de este artículo son las fotografías, es que se estudia la representación, a través de las fotografías, de este museo conformado por la sumatoria de mamíferos, aves, plantas, peces, representaciones humanas, paisajes, rocas y restos minerales, objetos y artefactos y no el análisis de esos elementos en particular. Siguiendo, nuevamente a Malraux, entenderemos que:

 

Una tapicería, una miniatura, un cuadro, una escultura y una vidriera medievales, objetos todos muy diferentes, reproducidos en una misma página, se vuelven parientes. Han perdido el color, la materia (la escultura algo de su volumen) las dimensiones. Han perdido casi todo lo que les era específico. (Malraux, 1956, p. 13)

 

Buscamos, por una parte, responder a este planteamiento, dando cuenta que, pese a todo, persisten elementos específicos y la fotografía transmite elementos de ese “aquí y ahora”, el aura definida por Benjamin (2003, p. 42), claro que de las obras expuestas por los capuchinos en la exposición, no de los objetos mapuche en su contexto original. Con el desarrollo de saberes disciplinados, academias y prácticas especializadas, se dieron procesos de clasificación en los que los objetos mudaron su identidad y se convirtieron en obras de arte, piezas históricas, objetos arqueológicos o etnográficos, entre otros. Esto último da cuenta del dinamismo de la materialidad cuando se inserta en el espacio de la colección, un proceso abierto en el que las valoraciones de los objetos devienen de los contextos sociohistóricos en los que participan una pluralidad de agentes, dando como resultado funciones y significados diferentes a los que tuvieron en los contextos donde fueron creados.

En este sentido se hace interesante reflexionar sobre las identidades móviles de la materialidad en relación con la circulación de conocimientos, personas y colecciones. Esto se puede apreciar particularmente al plantear una inquietud histórica en relación a las prácticas del coleccionismo, movilizadas por ideas positivistas como las presentes en los capuchinos a inicios del siglo XX. Es clara la intención de generar, tal como se percibe en la representación fotográfica que busca dar cuenta de la totalidad de la exhibición, un archivo o índex material del mundo fronterizo –en su conjunto tanto mapuche, chileno como colono– que vieron en la primera década de ese siglo, en tierras distantes, en la Araucanía.

 

Figura 6: (1907) “Ansicht aus dem Chile-Museum in Altötting”. Franziskus-Kalender, p. 104. Traducción propia del título: “Vista de el Museo de Chile en Altötting”.

 

Para concretar estas observaciones, encontramos en la Figura 6 una representación de una puesta en escena de artefactos y objetos de las distintas culturas fronterizas como maderas, cerámicas, textiles, herramientas, entre otras. Esta fotografía de la primera exposición permanente sobre la misión capuchina bávara (1906-1910) ha sido impresa y diagramada rodeada por un texto, que no versa sobre las culturas materiales de los mapuche u otros grupos del sur de Chile, como uno podría esperar. En este caso observamos una nueva descontextualización más allá del ya mencionado proceso de descontextualización de las piezas dentro de la exposición. Es decir, siguiendo a Malraux, el hecho de que el texto alrededor de la fotografía en la revista está fuera del contexto museológico, muestra una vez más la complejidad de los procesos de traducción como de los procesos de des- y recontextualización. En cuanto a la imágen en sí, llaman la atención los numerosos papeles y etiquetas que documentan un compromiso académico con las culturas fronterizas aquí recontextualizadas. Además, la foto atestigua la “exhibición” improvisada antes de que se construyera el verdadero museo en 1910.

En comparación, la Figura 7 representa los mismos artefactos y objetos junto con sus etiquetas, pero de manera más ordenada en una vitrina. En este nuevo contexto también encontramos al ya mencionado escudo de Chile (ver Fig. 1), un indicador de que se trata de una fotografía sacada posterior a 1910, es decir, después de la inauguración del museo.

 

Figura 7: (s.f.) “Missions-Museum Altötting”. Archiv der Provinz der Bayerischen Kapuziner, IX 101 101, albúm 1, s.p. Traducción propia del título: “Museo misional Altötting”.

