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El imaginario español sobre el oro en el Chile del siglo XVI: el relato de la Ciudad de los Césares y su función performativa en el proceso de conquista, de Javiera Díaz Lizana, Revista TEFROS, Vol. 19, N° 2, artículos originales, julio-diciembre 2021: 34-64. En línea: julio de 2021. ISSN 1669-726X

 

 

Cita recomendada:

Díaz Lizana, J., El imaginario español sobre el oro en el Chile del siglo XVI: el relato de la Ciudad de los Césares y su función performativa en el proceso de conquista, Revista TEFROS, Vol. 19, N° 2, artículos originales, julio-diciembre 2021: 33-64.

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El imaginario español sobre el oro en el Chile del siglo XVI: el relato de la Ciudad de los Césares y su función performativa en el proceso de conquista

 

The Spanish gold imaginary in the XVI century: the City of the Caesars story and its performative function on the conquering process

 

O imaginário espanhol sobre o ouro no século XVI no Chile: o relato da Cidade dos Césares e seu papel performativo no processo de conquista

 

Javiera Díaz Lizana

Universidad de Chile, Chile

 

Fecha de presentación: 27 de setiembre de 2020

Fecha de aceptación: 4 de julio de 2021

 

RESUMEN

A partir de un estudio sobre el imaginario español durante el siglo XVI, este artículo presenta un análisis sobre la importancia de las leyendas doradas y su rol en la exploración de territorios americanos. Se plantea a partir de la documentación revisada, la función performativa que tuvo el relato de los Césares en el proceso de conquista de Chile en el siglo XVI, haciendo énfasis en las expediciones planificadas para su búsqueda. A través de este estudio, se pretende establecer la influencia del relato de los Césares en la motivación española por la conquista de territorios americanos, entregando otra perspectiva sobre la conquista del cono sur y la visión española sobre este.

Palabras clave: imaginario; oro; leyenda; Ciudad de los Césares; performativo.

 

ABSTRACT

Starting from the study of the Spanish gold imaginary during the XVI century, this article presents an analysis on the importance of the golden legend and its role in the exploration of American territories. After the revision of primary and secondary sources, the performative function of the City of the Caesars story during the conquest of Chile in the XVI century, giving a special emphasis to the searching expeditions planned. The aim of this study is to establish the influence of the City of Caesars story on the Spanish motivation for the conquest of American territories, thus giving another perspective about the “Cono Sur”conquest and the Spanish vision of it.

Keywords: imaginary; gold; legend; City of Caesars; performative.

 

RESUMO

A partir de um estudo sobre o imaginário espanhol no século XVI, este artigo apresenta uma análise sobre a importância das lendas de ouro e seu papel na exploração de territórios americanos. Com base na documentação analisada, é levantada a função performativa do relato dos Césares no processo de conquista do Chile no século XVI, com ênfase nas expedições planejadas para sua busca. Através deste estudo, pretende-se estabelecer a influencia do relato dos Césares na motivação espanhola para a conquista de territórios americanos, proporcionando outra perspectiva sobre a conquista do Cone Sul e a visão espanhola sobre a mesma.

Palavras-chave: imaginário; ouro; lenda; Cidade dos Césares; performativo.

 

INTRODUCCIÓN1

     El tópico dorado predominó durante el siglo XVI, transformándose en una de las grandes promesas de la conquista. El avance europeo a través de los territorios indígenas americanos se caracterizó por sus exploraciones compulsivas motivadas, en parte, por esta promesa áurea que contrastaba con los peligros a los cuales debían enfrentarse. Mediante el progresivo encuentro entre los foráneos y los indígenas americanos poseedores de oro en grandes cantidades, esta idea sobre la abundancia dorada se veía confirmada. El pensamiento europeo del siglo XV y XVI fue la base para que ellos mismos comprendieran el territorio americano desde la idea del descubrimiento (O’Gorman, 1995), dándoles la posibilidad de replicar este afán del “descubrir” el resto de los territorios. Este entendimiento del “Nuevo Mundo”, englobó la configuración de un imaginario en torno al oro que se adaptaba a este contexto de la idea de un descubridor.

     Teniendo esto en cuenta, definiremos lo que se comprenderá por imaginario. Desde la historia de las mentalidades, Barros define el imaginario como “el conjunto de las representaciones mentales -ante todo reproducciones gráficas: imágenes – por medio de las cuales los hombres reconstruyen un mundo interior distanciado de la realidad material, que deviene así en la realidad inventada” (Barros, 1993, p. 187). Esta definición reduce el concepto de imaginario a reproducciones gráficas, las cuales se entienden en este artículo como parte del imaginario, pero no como su totalidad. Por otra parte, la propuesta supone al imaginario como una reconstrucción de un mundo interior que se distancia de la realidad material. Esta cuestión se refuta en este artículo mediante el estudio sobre el imaginario y su influencia en el actuar, proponiendo la relación entre el imaginario y lo material.

     Miguel Rojas Mix es otro historiador que reflexiona sobre el imaginario, y su fijación en el contexto de colonia resulta imprescindible para nuestro trabajo. En su libro Imaginario (2006, p. 19) propone estudiar este concepto como “un encadenamiento de imágenes con vínculo temático o problemático recibidas a través de diversos medios audiovisuales, que el individuo interioriza como referente o el estudioso reconoce como conjunto”. En este sentido, propone que el imaginario puede entenderse como aquello que solo existe en la imaginación, producido por un discurso icónico. Por otra parte, el imaginario puede ser un conjunto de documentos visuales que tiene unidad semántica. A pesar de que el autor señala el carácter polisémico del imaginario, el centro sigue siendo el ícono gráfico alejado del mundo material donde existe un lenguaje que analizar. Siguiendo esta línea, podemos hacer la misma crítica que a Barros: es necesario ir más allá de las reproducciones gráficas al hablar de imaginarios. En este artículo, el imaginario está compuesto por más elementos que la misma imagen, incluyéndose así percepciones, mitos, costumbres e incluso la concepción de la historia del individuo o grupo que se esté estudiando. Creemos que las definiciones que hemos leído hasta ahora son más bien definiciones de un “Imaginario Gráfico”, el cual desarrolla Alfredo Bueno (2013) en su tesis doctoral.

     Sin embargo, existe una definición antropológica de imaginario social que lo plantea como parte de la generación de prácticas cotidianas. En este sentido, Juan Carrera propone que gobierna semánticamente la conducta cultural, la sintaxis del pensamiento y la creatividad. Esto último quiere decir que la dimensión de las ideas se conjuga con la dimensión material a través del imaginario, dejando de lado las definiciones en las que se distancia de la realidad tangible. Para este autor, el imaginario se constituye mientras las referencias semántico-simbólicas (es decir, su dimensión en las ideas) ejerzan su acción práctica mediante redundancias perfeccionantes (el imaginario en su dimensión material). Estas redundancias perfeccionantes son aquellas que nos hacen relacionar el concepto propuesto desde la antropología por Carrera, con la propuesta de este trabajo. Este imaginario sociocultural, va más allá de la imaginación, pues trasciende, se constituye como referente que determina las formas de conducta social a través del consenso social y la socialización (Carrera, 2017). Bajo estas definiciones, planteamos que el imaginario del oro se conjuga con el continente americano y lo que este representa.

     El imaginario español del oro viene de una tradición que remonta desde la antigüedad y que se fue desarrollando en el continente europeo e influyendo a su vez, a España. De esta forma, existía un imaginario establecido sobre el oro durante el periodo renacentista. Este período se caracterizó por el rebrote del legado greco-latino, el cual se tiñe con la influencia del pensamiento medieval (Leonard, 1953). Así, el imaginario español del siglo XVI en torno al oro se conjuga con la existencia de América. Este fenómeno se evidencia mediante la creación de leyendas “áureas”, relatos reproducidos de forma oral que nacen a principios de la conquista y que tuvieron gran popularidad entre los conquistadores. Entre ellas, se encuentra el relato sobre la Ciudad de los Césares: una ciudad dorada y oculta en los confines de América. A partir de la credibilidad que tuvo este relato en el siglo XVI, nos preguntamos sobre la influencia que tuvo este en el proceso de conquista de Chile.

     La hipótesis presentada consiste en que, al momento de emigrar a América, los españoles traen un imaginario europeo sobre el oro que posibilita la creación de leyendas áureas como la Ciudad de los Césares. Estas leyendas, reflejo de este imaginario, incentivarían la exploración de lugares desconocidos, convirtiéndose de este modo en motor de expediciones. Estas expediciones, se entenderían desde la visión del descubrimiento y conquista estudiado por O’Gorman (op cit.), quien propone que más que el descubrimiento, se trata de la “idea de descubrimiento”. Gracias a esta idea, los europeos obtienen el ansiado protagonismo de la historia, proponiendo “descubrir” por coincidencia lugares ya poblados. En el caso de Chile en el siglo XVI, la leyenda de la Ciudad de los Césares cumple esta función performativa de exploraciones y descubrimientos.

     Se comprobará la hipótesis al establecer si la leyenda de la Ciudad de los Césares jugó algún papel en el proceso de conquista española del reino de Chile durante el siglo XVI. Para ello, se vincularán los antecedentes del imaginario europeo con la presencia de oro en América y el desarrollo de leyendas doradas. Así, se establecerá una relación general entre el desarrollo de leyendas y la motivación de los españoles para organizar expediciones. Esto se logrará mediante un análisis de bibliografía histórica y literaria que trate el tema de la Ciudad de los Césares. Seguido de ello, determinaremos el origen y evolución de la leyenda de la ciudad de los Césares en el siglo XVI utilizando bibliografía y fuentes primarias para respaldar la información. Por último, estimaremos el carácter performativo de la leyenda de la ciudad de los Césares en el proceso de conquista española del reino de Chile en el siglo XVI.

     La estimación se hará a partir de fuentes primarias que nos permiten corroborar la influencia de la leyenda de los Césares en la conquista, considerándolas como información base de la época para la toma de decisiones (Brendecke, 2012). Las fuentes primarias utilizadas en este artículo pertenecen en su mayoría al Archivo Nacional Histórico de Chile, específicamente al Fondo Morla Vicuña. Otros documentos pertenecen a la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile y presentamos una transcripción ubicada en la Sala Medina (BNCh). Asimismo, se revisarán crónicas que mencionen a los Césares, como la escrita por Jerónimo de Bibar en el siglo XVI. Estas crónicas, ya sean contemporáneas o posteriores a la leyenda, las leeremos siempre centrándonos en el siglo XVI. Aquellas posteriores, como la crónica escrita por Diego de Rosales en el siglo XVII, se revisarán como la historia escrita sobre el siglo XVI.

 

1. EL IMAGINARIO ESPAÑOL SOBRE EL ORO EN AMÉRICA

     El “Nuevo Mundo”, se comprendía así gracias a la noción del descubrir (O´Gorman, op cit.). Gracias a la idea del descubrimiento, los territorios americanos se incorporaron al esquema mental previo de los españoles sobre el concepto de globalidad en esquemas como “lo viejo” y “lo nuevo”, que interpretaremos como “lo propio” y “la alteridad”. América sería comprendida desde estos esquemas, conjugando una perspectiva científica renacentista de clasificación con un sistema de pensamiento basado en la semejanza (Adorno, 1988; Padgen, 1988; Vega, 2014). Por esta razón, y teniendo en cuenta la novedad que significaba el continente americano para los españoles, entendemos que la descripción y comprensión del espacio se hizo desde cánones sobre la otredad. Los imaginarios juegan un rol importante en este sentido, ya que ayudan a unir las ideas previas sobre un algo, a las experiencias e ideas nuevas sobre aquello.

     Al momento de la llegada de los españoles a América, estos tenían un imaginario sobre el oro que provenía de una larga tradición literaria rastreable desde la Grecia Antigua. En este periodo crearon relatos relacionados al metal y comenzaron a formar una primera imagen en torno a él. Dentro de estos relatos destaca aquél sobre Jasón2, presente en la “Odisea”, mantenido por siglos en la literatura escrita para ser retomado en 1622 por Lope de Vega en su obra “El Vellocino de Oro”. Además del protagonismo del oro en el relato, la narración sobre Jasón predomina al ser relacionada constantemente con la conquista de América (Sánchez, 2010; Ferrandis, 1933).

     Otra narración de tradición grecolatina que forma parte de la conformación de un imaginario europeo trasladado a América es la Edad de Oro original. Se ha planteado que, de ser una metáfora sobre un pasado ideal, comenzó a desarrollarse como la presencia de “paraísos” en espacios lejanos y ocultos “donde el tiempo áureo se ha preservado incontaminado” (Aínsa, 1992, p. 97). En este sentido, la Edad de Oro se relaciona con los relatos sobre islas míticas que formaron parte del imaginario griego antiguo y el europeo medieval (Martínez, 1997). Ante estos relatos de la antigüedad, podemos ver que la Edad de Oro localizada, así como la existencia de islas perdidas y maravillosas, están insertas en el imaginario del oro español del siglo XVI. La repetición del tópico del oro en territorios lejanos nos confirma la presencia de la tradición grecolatina en la conformación de una imagen dorada de América, la cual, si bien incluye a Chile, también contrasta con la visión asociada al desastre en este territorio (Onetto, 2017). Además, hay que recordar que la tradición literaria medieval también influyó al pensamiento de los conquistadores. Con la popularización de las lecturas del siglo XV la tradición grecolatina pudo revivir en la imaginación de los lectores (Bueno, 2013). No obstante, este no fue el único tópico entre los lectores, ya que los escritos sobre viajes y maravillas eran bastante conocidos. Estos escritos influyeron en la comprensión europea del espacio americano, ya que proponían la presencia de personajes míticos en espacios escondidos del globo (Sanfuentes, 2009).

     Por otra parte, existió la novela caballeresca que enaltecería la figura del héroe. Esta figura, parte de la corriente renacentista que condicionó la perspectiva europea sobre los espacios americanos y su contenido relacionado con lo maravilloso, terminó siendo inseparable al imaginario español sobre el oro durante el siglo XVI. La figura del héroe, impulsó las ansias por conquistar territorios desconocidos y peligrosos de los españoles, los cuales nuevamente se relacionan con la idea del “descubridor” (O’Gorman, 1995). El imaginario español sobre el oro en el siglo XVI se relacionó con ideas sobre lo desconocido, desarrolladas dentro de la tradición literaria antigua y medieval. No obstante, es necesario considerar cómo la fama dorada del continente significó un gran incentivo para su exploración (Sánchez, 2007). 

     El imaginario sobre el oro en América se relacionaba con estos antecedentes míticos sobre la abundancia, los que se vieron confirmados mediante el avance de la conquista. La llegada de los españoles a lugares con oro abundante provocó que estos confirmaran la presencia del metal en el continente. Esta confirmación dio pie para que los europeos comenzaran a buscarlas más allá de los límites conocidos, agregando que, si bien tenían una misión evangelizadora, la ilusión por encontrar oro era una gran motivación para el avance. Esto se confirma en crónicas como la de Bernal Díaz del Castillo (2011), quien introduce su texto mencionando las múltiples hazañas de los españoles, para luego recalcar que “demas desta santa obra, tengan atención a las grandes riquezas” (Díaz del Castillo, 2011, p. 4). Sin embargo, el oro brillaba más por su ausencia que en las manos de los españoles. A pesar de que a veces tenían suerte, las expediciones en búsqueda de “reinos” abundantes en oro solían no resultar en el hallazgo de tesoros. El caso específico de Chile es un ejemplo de ello, ya que las adversidades enfrentadas en Magallanes y la Cordillera significaron en una “mala fama” del territorio (Onetto, op cit.). No obstante, los europeos mantenían sus esperanzas a través de la creación y reproducción de relatos. Esos relatos conjugaban los imaginarios europeos con sus percepciones sobre los territorios americanos.

     De esta forma, comenzaron a popularizarse narraciones sobre territorios ricos en oro dentro del continente. Estas, narradas de forma oral, tuvieron gran popularidad y credibilidad entre los conquistadores. A estas se les puede llamar narraciones “áureas” o “doradas”, puesto que su principal componente es el oro en cantidad. Dentro de estos relatos que se desarrollaron en el continente americano durante los siglos XV y XVI resaltan cinco:

1. Cíbola y las Siete Ciudades, nacida durante los viajes de Cabeza de Vaca (Ferrandis, 1933).

2. El País del Gran Cuivira, nace de la relación de Cabeza de Vaca sobre sus vivencias en Norteamérica. El Virrey Antonio de Mendoza organizó una expedición en su búsqueda (Gómez, 1992). Esto comenzó la esperanza de encontrar el reino, la cual se mantuvo hasta el siglo XVII (Craddock y Polt, 2013).

3. El Rey Blanco, nace con el viaje de Juan Díaz de Solís por el Río de la Plata (Ferrandis, op cit.; Rossi, 2017). A través de la interrogación a los indígenas de la zona, esta narración fue sumando credibilidad (Giudicelli, 2019).