 

De esta manera, en el análisis simultáneo de estas dos fotografías, es posible apreciar los acomodos y discordancias presentes en el proceso de traducción involucrado en la exhibición gestada por los misioneros bávaros en torno a su actividad misional en la Araucanía.

Desde 1913, el museo contaba también con otra atracción, un aparato de madera, el llamado Missionsguckkasten, en el que se podían ver 50 placas de vidrio a través de un ocular con la ayuda de una iluminación interior eléctrica. Este aparato existió hasta que se rediseñó el museo en 1965. Para financiarla, se cobró una cuota de entrada a partir de 1916 (Haringer, op. cit., pp. 184-185). En 1914, la revista Franziskus-Kalender llamó la atención al lector y posible visitante del museo con las siguientes palabras:

 

También se realizaron fotografías especiales en la misión con nuestro propio equipo de estereoscopía, para que puedan mostrarse fielmente en la vitrina. La exposición es visitada anualmente por al menos 30.000 extranjeros de todos los países; por lo tanto, si usted, querido lector del Kalender [nombre de la revista], viene a Altötting, también debería hacer una breve visita, que sin duda no le causará ningún remordimiento, y seguramente sólo le proporcionará alegría. Además, cada visitante recibe un cuadro de recuerdo, decorado con la imagen de la virgen de Altötting y que contiene todo lo que merece la pena saber sobre la misión, junto con una oración misionera. (Franziskus-Kalender, 1914, p. 97)[21]

 

Figura 8: (1914) “Missionsguckkasten”. Franziskus-Kalender, p. 96.

Traducción propia del título: “Missionsguckkasten”.

 

Aunque la cifra de 30.000 extranjeros llegados a Altötting desde diferentes partes del mundo pueda ser algo exagerada, además de los peregrinos, eran sobre todo estudiantes escolares de los alrededores los que venían a pie y en tren para mirar las vistas del mundo (Franziskus-Kalender, 1914, p. 97). Este aparato (ver Fig. 8) corresponde a un Kaiserpanorama, muy popular a fines de los siglos XIX y XX en Europa. Se utilizaba como atracción en distintos lugares, por ser un precursor del cine. Normalmente disponían de 25 asientos y cada puesto contaba con un par de lentes que mostraban una serie de portaobjetos en su interior con placas de vidrio estereoscópicas retroiluminadas, que iban girando, produciendo un efecto tridimensional (Oettermann, 1997).

 

Cómo cautivan los ojos de los visitantes del ‘Missionsguckkasten’ las curiosidades paisajísticas de continentes extranjeros como Asia, África, América. ¡Cómo la visita a estos lugares de interés, que cambian cada semana, promueve la ciencia y la educación! El ‘Missionsguckkasten’ sólo tiene este nombre en Altötting porque se creó para apoyar la misión indígena sudamericana de los capuchinos bávaros. También se utiliza para mostrar los países de misión de África, Asia y América. El llamado ‘Missionsguckkasten’ es el aparato equipado con gafas estereoscópicas, que se conoce generalmente como ‘Kaiserpanorama’. (Franziskus-Kalender, 1914, p. 96)[22]

 

Se trataba de un atractivo bastante común, tal como relata Walter Benjamin, en sus memorias de infancia en Berlín. Ahí da cuenta de su experiencia con los “panoramas imperiales” en Berlín, narrando la sucesión de imágenes entreveradas con vacíos: “ciudades con ventanas relucientes, los indígenas pintorescos de tierras lejanas, las estaciones de ferrocarril con sus humaredas amarillas, los viñedos hasta en la más pequeña hoja de sus vides” (Benjamin, 1982, p. 20). Como aclara una cita de la revista Seraphischer Messbund de los años 1937/38, el Missionsguckkasten ofrece fotografías no solo de Chile, sino de lugares de todo el mundo:

 

Una vez terminada su misa, los peregrinos de Altötting visitan también la gran exposición misionera. En el mismo edificio, en la planta baja, hay un instructivo panorama mundial, el llamado ‘Guckkasten’, con una variada serie de imágenes de todo el mundo. (Seraphischer Messbund, p. 1937/38, s.p.)[23]