4. El Dorado, nace cerca de 1531, luego de las exploraciones de Bartolomé Ruiz de Gamboa y durante la conquista por Francisco Pizarro (Levillier, 1976). Tiene su origen en una tradición indígena del actual Ecuador (Ferrandis, op cit.; Yepez, 2016). La narración sobre El Dorado se trasladó al Amazonas y llevó a que se realicen expediciones desde el Caribe, el Cuzco y Paraguay entre 1531 y 1580 (Ferrandis, op cit.; Levillier, op cit.). Incluso, en 1562, se ordenó el desagüe de la laguna Guatavita, con el fin de encontrar el oro prometido (Yepez, op cit.).

5. El Imperio del Gran Paytiti, deriva de la narración del Rey Blanco y era mencionado por los indígenas guarayos en 1542 (Giudicelli, op cit.). Se realizaron múltiples expediciones en su búsqueda entre 1531 y 1580, en el territorio comprendido entre el Cuzco y el Caribe (Levillier, op cit.).

     Se puede afirmar que existía un ambiente que permitía la popularización de relatos sobre oro. La ambigüedad de las descripciones provocaba que estos fueran verosímiles antes los ojos de los europeos. Sumado a esto, el choque cultural con los indígenas que se evidenciaba en una difícil comunicación fue también una parte importante del proceso de credibilidad de los relatos áureos. Los indígenas explicaron costumbres rituales como las de Guatavita y dieron indicaciones sobre la presencia de oro en lugares indefinidos (Aínsa, op cit.). No hay certeza de que los españoles hayan comprendido estos relatos en su totalidad. Sin embargo, sabemos que, sin la base de los relatos indígenas ya existentes en el continente americano, las narraciones sobre estas fantásticas ciudades no habrían podido desarrollarse de la forma en que lo hicieron (Giudicelli, op cit.). Los indígenas daban indicaciones según sus propios imaginarios, y los españoles entendían estas según sus propias bases culturales. Asimismo, la existencia comprobada de ciudades ricas en oro motivó a la creación de relatos que reproducían una imagen sobre asentamientos repletos del metal.

 

2. EVENTOS FUNDADORES DE LA LEYENDA: CÉSAR, ALMAGRO Y PLACENCIA

     Existe un consenso bastante establecido en torno a tres eventos fundantes situados en la primera mitad del siglo XVI (Latcham, 1929; Varas, 1962; Estellé, 1968; VanWieren, 2005).

 

Lo de César (1526)

     El primer evento sucede en 1526, durante la realización de un viaje a Magallanes dirigido por el portugués Sebastián Caboto (García, [1527]). Tras un accidente en el Río de la Plata, los tripulantes se ven obligados a abandonar el barco. Uno de ellos, el capitán Francisco César, fue enviado por Caboto a realizar un recorrido de exploración por tierra para hacer conocimiento del territorio. Para ello, César se hizo acompañar de 15 hombres, para volver luego de dos meses. Lastimosamente, solo pudieron volver 6 con vida (Lizondo, 1928). Cuando lograron volver al punto de partida, cayeron en cuenta sobre que sus compañeros del viaje inicial ya no se encontraban ahí, por lo que el grupo de César se dirigió al Perú. En este viaje de vuelta, César y sus compañeros expandieron la noticia de la existencia de una ciudad en la Patagonia con muchas riquezas en oro e indios, similar a las ciudades Incas ya conocidas por los Españoles. Latcham (op cit.), plantea que la tierra visitada en 1529 sería la Sierra de Córdoba. Este evento queda entonces como el inicial para la creación del relato sobre una ciudad perdida y es aquél que le dará el nombre de “lo de César” (Varas, op cit.).

     Otros autores nos entregan una versión distinta de este evento. A pesar de que se acepta la importancia del viaje realizado por César, se le quita la característica fundante dentro del relato (Bixio y Berberián, 2007). En estas interpretaciones, el relato comienza durante el conocimiento y conquista del sector del Río de la Plata por parte de los europeos. En ese contexto, Juan Díaz de Solís habría llegado con sus hombres a la desembocadura del Plata el año 1515. En ese momento, serían atacados por los indígenas de la zona, por lo que quedarían 5 sobrevivientes. Estos mismos, varados en Puerto de Patos, se dejaron llevar por el comentario de los indígenas de un imperio de riqueza infinita gobernado por un Rey Blanco. Movidos por esta idea y bajo el mando de Alejo García, recorrieron las selvas de Brasil en busca de la Sierra de la Plata. Se supone que mientras recorrían el Chaco, habrían pasado ocho años con los guaraníes, hasta que deciden volver cargados del oro al Paraguay, pero son asesinados en Asunción. Entonces, sería Juan Díaz de Solís quien plantea primero la existencia de una ciudad muy rica en oro, pero aún no recibía el nombre de la Ciudad de los Césares. Esto lleva a pensar que el relato de César se debe nada más y nada menos, que al relato sobre el Rey Blanco.

 

El encuentro de Almagro con el tributo anual (1535)

     El segundo hecho fundante del relato es el viaje liderado por Diego de Almagro. Desde Cuzco y con destino al sur, esperaba encontrar riquezas tales como las del Perú, y los indígenas del Cuzco alimentaron sus esperanzas ya que “hablaban de un país situado mucho más al sur, de clima bonancible y cuyo suelo estaba cuajado de riquezas” (Barros Arana, 1999, p. 33).

     El conquistador y su hueste toman el qhapac ñan, guiados por Paullo Tupac (hermano de Manco) y un Villac Umu, quienes “debían recoger los tributos de oro y de plata que pagaban al Inca los pueblos del sur del Imperio, para que fueran entregados a los conquistadores” (ibid., p. 136). De esta forma, Almagro y su hueste conocieron el tributo anual de los indígenas. Este encuentro con tales cantidades de oro significó una esperanza e ilusión para los españoles, quienes comprobaron que en estas provincias abundaba el oro. Ejemplo de esto es la idea que se hace el Capitán Miguel de Olavarría sobre los mitimaes del Inca que, según él, eran los Césares de los que contaba Francisco César (Estellé, 1968). A raíz de declaraciones de los indios, los españoles deducen la existencia de un refugio Inca en la Pampa Sureña, a dónde habían huido por las espaldas de Chile (Varas, op cit.).

     La expedición dirigida por Almagro es mayormente conocida por el mal pasar de los expedicionarios en la Cordillera. Este viaje y sus participantes se convirtieron en un blanco de burlas debido al fracaso material y las pérdidas humanas que significó (Onetto, op cit.). Sin embargo, esta expedición permitió el recorrido de las altiplanicies de los Andes, la región del Collao y Paria, las cuales pasan rápidamente puesto que “iban tan persuadidos de que marchaban a un país cuajado de metales preciosos, que ni siquiera pensaron en detenerse allí más tiempo que el necesario para descansar” (Barros Arana, op cit., p. 137). El paso por las serranías de Chichas, Tupiza, el desierto “Campo del Arenal” y sobre todo el paso por la cordillera hacia el Copiapó, figuró una gran apertura geográfica motivada por el imaginario de provincias ricas en oro. Además, esta expedición fue la primera en recorrer las regiones de Jujuy, Salta y Cajamarca, promoviendo su futura exploración (Lizondo, op cit.).

 

El naufragio del obispo Plasencia (1540)

     El tercer evento fundante es conocido como el naufragio del obispo Plasencia y ayuda a que el relato se consolide en el imaginario de los españoles. El obispo Don Gutierre Vargas de Carvajal, solicitó “lo que ha sobrado de continente, sea la Patagonia y el Estrecho” (Bayo, 1913, p. 16) y zarpó en 1539 en una flota de cuatro barcos con destino a las Molucas. Sin embargo, el 22 de enero de 1540 naufraga la nave capitana en el Estrecho, lográndose salvar su capitán y 150 hombres. Se dice que estos sobrevivientes se habrían adentrado hacia el continente, naciendo así, una gran ciudad llena de riquezas fundada por aquellos que lograron salvarse. Ante este evento, aquel rico lugar perdido pasó de llamarse “lo de César” (haciendo referencia a Francisco César) a llamarse “los Césares” (haciendo referencia a estos náufragos) (Varas, op cit.). Desde este naufragio, se expandió el rumor sobre los Césares, llegando a ser conocido y difundido por Pedro de Valdivia y su hueste en 1540 en su camino a Chile (Latcham, op cit.; Varas, op cit.; Barros Arana, op cit.). De la misma forma, el relato de la ciudad vuelve a complejizarse en 1567, luego del testimonio de Pedro de Oviedo y Antonio de Cobos al que nos referiremos a continuación.

     Según Oviedo y Cobos, en 1539, Plasencia iba con Juan de Rivera y Sebastian de Arguello. Al encallar, los acompañantes de Arguello se ven obligados a improvisar un campamento. En ese contexto, se encuentran con los habitantes de la zona, con quienes Arguello “ajustó paz, comercio i vida común” (Vicuña Mackenna, 1887, p. 7). Tras una disputa, Arguello y sus compañeros dejan el lugar y a 70 leguas al norte, fundan una ciudad con “calles tan largas que desde que el sol salía hasta que se volvía a poner era necesario para poderlas andar todas” (ibid., p. 9). Cuentan Oviedo y Cobos que por 25 años se edificaron habitaciones y templos, con ayuda del oro de sus vecinos, para albergar a todos los habitantes. Al pasar ese tiempo, Antonio de Cobos y Pedro de Oviedo fueron acusados del asesinato de un amigo de Arguello, razón por la cual se dan a la fuga y pasan por la principal ciudad de la Patagonia, “tan rica como la antigua Nínive” (Vicuña Mackenna, op cit., p. 13) donde los súbditos de Atahualpa poblaban.

     Este testimonio aclara que los Césares españoles eran quienes tenían templos, calles, palacio de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. En contraste, existirían los indios Césares, cuya ciudad sería más antigua, rica y vasta (ibid.).

     A partir de estos tres eventos históricos es posible comprender la consolidación del relato de una ciudad rica y perdida en el reino de Chile. Los habitantes de origen incierto se entienden como incas puesto que, ante los ojos de los españoles, los indígenas que poseían oro deben serlo. Por otra parte, la idea de españoles perdidos en expediciones que fundan sus propias ciudades, ricas y prósperas, se repite. En conclusión, el relato nace a partir de relatos con fondos verídicos, los cuales se veían respaldados con la experiencia de los conquistadores.

 

2.1. La descripción de los Césares a través del tiempo

     La primera descripción de la ciudad según fuentes se escribe en 1565. En esta descripción se habla de una tierra “poblada de naturales” (ANHCh, FMV, Nombramiento por Rodrigo de Quiroga a Juan Pérez de Zurita, fs. 163). Aunque la descripción es escueta, se habla más claramente de su ubicación en “la otra parte de la cordillera (…), verde tierra la mas del monte, den, y hasta el Estrecho de Magallanes por la otra parte de la dicha Cordillera donde se incluyen las provincias de la Trapananda3 y las noticias de César que comienzan en la forma la contiene dentro el paisaje del Rio de Maule en adelante hacia el dicho Estrecho” (ANHCh, FMV, Nombramiento por Rodrigo de Quiroga a Juan Pérez de Zurita, fs. 163).

     De la misma forma, encontramos referencias sobre el mismo viaje realizado por Pérez de Zurita en sus provanzas de méritos y servicios, recopiladas en 1584, cuyos testimonios son de 1583. Aquía, se la nombra como “las noticias del Cesar y provincias de la Sal y trapananda” (ANHCh, FMV, Probanza de méritos de Juan Pérez de Zurita, fs. 169). Además, resalta que, uno de los testigos opinaba que el viaje “seria ocasion de perderse” (ANHCh, FMV, Probanza de méritos de Juan Pérez de Zurita, fs. 177) y otro menciona “los daños que podrían seguir se dello” (ANHCh, FMV, Probanza de méritos de Juan Pérez de Zurita, fs. 188), razones por las cuales Zurita no seguiría su viaje. En estas referencias, el viaje en búsqueda de la ciudad tiene una connotación negativa, aunque eso no quita que la expedición hubiera reunido mucha gente.

     En 1586, Juan Ramírez de Velasco escribe una carta al Rey, en la cual informa su intención de realizar una expedición a los Césares. En esta carta, describe que “ay gran suma de gente e de que ay grandes riquezas de oro” (ANHCh, FMV, Carta del Gobernador del Tucumán, fs. 241). Las tierras se situarían “entre chile e la mar del norte a las espaldas de Arauco” (ANHCh, FMV, Carta del Gobernador del Tucumán, fs. 241), hacia la cual “no ay mas de trescientos e cinquenta leguas desde cordova” (ANHCh, FMV, Carta del Gobernador del Tucumán, fs. 241).

     El año siguiente (1587), Juan Ramírez de Velasco escribe desde Santiago del Estero sobre el valle del Talan. Este valle se encontraría a setenta u ochenta leguas de Cordova. Explica que el testigo Cristóbal Hernández, camino a Buenos Aires, había encontrado este valle. Este testigo decía que el poblado de Talan se encontraba en el “rrio quarto que es en terminos de la ciudad de cordova” (Ramírez de Velasco, 1937, p. 697). Ante el testimonio de Cristóbal Hernández, Ramírez de Velasco describe el poblado de Talan a través de su escribano: “ay gran suma de indios poblados en pueblos grandes junto a una laguna y que todos andan vestidos y de gente de rrazon y tratan con oro y plata y que hazen sus sementeras y cojen mucha comida” (ibid., p. 698). Además, se insiste en la presencia de oro en objetos comunes, recalcando que bebían en jarros de oro y plata. Por otra parte, llama la atención la descripción de los indígenas. Estos, se supone, habrían huido del Inca y tenían un líder que llevaba una corona de oro en la cabeza con “una borla por delante”. (ibid., p. 699). En esta descripción, se hace presente el hito del Obispo de Plasencia, ya que Ramírez de Velasco habla de “una gente que dicen que son españoles y andan por allí perdidos” (ibid., p. 700). Estos españoles sin rumbo le recordaban a los náufragos el estrecho en 1541.

     En la siguiente descripción, escrita en los méritos y servicios de Hernán Mejía Miraval, se relata cómo eran los supuestos Césares encontrados, dando nuevamente veracidad al relato. Por último, en 1606, refiriéndose a un viaje que había hecho Alonso Rodríguez Picado, se le llama como “reino”, que se encontraría en “la otra parte de la cordillera” (BNCh, Nombramiento de Picado por Bravo de Saravia, fs. 64).

     Al reunir las descripciones, vemos que hay tres zonas donde está situada la ciudad, en el imaginario de los españoles. Una de sus ubicaciones es al sur de los Ríos Negro y Valdivia, por el Estrecho, en la Patagonia (Estellé, op cit.). También se puede situar en la región del Tucumán, por donde Francisco César había viajado. Y, por último, se ubica por el lado este de la cordillera de los Andes. Todas son ubicaciones ambiguas pero alcanzables mediante expediciones.

 

 

3. EL REINO DE CHILE EN LA PERSPECTIVA GEOGRÁFICA DE LA ÉPOCA

     El estudiar la división político-administrativa de los territorios americanos permite el acercamiento a la comprensión del espacio que primaba entre los españoles. Esta división se caracterizaba por ser “un cuadro de división administrativa de base empírica, suficientemente elástico” (Cobos, 1989, p. 18). Este cuadro se dividía en grandes unidades administrativas entre las cuales se encontraban los Virreinatos, las Audiencias y las Gobernaciones. Este trabajo estudia lo que fue la Gobernación de Chile, la cual incluía a la provincia del Tucumán y de Cuyo en el marco temporal establecido (ibid.). Sin embargo, no basta con la división político-administrativa para acercarnos al entendimiento español del espacio americano. Por ello, se destaca la presencia de zonas como la cordillera, Magallanes y el Tucumán.

     La cordillera se caracteriza por su papel en la determinación de fronteras, el cual se presenta en la idea sobre las fronteras naturales en la Europa del siglo XVI. Las dificultades que significaba el viaje por este espacio, popularizadas luego de la expedición de Almagro, le dieron un carácter limitante (Onetto, op cit.; Vega, 2014). Sin embargo, esta idea no se lleva siempre a cabo, ya que el espacio cordillerano ya había sido incluido como un elemento articulador para el Inca (Vega, op cit.). Así, podemos ver nuevamente cómo se conjugan ideas europeas en la realidad americana, surgiendo un entendimiento variado de la cordillera.