 

Otro elemento, introducido un año más tarde, en 1915, fue la “caja de ahorros” (‘Missions-Sparbüchse’) que los capuchinos introdujeron para financiar la misión en Chile (ver Fig. 9). En el Franziskus-Kalender se apelaba sobre todo a los niños para que fueran ahorradores:

 

Sobre todo, hay que enseñar a los niños que a veces deben dar algo de sus ahorros a los pobres niños paganos, a los pequeños indios morenos de las selvas primitivas de Sudamérica. Los niños tienen un corazón misericordioso y compasivo, y dentro de un año muchos centavos podrán ir a la Missionssparbüchse. (Franziskus-Kalender, 1915, p. 84)[24]

 

Figura 9: s.a. (1915). “Die Missions-Sparbüchsen”. Franziskus-Kalender, p. 84.

Traducción propia del título: “Caja de ahorros para la misión”.

 

Esta gran cantidad de imágenes, como huella y evidencia de la exposición, plantean preguntas sobre el destino y ubicación actual de todos estos objetos. Según ciertas referencias los objetos se encontrarían en el Museum Fünf Kontinente en Múnich, pero no tenemos aún certeza al respecto (Haringer, op. cit., p. 187). Lo que sobrevivió del museo de los capuchinos en Altötting son las fotografías en forma de postales, placas de vidrio, ilustraciones en revistas e imágenes en agendas, que representan ciertos procesos de traducción cultural como de descontextualización y recontextualización por algunos misioneros de la orden capuchina en Baviera.

 

CONSIDERACIONES FINALES

Como pudo verse a través de las fotografías presentadas, los encargados del museo, hicieron un especial énfasis en mostrar los elementos que para ellos eran característicos de la Araucanía. Es decir, la preocupación estuvo en exhibir a una naturaleza que no se había “domesticado” habitada por comunidades alejadas de la vida considerada como “civilizada”. Volviendo a las cuatro categorías propuestas para organizar las imágenes, es notorio que un aspecto que generaba un particular interés era el de la interacción de los mundos “civilizado” y “salvaje”, encarnada en las figuras de los misioneros y los mapuche en los montajes. Podría pensarse que el vínculo que se creía conectaba a estos dos mundos, era la fe católica. Siguiendo con los criterios, la organización de las piezas, su clasificación y la forma como fueron exhibidas sugieren la penetración de las prácticas e ideas científicas en algunos de los misioneros y miembros de la comunidad capuchina. Es decir, las fotografías dejan ver los marcados aspectos científicos de la actividad religiosa de la época. Estos misioneros operaron como ‘traductores’ dentro de un proceso de descontextualización y recontextualización muy complejo, poniendo en escena tanto a culturas materiales como a colecciones de los reinos animal y vegetal para un público germanoparlante y principalmente católico. El dinero recolectado gracias a la venta de revistas, agendas y postales, como de entradas al museo, permitió sufragar los costos de mantención de los miembros de la orden en la Araucanía. El museo de los misioneros bávaros como zona de contacto fronterizo y de confrontación intercultural entre lector (capuchino y/o germanohablante) y mapuche no se limita a sus salas en la pequeña ciudad de Altötting: las fotografías en las revistas, las postales que compraron los visitantes del museo como recuerdo y las cajas de ahorros son los mejores testigos de una materialización del museo más allá de su lugar original. En este sentido, los visitantes del museo, entendidos como lectores de esta recontextualización europea y científica de un mundo desconocido, llevaron ciertos elementos de las múltiples representaciones que ofrecían los capuchinos como ‘traductores culturales’ a sus casas. En relación a lo efectivo de esta traducción, nos parece necesario señalar que esta exposición expresa en mayor medida la labor y el papel de los capuchinos bávaros en su actividad misional y, como se vio en el caso de la función económica que cumplía para esta orden, cumplió de manera efectiva su propósito.