     La conformación de la imagen del Estrecho de Magallanes consta de tres etapas en el siglo XVI. Primero, entendido como una novedad y una herramienta para la llegada a las Molucas (Urbina, 2018), y percibido como un lugar de peligros, desastres y dificultades (Onetto, op cit.). En esta etapa, surge la primera representación gráfica de Magallanes, el cual se presenta dividido en tres partes insulares (Martinic, 2017). Luego, marcado por el interés de particulares interesados en descubrir la tierra. Y la tercera etapa, protagonizada por la Gobernación de Chile, en la cual se plantea el avance por mar y por tierra. En esta tercera etapa, resalta el relato de los náufragos de Plasencia en las motivaciones por la conquista (Urbina, op cit.).

     El Tucumán, era parte de la matriz que postulaba la existencia de paraísos terrenales, relacionada con el concepto de “lo otro”. Originalmente, se tenía la idea de este territorio como un tesoro. Sin embargo, la experiencia de la conquista fue lejana a estos ideales, ya que derivó en muerte, hambre y decadencia de los mismos españoles. El espacio imaginado por estos conquistadores tuvo que ser moldeado para duplicar la ciudad europea esperada (Rossi, op cit.).

 

 

3.1 Expediciones relacionadas a la Ciudad de los Césares en procesos de conquista del continente

Hemos logrado identificar 13 expediciones relacionadas de alguna manera a la búsqueda de Los Césares. Sin embargo, conviene señalar que solo algunas de estas fueron real y abiertamente hechas con el propósito de descubrir la ciudad perdida. En tanto que otras no evidencian claramente este objetivo, aunque posteriormente historiadores o comentaristas se lo hayan atribuido. En este sentido, hablaremos de todas las expediciones a las que se les ha atribuido dicho propósito puesto que contribuyeron de alguna forma a la solidez histórica que presenta el relato de los Césares. Para acceder a esta información presentada de forma sistemática, ver Cuadro 1 (p. 20).

 

Simón de Alcazaba Sotomayor

     Durante el proceso de conquista de la región de Magallanes, América se caracteriza por su fama de riquezas. Dentro de este contexto, Simón de Alcazaba apostó por las riquezas del sur del reino de Chile al desarmar su armada que tenía como rumbo original las islas Molucas. El conquistador suponía que la conquista de estos territorios le daría mucha renta, por lo que solicita que “se le señalase en cambio un girón de nuevo continente para ir a conquistarlo” (Barros Arana, op cit., p. 121). De esta forma, se le concede una licencia para conquistar los territorios del sur en 1529 (Vasquez, [1529]). Así, Alcazaba zarpa desde Sevilla con 2 buques y 250 hombres en 1534. Ya en 1535, esta expedición emboca en el estrecho con "cuatro piezas pequeñas, las municiones y bastimentos necessarios" (Rosales, 1877, p. 99). Recorren la primera mitad del estrecho y dan nombre al puerto Los Leones en la costa oriental de la Patagonia, para luego continuar la exploración hacia el interior y comenzar la vuelta.

     El cronista Diego de Rosales, en el siglo XVII, se refiere a esta expedición y la relaciona con el interés de encontrar los Césares (Barros Arana, op cit.). A pesar de la lógica de este cronista por relacionar la búsqueda de riquezas en Magallanes con el relato de los Césares, esta no tiene sustento histórico. La sospecha de la presencia de los Césares en la Patagonia comienza con el evento de Plasencia en 1540, por lo que en las fechas de la expedición de Alcazaba aún no se pensaba en esas maravillas. Además, por más comprobada que esté la sed de riquezas de Simón, no es posible corroborar con fuentes que haya estado buscando las riquezas del César.

 

 

 

Pedro de Mendoza

     En 1536, 2000 hombres comienzan la búsqueda de riquezas por las tierras del Río de la Plata. Estos hombres, embarcados en una expedición liderada por Pedro de Mendoza, participaron de la fundación de Buenos Aires. Ferrandis (op cit.) y Gajardo (2007) proponen que la expedición habría estado motivada por el relato de los Césares, ya que los eventos ocurridos con Solís habrían dejado evidencia de la ciudad en esta región. Sin embargo, en el caso de Ferrandis (op cit., p. 175), la fuente citada4 menciona solamente la sed de riquezas del conquistador, y no la esperanza de encontrar la Ciudad de los Césares (Gandía, 1929, p. 186 en Ferrandis, op cit., p. 175).

     Esta expedición nos da cuenta de que, Mendoza y sus compañeros buscaban las riquezas prometidas en América, siempre respaldándose en una infinita esperanza. Aunque esto no signifique la búsqueda de los Césares o el Rey Blanco (García, 2011).

 

Diego de Rojas

     Durante el impulso por la conquista del Tucumán, en 1543, inicia una expedición liderada por Diego de Rojas y sus compañeros Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia (Levillier, 1925). El viaje se inicia en Cuzco, con el plan de recorrer el Tucumán, Río de la Plata y las Provincias de Arauco (ibid.). La idea original contemplaba la asistencia de 250 hombres (Lizondo, op cit.), pero según el estudio de fuentes que hace Levillier (1925) es posible comprobar que fueron 121 hombres, cargados con 90.000 pesos de oro. De esta forma, la travesía comienza por el qhapac ñan, donde pasan por la Puna Jujeña y los Valles Calchaquíes hacia el Tucumán. Luego, el camino seguido por los conquistadores sigue por Santa María y la Punta del Balasto hasta llegar al Capayan (Lizondo, op cit.) y volver al Cuzco en 1546.

     Esta expedición se relaciona con la búsqueda de los Césares desde la bibliografía, ya que existiría un documento que lo probaría (Levillier, 1925; Latcham, op cit.; Estellé, op cit.; Pedulla, 2008). Sin embargo, Levillier, quien relaciona la expedición con los Césares, admite que no es posible asegurarlo. Esto se debe a que el documento no hace una mención explícita al relato en cuestión, ya que por los efectos del tiempo la información clave es ilegible. No obstante, es importante nombrar esta expedición relacionada a los Césares. A pesar de la falta de respaldo, se ha aceptado que esta expedición se hizo con la intención de encontrar la Trapananda. A pesar de que es incomprobable que se haya realizado en la búsqueda de los Césares, esta expedición fue indispensable para la comprensión del espacio del Tucumán (Bixio y Berberán, op cit.).

 

Pedro de Villagrán

     Dentro de lo que hoy en día llamamos Chile continental, se organiza otra expedición relacionada a los Césares. Durante la primera campaña de Arauco, Pedro de Valdivia sale de Santiago del Nuevo Extremo y llega al Bio Bio junto a su maestre de campo Pedro de Villagrán. Habiéndose fundado Concepción (1550) se funda la Imperial (1551), quedando esta última resguardada por Villagrán. Así, Valdivia se lanza en otra campaña de fundación del sur donde nacerían las ciudades de Valdivia (1552) y Villarrica el mismo año.

     Durante este proceso y mientras pasaba por los alrededores del lago Llanquihue, Valdivia oye rumores de riquezas. Estos rumores decían “que detras de este lago, estaba otro lago en la cordillera, y que desaguaba a la mar del norte, que detras de la cordillera nevada estaba otra provincia muy poblada de mucha gente” (Bibar, 1952, p. 167) donde habría metales preciosos a cuatro leguas al otro lado de la cordillera, 14 o 15 jornadas por el lago Valdivia (ibid.). Se decía que estaría emplazada en un lugar donde hubiera un gran lago, montañas bajas nevadas y un río que desagüe en otro mar (Gajardo, op cit.). Esto se suma a la motivación de Valdivia por ampliar sus dominios en los territorios del sur hacia Magallanes (Barros Arana, op cit., p. 319), quien, al retornar a La Imperial, enviaría a su maestre de campo a realizar una expedición a este lugar rico y perdido. Al volver a La Imperial, Valdivia envía en noviembre de 1553 a Pedro de Villagrán que saldría con 25 hombres a recorrer más allá de la cordillera (Bibar, op cit.). Este mismo año, luego de recorrer los territorios del sur por el lado este de la cordillera, volverían a La Imperial con un mayor conocimiento geográfico, pero con sus bolsillos vacíos.

 

Juan de Ladrillero

     El 17 de noviembre de 1557, el gobernador envió una escuadrilla formada de un bergantín pequeño y dos naves de cincuenta toneles tripuladas con sesenta hombres liderados por Juan Ladrillero (Lizondo, op cit.). La escuadrilla recién mencionada tendría como primera parada para el abastecimiento la ciudad de Valdivia, desde donde recorrerían hasta la bahía de Nuestra Señora del Valle en el canal de Fallos. Juan de Ladrillero realiza la campaña de reconocimiento con éxito, pasando a las costas occidentales del Archipiélago Madre de Dios, el canal Eyre, Messier y Nelson hacia el sur. De la misma forma, recorrió los canales de San Esteban y Sarmiento, y entró al estrecho de Última Esperanza, para llegar a los 53 y ½ ° latitud sur donde nombraron el puerto Nuestra Señora de los Remedios (Lizondo, op cit.). La expedición terminó en 1559, cuando Juan de Ladrillero y sus hombres llegan a la ciudad de Concepción.

     Esta expedición estaría relacionada con la búsqueda de los Césares desde la crónica de Diego de Rosales (1877), quien la da como ejemplo de la realización de estos viajes en pos de la riqueza escondida en la ciudad. No existen fuentes que demuestren la búsqueda de la ciudad; sin embargo, el registro de los viajes de este conquistador permitió un conocimiento geográfico del estrecho que fue útil en la navegación (Pedulla, op cit.; Urbina, op cit.).

 

Juan Jufré

     Esta sucede luego de que Francisco de Villagra recibiera noticias sobre la existencia de los Césares durante un viaje por la provincia de Conlara. Al volver a Santiago del Nuevo Extremo, nombró a Juan Jufré como su Teniente General de Gobernador y Capitán General de las Provincias de Cuyo para el descubrimiento de la provincia de Conlara (Montes, 1955). En este contexto, se funda San Juan de la Frontera en 1562. Con este centro establecido, se realizan expediciones de exploración en sus cercanías, siempre manteniendo la esperanza de encontrar grandes riquezas (García, op cit.). La bibliografía hace énfasis en la relación de Juan Jufré con la búsqueda de los Césares o Trapananda (Montes, op cit.; Estellé, op cit.; Gajardo, op cit.; Memoria Chilena, 2019). Sin embargo, Patrick Pedulla (op cit.) nos hace explícita la fuente y da cuenta de la solicitud de Juan Jufré para una expedición a la provincia de los Césares.

 

Juan Pérez de Zurita

     Juan Pérez de Zurita, se convierte en gobernador del Tucumán en 1558, participando en la fundación de Londres en Catamarca, Córdoba y Cañete (Barros Arana, op cit.). Fue reconocido en la época por sus servicios a la corona, entre los cuales se encontró la expedición nombrada por Rodrigo de Quiroga “para el descubrimiento de los Césares y la Patagonia” (ANCh, FMV, Nombramiento por Rodrigo de Quiroga a Juan Pérez de Zurita, fs 160).

     Esta expedición, en 1565, buscaba llegar al Estrecho de Magallanes, moviendo a “toda la gente de aquel reyno [de Chile]” (ANCh, FMV, Nombramiento por Rodrigo de Quiroga a Juan Pérez de Zurita, fs. 160). La popularidad que denota el escrito sobre la expedición demuestra que existía una creencia masificada en torno a la existencia de la ciudad, y que la mención de su existencia era suficiente para embarcarse en un viaje. Sin embargo, al llegar a Santiago del Nuevo Extremo, se vio impedido a seguir con ella, ya que las autoridades repetían que la expedición sería peligrosa (ANCh, FMV, Nombramiento por Rodrigo de Quiroga a Juan Pérez de Zurita). Para complementar esta información, sabemos que Pérez de Zurita en 1561 manifiesta ver la cordillera como un límite u obstáculo, lo que podría significar para él una visión del viaje más arriesgada de lo que vería otra persona, teniendo en cuenta que existen distintas percepciones en torno a esta cadena montañosa (Vega, op cit.).

 

Alonso Rodríguez Picado

     En 1567 se realiza otra expedición en la búsqueda de la ciudad. Alonso Rodríguez Picado, enviado por el gobernador Melchor Bravo de Saravia, sale desde el Perú junto a la “gente envíada por Virrey Francisco de Toledo” (BNCh, Nombramiento de Picado por Bravo de Saravia, fs. 64). El destino de Rodríguez Picado situaba la Ciudad de los Césares al sur de Santiago del Estero (Bixio y Berberián, op cit.), sin embargo, se demoró más de lo esperado. Aunque no se nos entregan detalles de la expedición en la fuente, explicitan que Alonso se hubiera demorado siete años en volver a Santiago del Nuevo Extremo, lo que nos hace suponer que habría demorado un tiempo similar en su expedición.

     Esta travesía se realiza en un contexto de reorganización político-administrativa del virreinato peruano, hecha para mejorar la difícil relación de la Corona con la Iglesia influida por el pensamiento de Bartolomé de las Casas, organizando una política indiana más práctica. Además, la reorganización en la parte económica busca aumentar la productividad y recursos (Morong, 2013). Teniendo esto en cuenta, cabe destacar la importancia que tuvo esta expedición ya que, a pesar de ser un momento de modificación de las políticas económicas, se realizó con el apoyo del Virrey. La realización de esta expedición nos muestra que las autoridades políticas del momento sí creían en la posibilidad de encontrar esta ciudad rica, la que quizás veían como un salvavidas dorado en tiempos de crisis.

 

Hernán Mejía Miraval

     En 1573, durante el gobierno de Gerónimo Luis de Cabrera (Ovalle, 1646), se realiza otra expedición con el fin explícito de la búsqueda de Trapalanda o los Césares en el Tucumán. Esta expedición, liderada por Hernán Mejía Miraval, partió desde la recién fundada Córdova hacia los territorios del sur. Hernán, acompañado de 50 hombres de guerra y 300 caballos, da cuenta de haber gastado “mucha suma de pesos de oro en armas y caballos y herraje” (ANCh, FMV, Información de méritos y servicios del capitán Hernán Mejía Miraval, fs. 267) Este viaje no tiene una fecha clara de retorno y sólo se sabe de su realización. Sin embargo, es interesante ya que Hernán Mejía Miraval da una descripción detallada sobre los lugares que descubrió, entre los cuales estaría la Ciudad de los Césares (ANCh, FMV, Información de méritos y servicios del capitán Hernán Mejía Miraval ). La realización de esta expedición y su supuesto éxito, sumado a las descripciones sobre la cantidad de oro e indios que la caracterizan, es una motivación más para la organización de futuros viajes en su búsqueda.

 

Pedro de Espinoza

     Las noticias sobre los Césares se hacían cada vez más conocidas en el reino de Chile gracias a la popularización del relato de Oviedo y Cobos. La versión sobre los españoles perdidos en el estrecho y la noticia que trataba de una rica ciudad causó mucho deseo en los habitantes de Valdivia. Es por esto que en 1577 los valdivianos guiados por el capitán de la guarnición Pedro de Espinoza planearon la búsqueda de la ciudad dorada. El plan consistía en pasar la cordillera por Villarrica para seguir el camino que se supone, Oviedo y Cobos habían hecho. Ya habían juntado para esto “los pertrechos necesarios de armas, municiones y bastimentos” (Rosales, 1877, p. 103) cuando la noticia del viaje llegó a los Oidores de la Real Audiencia en Concepción. Trágico final obtuvieron aquellos que participaron de la planificación del viaje: la sentencia fue la decapitación” (ibid.).

     Según Vicuña Mackenna (op cit.), este sería el primer cesarista en la Historia. No obstante, hemos visto que el relato sobre los Césares sería bastante anterior al protagonista de este evento. Además, la información aquí expuesta nace del relato extemporáneo de Diego de Rosales, quien no da cuenta de sus fuentes, por lo que en este estudio se hace imposible confirmar la veracidad de este evento. Asimismo, si se confirmara la existencia del conflicto mencionado, tampoco podríamos saber a ciencia cierta si la Ciudad de los Césares fue el relato que motivó al mitin.

 

Gonzalo de Abreu

     Fue Gobernador del Tucumán entre 1574 y 1580, período donde se entera de las noticias de los Césares. A raíz de esta información, en 1578 organiza una expedición para el descubrimiento de Lin Lin o los Césares (Giudicelli, op cit.). Preparado y en compañía de más de 50 hombres, piensa partir desde el pueblo de Nonogasta (Bixio y Berberián, 2007). Sin embargo, lo interrumpe un imprevisto con los Yanaconas de San Miguel de Tucumán (Funes, 1856). Una vez resuelto, parte según lo previsto a lo largo de las tierras al sur del Tucumán. No encontramos información de su retorno; sin embargo, la razón de su viaje en búsqueda de los Césares es comprobable.