 

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NOTAS



[1] El título es una traducción libre de una cita de fuente primaria que se encuentra en una revista de los misioneros capuchinos. Original en alemán: “eine ganz bedeutende Unterstützung und Förderung der Indianermission”. s.a. (1915). Die Missions-Sparbüchsen. Franziskus-Kalender, p. 84.

[2] Quisiéramos dar las gracias al equipo editorial de la Revista y a los dos evaluadores. Asimismo, este artículo ha sido producto de una interacción institucional binacional entre Alemania y Chile y no queremos dejar de agradecer la ayuda que nos brindaron para llevarlo a un primer término los grupos de trabajo en Chile, Margarita Alvarado, Xochitl Inostroza, Fernando Pairican e Ignacio Helmke, y al grupo de trabajo del Centro de Estudios Latinoamericanos (ZILAS), dirigido por los directores, Miriam Lay Brander y Thomas Fischer. De igual forma, agradecemos al Padre Noggler y al archivo en Altötting, Archiv der Deutschen Kapuzinerprovinz, por el interés mostrado en el texto y por facilitarnos el acceso a las imágenes y documentos, de los que sólo una pequeña parte fue utilizada en el presente artículo.

[3] Siguiendo a Roger Chartier, la representación se entiende como el instrumento de un conocimiento mediado, como una “imagen” de una entidad capaz de recordarla y de “pintarla” tal como es. Se postula entonces una relación descifrable entre el signo visible y el referente significado, lo que no significa que se descifre como debería (Chartier, 2005, pp. 57-58).

[4] Otra referencia es un artículo que está en proceso de publicación. Se trata de una ponencia de los autores de este artículo junto con Margarita Alvarado Pérez en el congreso de la Arbeitsgemeinschaft Deutsche Lateinamerikaforschung (ADLAF), la Asociación Alemana de Investigación sobre América Latina, que tuvo lugar en formato virtual entre el 23 de junio de 2021 y el 2 de julio de 2021. La ponencia será publicada en 2022 por el Instituto Ibero-Americano en Berlín bajo el título de “Archivos fotográficos y patrimonio cultural: El caso de la misión capuchina en la Araucanía (1896-1935)”.

[5] El concepto de ‘traducción cultural’ significa algo más que la mera traducción de una producción textual. En la antropología cultural, los estudios culturales y los estudios de traducción, este concepto se entiende como práctica cultural desde los años 80. Desde la perspectiva de los estudios de traducción, Kate Sturge, entre otros, propone considerar a los museos etnológicos como ‘traducciones culturales’ en la medida en que determinadas interpretaciones de los artefactos materiales se convierten en representaciones de una cultura, así como en lo que respecta al análisis de los discursos textuales del museo, por ejemplo, en las explicaciones sobre los objetos expuestos (Sturge, 2007; véase también Rubel y Rosman, 2003; Buden, 2014; Martín Ruano, 2018).

[6] Denominación en desuso en la actualidad, por tratarse de un nombre externo, dado por los colonizadores hispanos en relación a la Araucanía. Hoy en día se utiliza el nombre propio de la población, mapuche.

[7] En cuanto a la evangelización en la Araucanía, véase los trabajos de Marisa Malvestitti y Gertrudis Payàs, por ejemplo, Malvestitti y Nicoletti (2012); Payàs y Zavala (Eds.) (2012).

[8] En este contexto, véase también los renumbrados trabajos de Payàs, Mora y Sambolín (2020); Malvestitti y Zúñiga (2019).