 

 

 

Rafael Puertocarrero

     Similar al evento anterior, esta historia parte en Valdivia. Así, valdivianos, osorninos, chilotes, gente de Ciudad Rica y la Imperial se unieron para salir en búsqueda de lo de César. Luego de pedir licencias al gobernador para que diera “una provisión que todo el servicio que quisiese ir” (Gutiérrez de Molina, [1580], p. 26), este grupo de exploradores se proponía juntarse el 15 de noviembre del año 1579 en los llanos de la ciudad de Valdivia. Tenían planeado saquear Valdivia con el fin juntar lo necesario para realizar un viaje al otro lado de la cordillera. Sin embargo, las intenciones de viajar llegaron a saberse por el gobernador Rodrigo de Quiroga, el mariscal Martin Ruiz de Gamboa, el teniente Calderón y el doctor Azoca que estaba de teniente en Valdivia. Estos detuvieron el plan antes de que se realizara, y dieron a entender que toda esta organización para ir en búsqueda de lo de César se había producido por un descontento de los soldados “por no se haber proseguido la guerra o dádoles licencia para que con el general Lorenzo Bernal5 entrar en el estado que ellos se ofrecían de dar la tierra de paz” (Gutiérrez de Molina, op cit., p. 27).

     Este evento es relatado por Fray Juanes de Vega durante el siglo XVI, por lo cual nos da cuenta de la comprobabilidad del evento. Asimismo, podemos ver como ante el descontento de los soldados, la Ciudad de los Césares se muestra como una opción viable para alcanzar aquello que no se les concedió.

 

Juan Ramírez de Velasco

     Habiendo asumido el cargo de gobernador en 1586, Juan escribió al Rey con la intención de organizar una expedición a los Césares ese mismo año. En esta carta menciona que comenzarían en Córdova y pide a Su Majestad 300 o 400 hombres para poder realizar el viaje (ANCh, FMV, Carta del Gobernador del Tucumán). La travesía se haría con dirección hacia el estrecho de Magallanes, donde se supone, estarían las tierras buscadas por el gobernador. Éste, convencido de la existencia de un pueblo Inca en la pampa, realiza una solicitud en 1587 para la conquista del valle de Talan y Curaca (Ramírez de Velasco, op cit.; Varas, op cit.; Giudicelli, op cit.). Este valle se caracterizaba por la presencia de indígenas que manejaban espadas, el arco y la flecha. Por esto, Ramírez de Velasco consideraba que para conquistarlos serían necesarios 400 o 500 hombres (Ramírez De Velasco, op cit., p. 699). No hay fuentes que nos demuestren la realización de la primera expedición, pero sabemos de la realización de la segunda.

 

Año

Conquistador

Naturaleza

Origen

Destino

Número de Participantes

Relación explícita

Relación posterior

Se realiza

1534

Simón de Alcazaba

Marítima

Sevilla

Estrecho de Magallanes

250 hombres

 

X

SI

1536

Pedro de Mendoza

Terrestre

Sevilla

Río de la Plata

2000 hombres

 

X

SI

1543

Diego de Rojas

Terrestre

Cuzco

Tucumán, Río de la Plata y Arauco

121 hombres

 

X

SI

1553

Pedro de Villagrán

Terrestre

La Imperial

Sureste de Cordillera

25 hombres

X

 

SI

1557

Juan de Ladrillero

Marítima

------------

Estrecho de Magallanes

60 hombres

 

X

SI

1562

Juan Jufré

Terrestre

San Juan de la Frontera

Tucumán

--------------

X

 

NO

1565

Juan Pérez de Zurita

Terrestre

Lima

Estrecho de Magallanes

-------------

X

 

NO

1567

Alonso Rodriguez de Picado

Terrestre

Perú

-------------

-------------

X

 

SI

1573

Hernán Mejía Miraval

Terrestre

Córdova

Sureste de Cordillera

50 hombres de guerra y 300 caballos

X

 

SI

1577

Pedro de Espinoza

Terrestre

Valdivia

Sureste de Cordillera

-------------

 

X

NO

1578

Gonzalo de Abreu

Terrestre

Nonogasta

Este de Cordillera

Más de 50 hombres

X

 

SI

1579

Rafael Puertocarrero

Terrestre

Valdivia

Sureste de Cordillera

Gente de 4 ciudades del sur de Chile

X

 

NO

1586

Juan Ramírez de Velasco

Terrestre

Córdova

Estrecho de Magallanes

300 o 400 hombres

X

 

NO

Cuadro 1: Expediciones de españoles en busca de los césares durante el siglo XVI. Elaboración propia.

 

Dentro de las expediciones estudiadas podemos ver cómo se ha exagerado o malentendido el rol del relato sobre Los Césares en la realización de los viajes. Diego de Rosales le da a la expedición de Alcazaba un carácter de búsqueda de la ciudad. Sin embargo, solamente se puede extraer de la fuente la búsqueda de provechos de la tierra (Alcazaba, [1529]). También, en la lectura que hace Rosales sobre la expedición de Ladrillero, se relaciona la expedición con los Césares, aunque no exista una mención explícita. Ferrandis cae dentro de la misma sobre interpretación de la búsqueda del oro cuando afirma que Pedro de Mendoza habría salido en la búsqueda de los Césares, ya que sólo da cuenta de la intención de encontrar riquezas. Asimismo, encontramos a Levillier que escribe sobre Diego de Rojas, que se supone, buscaba la ciudad. No obstante, sus fuentes incompletas no permiten que la afirmación sea probada.

     Este comentario pretende resaltar cómo a través del tiempo se ha relacionado directamente la realización de expediciones en búsqueda de riquezas con la Ciudad de los Césares. El imaginario en torno al oro que tenían los españoles y su vinculación con las ciudades ricas se ve reproducido en estas interpretaciones de autores posteriores, que les otorgan características legendarias a las expediciones.

 

3.2. El relato en su función performativa

     El concepto de lo performativo se desarrolló en primer lugar desde la teoría lingüística que propone John Austin (1955). En su libro “Cómo hacer las cosas con palabras” define los enunciados performativos (o realizativos) como expresiones no verdaderas ni falsas cuya función “no es describir ni hacer aquello que se diría que hago al expresarme así, o enunciar que no estoy haciendo: es hacerlo” (Austin, 1955, p. 6).  Más adelante, el autor hizo hincapié en la copresencia entre lo constatativo y lo performativo en los enunciados realizativos (Carradori, 2018). A partir de ello, este lingüista abrió la puerta a la discusión sobre la conjunción entre lo que se dice y lo que se hace. Esta discusión incluye las acciones físicas y la corporalidad. A través de la lectura de Austin, en este período de discusión se llegó al consenso sobre que los enunciados performativos “explícitos” serían autorreferenciales y constitutivos de la realidad (ibid.). En este artículo, se utilizará la esencia del concepto de lo performativo haciendo énfasis sobre la influencia del discurso en los sujetos y su actuar. Por otra parte, se utilizará el concepto de “información” que trabaja Brendecke (op cit.), quien define este concepto para la época como una recopilación de datos empíricos que “confiere mayor racionalidad al margen de acción” (p. 107).

     Teniendo esto en cuenta, y luego de haber estudiado las expediciones de los conquistadores, se puede volver al discurso existente en el siglo XVI sobre las cadenas montañosas. Aunque los europeos tuvieran diversas concepciones sobre el mismo fenómeno geográfico, podemos dar cuenta de que este no pasa desapercibido en Chile. Las expediciones en búsqueda de la Ciudad de Los Césares se realizaron mayoritariamente “hacia el otro lado de la cordillera” andina. La cordillera de los Andes, ya sea vista como un elemento de articulación del espacio o como un límite, se concibe como aquello que diferencia el “aquí” del “allá”. La cadena montañosa sería un principal objeto para distinguir lo lejano.

     Siguiendo esta lógica, lo lejano tiene directa relación con el imaginario de los españoles sobre el oro en América. La idea sobre la existencia de ciudades ricas perdidas en los territorios desconocidos del “Nuevo Mundo” se materializa en la búsqueda de la ciudad de Los Césares “al otro lado de la cordillera” o en el dificultoso Estrecho. Asimismo, se entiende que los territorios que los españoles querían explorar para encontrar la ciudad eran territorios cuyas cualidades eran desconocidas. Por esta razón, ante los ojos de los europeos era factible hallar en estos lugares pueblos similares a los mexica e inca en cuanto a su riqueza.