[9] El debate sobre el interés académico de algunos misioneros capuchinos, iniciado, en parte relevante, por Roswitha Kramer, investigadora independiente en el Centro de Estudios Latinoamericanos (ZILAS), Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt, también ha dado lugar a nuevas preguntas y a algunas contribuciones estimulantes en los últimos años, aunque todas ellas se concentran cronológicamente en las tres primeras décadas de la actividad misionera de los capuchinos. Lamentablemente, Roswitha Kramer aún no ha publicado sobre las actividades científicas de algunos misioneros capuchinos. En conferencias en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Católica de Temuco en octubre de 2018, Kramer presentó algunas de sus hipótesis, en donde planteaba el fallecimiento del misionero capuchino Padre Felix Joseph (Ottmar Kathan) de Augsburgo (Padre Félix José de Augusta en la forma hispanizada) en 1935 como un punto de inflexión. Según ella, fue en 1935 cuando finalizó una etapa caracterizada por el intenso trabajo científico de algunos misioneros. Las primeras contribuciones dedicadas al tema recogen este y otros impulsos de los discursos de investigación internacionales más recientes. Véase, por ejemplo, Mora y Payàs (2021).

[10] Otro ejemplo muy conocido y bien estudiado es el caso del misionero Martin Gusinde que viajó varias veces a Tierra del Fuego entre 1918 y 1924 y que publicó varias obras sobre los pueblos indígenas del sur de Chile. Véase, en este contexto, por ejemplo, Palma Behnke (2013).

[11] La Revue d’Histoire des Missions se publicó tres veces al año a partir de 1924 y la Zeitschrift für Missionswissenschaft una vez al año a partir de 1911, editado por el teólogo alemán de la Universidad de Münster, Joseph Schmidlin. Se le considera el fundador de la misionología moderna, que se consolidó en el transcurso del Imperio Alemán. La influencia de Schmidlin y de la misionología, pero también de la etnología, en los misioneros capuchinos científicamente activos puede considerarse muy grande.

[12] Los trabajos de Luis Ángel Sánchez Gómez son fundamentales en este contexto. Respecto a la Exposición Misional Española de Barcelona véase Sánchez Gómez (2006). En cuanto a la Exposición Misional Vaticana de 1925 véase también los estudios de Chiara Pagnotta (2018) sobre el caso de Ecuador y el artículo de Aura Reyes Gavilán (2021) que versa sobre la exposición preparatoria a la Exposición Misional Vaticana, la Exposición Nacional de Misiones Católicas en Colombia de 1924. Como fuente histórica de los misioneros capuchinos véase Walter (1925); von Geispolsheim (1930).

[13] Se trata del Museum Fünf Kontinente en Múnich, como se llama hoy en día.

[14] El primer informe detallado sobre “La Misión Capuchina entre los Araucanos en Chile” apareció en 1896 en la revista misional Die Katholischen Missionen, editada por los jesuitas. El autor utiliza en gran medida las notas de los capuchinos italianos de 1890 en L’Araucania. Memorie inedite delle missioni dei FF. MM. Cappuccini nel Chili. Roma: Tipografía Vaticana. Este informe se refiere sólo a la misión de los capuchinos italianos, que abarca el período de 1848 a 1902. Aparece casi simultáneamente con la llegada de los primeros capuchinos bávaros a Chile (1896). En este contexto, es de particular interés el material visual ya tratado en este informe, que luego se utiliza también en la revista Franziskusblatt de 1902.

[15] Ha sido posible realizar estas comprobaciones a través del trabajo de Margarita Alvarado, Pedro Mege y Christian Baez, publicado en 2001, Mapuche. Fotografías Siglos XIX y XX. Construcción y Montaje de un Imaginario, así como en el estudio de caso publicado en De la mirada, la escritura y el habla. Un ejemplo de acercamiento interdisciplinario de las Misiones Capuchinas (italianas) de la Prefectura Apostólica de la Araucanía (1848-1901), por Margarita Alvarado, Ignacio Helmke y Xochitl Inostroza, enfocado en un grupo de fotografías de Rodolfo Knittel en torno a los capuchinos italianos (2019). Otra fuente para el estudio de la producción fotográfica capuchina se encuentra en el libro de Carmen Arellano, Hermann Holzbauer y Roswitha Kramer (2006), en el que se sitúa un primer periodo de producción fotográfica intensiva por parte de algunos padres capuchinos a inicios del siglo XX hasta la década de los ’30. También se han tenido en cuenta las publicaciones más recientes sobre las coleciones fotográficas de los archivos en Eichstätt y Altötting. Aunque estos estudios tratan más bien del contenido visual y formal en vez de los procesos de producción o la difusión de las fotografías que es que a nosotros nos interesa (Azocar y Flores, 2017; Mansilla, Umbach, Pozo y Canio, 2021).

[16] En este contexto, véase también Arellano Hoffmann (2006, p. 139).

[17] Los nombres originales en alemán son Franziskus-Kalender, Seraphisches Liebeswerk y Seraphischer Messbund.

[18] Ver nota 4.

[19] Un ejemplo actual que podría analizarse en paralelo a lo planteado se puede encontrar en la curatoria presente en la Sala Museo Arqueológico de Santiago, que desde el año 2015 cuenta con una curatoria a cargo del artista mapuche Francisco Huichaqueo. Sin pretender analizar si esta curatoria es efectiva o no en su despliegue, es evidente la diferencia que presenta en relación a la disposición museográfica anterior a esa fecha, a cargo de personas no mapuche.

[20] Earle se refiere en su argumentación a Benjamín Vicuña Mackenna, que comparó el museo con un libro de historia que contiene muchas colecciones de recuerdos y memoria. Véase también Vicuña Mackenna, B. (1875, p. 3).

Volviendo al concepto de ‘traducción cultural’ que forma una de las bases conceptuales de esta investigación, queremos mencionar al trabajo de Johanna Fernández Castro que utiliza el concepto para el estudio sobre la etnología temprana alemana en la Amazonia. Afirma que la práctica de traducción cultural se hace manifiesto a través de textos, fotografías, exposiciones en museos, etc. como representación etnográfica. Véase Fernández Castro (2020, p. 13).

[21] Traducción al español por los autores. Original en alemán: “Durch eigene Stereostop-Apparate wurden auch besondere Aufnahmen in der Mission gemacht, damit auch diese im Guckkasten lebenswahr dargestellt werden können. Die Ausstellung wird jährlich von wenigstens 30000 Fremden aus allen Ländern besucht; darum, wenn du, lieber Kalenderleser, nach Altötting kommst, mache auch du einen kurzen Besuch, der dich gewiß nicht gereuen, ja sicher dir gewiß nur zur Freude gereichen wird. Jeder Besucher erhält auch ein Andenkenbild, welches mit dem Gnadenbild von Altötting geschmückt ist und alles wesentlich Wissenswerte über die Mission nebst einem Missionsgebete enthält.”

[22] Traducción al español por los autores. Original en alemán: “Wie fesseln die Blicke der Missionsguckkastenbesucher die landschaftlichen Merkwürdigkeiten fremder Erdteile wie Asien, Afrika, Amerika. Wie fördert der Besuch dieser allwöchentlich wechselnden Sehenswürdigkeiten Wissenschaft und Bildung! Der Apparat Missionsguckkasten hat nur in Altötting diesen Namen, weil er zur Unterstützung der südamerikanischen Indianermission der bay. Kapuziner aufgestellt ist und außerdem den Zweck hat, die Missionsländer Afrika, Asien, Amerika zur Darstellung zu bringen. Unter dem hier so genannten Missionsguckkasten versteht man jene mit stereostopischen Gläsern ausgestatteten Apparate, welche allgemein den Namen Kaiserpanorama tragen.”

[23] Traducción al español por los autores. Original en alemán: “Die Altöttinger-Pilger besuchen, nachdem sie ihre Andacht genügt haben, auch die großangelegte Missionsausstellung. In gleichen Bau befindet sich zu ebener Erde das lehrreiche Weltpanorama, der sogenannte Guckkasten, mit abwechslungsreichen Bilderserien aus aller Herren Ländern.”

[24] Traducción al español por los autores. Original en alemán: “ Vor allem lehre man die Kinder, daß sie von ihrem Spargeld manchmal etwas für die armen Heidenkinder, für die braunen, kleinen Indianer in den Urwäldern Südamerikas hergeben. Die Kinder haben ein barmherziges, mitleidiges Herz, und innerhalb eines Jahres wird so mancher Sparpfennig in die Missionssparbüchse wandern können.”

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