     Los expedicionarios tuvieron la idea constante sobre que Los Césares se encontraban en el sur o en el Tucumán. No obstante, esta idea sobre su posible localización se vincula directamente con los eventos de creación del relato. La búsqueda de la ciudad en el sur se relaciona al evento del naufragio de Plasencia, mientras que la búsqueda de la ciudad en el Tucumán tiene que ver con los relatos popularizados sobre Francisco César y lo que habría encontrado en las sierras. En este sentido, podemos decir que para que se realizasen las expediciones a la Ciudad de los Césares tuvieron que mezclarse ciertos factores. En primer lugar, la realidad americana y el uso cotidiano del oro por ciertos pueblos influenciados por el Inca; luego, el imaginario español que atribuye una cantidad de oro a los espacios perdidos en el mundo; y tercero, la importancia de la información disponible al momento de tomar la decisión de emprender una expedición. Este tercer factor, que depende de los testimonios escritos de los españoles que nombramos anteriormente, se relaciona con la importancia de la “información” respaldada por la oficialidad de la época para la determinación racional al justificar una acción (Brendecke, op cit.).

     El imaginario español del oro en América fue la base para que se comenzara una búsqueda del metal por todo el continente. La motivación por encontrar oro, que nacía en parte de este imaginario, permitió la realización de expediciones que ampliaron el conocimiento geográfico en América y en particular de Chile, el cual ya contaba con una “mala fama” (Onetto, op cit.). Aunque algunas de las expediciones no se llevaron a cabo, esto no se debió a la falta de fe en la existencia de la ciudad, sino a factores externos. Este hecho nos muestra la intención de salir en búsqueda de los Césares motivada por la existencia de información en torno a la ciudad perdida y, por lo tanto, el relato convertido en acción.

     Asimismo, autores extemporáneos al siglo XVI han escrito sobre la motivación que provocaba encontrar lo de César, planteando que se desarrollaron expediciones en pos de este lugar. No obstante, y como expusimos anteriormente, estos dieron por hecho que esa era la razón principal para realizar las travesías sin utilizar suficientes fuentes. A pesar de ello, rescatamos este fenómeno ya que nos da cuenta de la posterior fuerza que tuvo la idea de la Ciudad de los Césares, lo que, sin duda, afecta el tipo de información que legitimará decisiones posteriores. La relación directa que hacen los autores entre la búsqueda del oro y la búsqueda de la Trapananda nos muestra que existe una percepción de América que se perpetúa relacionando con lo que fue el imaginario del oro español.

 

4. CONCLUSIONES

     Los sujetos históricos deben ser comprendidos desde sus propias concepciones de la realidad, dependiendo estas de los discursos hegemónicos de la época y cultura correspondientes. El caso de la Ciudad de los Césares puede servir de ejemplo de la influencia de la literatura en el pensamiento de una época. El relato no surge de una imaginación en blanco, sino de una mentalidad plagada de imágenes conocidas; para el caso estudiado está imágenes se relacionan con los libros de caballería y aquellos que hacían renacer el mundo clásico.

     El relato oral, en este caso, se inspira de los escritos literarios de la época. Su naturaleza en el habla lleva a la construcción de un relato que varía en el tiempo tanto de forma como de contenido. El relato, además de esta tradición literaria, se nutrió de la realidad misma que rodeó a los conquistadores al llegar a América. El contexto indígena que existía a la llegada de estos foráneos permitió que se maravillaran con la cantidad de oro que había, dejando correr su imaginación sobre lo que habría en los lugares por conocer.

     Para el español, el relato de César era verosímil ya que existían antecedentes e información suficiente para pensar en la existencia de una ciudad indígena rica en oro. La evolución de la narración sobre la Ciudad de los Césares es un proceso que terminó confirmando en el imaginario de los españoles la presencia de esta ciudad y sus posibles ubicaciones. Al ser creída por los españoles, motivó la búsqueda de la ciudad perdida. Las travesías para encontrar los Césares fueron parte del proceso de exploración y conquista de la gobernación de Chile, gracias a ello se logró un avance en el conocimiento geográfico de la zona.

     En este trabajo, pudimos vincular ese imaginario europeo con la formación de relatos que condicen con la realidad americana. Sin embargo, descartamos que el origen de las leyendas haya sido solamente desde un pensamiento mítico-literario. Las narraciones se desarrollan también gracias a la base empírica, ya que los españoles utilizaban información disponible como base racional de la toma de decisiones, la cual estaba respaldada por testimonios en torno a ciudades abundantes en oro. De esta forma, podemos entender que estos relatos hayan sido parte de la motivación española para encontrar oro en el continente americano.

     Teniendo esto en cuenta, nos fue posible comprender el origen y evolución del relato de la ciudad de los Césares. Este se consolida en el imaginario español a través de tres hechos, que son el testimonio de Francisco César, el encuentro de Almagro con el tributo al Inca, y el naufragio del Obispo Plasencia. Entonces, el origen del relato tuvo credibilidad debido a sus bases en hechos, lo que permitió el desarrollo de la performatividad. Asimismo, confirmamos este carácter performativo del relato mediante el estudio de fuentes que demostraran la realización de expediciones en la búsqueda de los Césares. La narración impulsó la acción, influyendo en el proceso de conquista española de Chile en el siglo XVI.

     Lo de César, los Césares del estrecho o la ciudad de los Césares pudo ser cualquier asentamiento indígena en el cual hubiera oro. Sin embargo, el convencimiento que llevó a los españoles a buscar la ciudad nos hace pensar en que debe haber aún más base empírica sobre la existencia del lugar dorado. Hasta ahora no hay evidencia de metalurgia en oro en los pueblos mapuche, selk’nam y aonikenk; sin embargo, parte del relato de los Césares se consolida por los testimonios de españoles que encontraban pueblos que trabajaban el metal en el sur de Chile. Creemos que sería interesante considerar la búsqueda de la ciudad de los Césares como un antecedente en los estudios sobre la presencia del oro en el sur de los actuales Chile y Argentina.

     El comprender la acción performativa del relato de la Ciudad de los Césares nos lleva más allá de tan solo probar que los relatos fueron parte importante del avance español en el continente, sino que también nos permite cuestionarnos sobre aquello que el relato mismo nos oculta. Pensar en la posible influencia Inca en los territorios del sur de la gobernación de Chile se nos hace verosímil al entender que el relato de los Césares se basaba en un principio en la experiencia de los conquistadores. La insistencia en la exploración del sur para encontrar el metal no está basada en solo conjeturas legendarias, sino que es el imaginario del oro que se sustenta en hechos. El carácter del relato que mezcla el imaginario literario sobre el oro y la experiencia empírica de los conquistadores en el continente permite que el relato sobre los Césares perdure en el tiempo, ya que tiene credibilidad entre los conquistadores.

     En este sentido, sería interesante estudiar la evolución del relato a través de los siglos, ya que consideramos que la presentación posterior del relato sobre los Césares como una leyenda, no es casualidad. En efecto, la crónica de Pedro de Sarmiento constituye un ejemplo de la mitificación posterior del relato. El escrito original está hecho por el mismo Pedro de Sarmiento entre los años 1579 y 1580; sin embargo, la copia a la que se accedió es una reedición en 1768 de la publicación de Bartolomé de Argensola (1609) sobre los escritos de Sarmiento. Aquí llama la atención un fragmento en que el Argensola se refiere al hallazgo de una Ciudad Fantástica en el Estrecho de Magallanes, sin embargo, el editor de 1768 aclara que en las notas reales de Sarmiento solo se menciona una cantidad de casas (Sarmiento de Gamboa, 1768, p. 57). A partir de esto, podemos constatar un cambio en el relato, que puede parecer pequeño, pero que transforma la narración en algo más irreal y legendario. Algo similar sucede con el vínculo que hace Diego de Rosales, que en 1674 en su crónica hace el vínculo entre la realización de expediciones y la búsqueda de la ciudad de los Césares. Sin embargo, no encontramos fuentes que se refirieran a la intencionalidad de encontrar los Césares de estas expediciones, por lo que creemos que es parte de una lectura póstuma que influye en la percepción histórica sobre lo de César. Por esta razón, el relato ha sido tomado por los autores posteriores con una carga mágica.

     Durante siglos, se ha esperado encontrar el paraíso dorado en los confines del mundo. La ciudad de los Césares como un espacio de esperanza en la dura existencia humana. Siempre abundante, mas siempre inalcanzable.

    

ABREVIACIONES

ANHCh: Archivo Nacional Histórico de Chile.

FMV: Fondo Morla Vicuña.

BNCh: Biblioteca Nacional de Chile.

FJTM: Fondo José Toribio Medina.

CDIHCh: Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile.

 

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NOTAS

1 Este trabajo surge como tesis de grado en el Proyecto Fondecyt Regular n° 1170551, “Tras la ruta del oro: los habitantes de La Araucanía frente a la ocupación española del siglo XVI, recepción, adaptación y resistencia”, dirigido por el profesor José Manuel Zavala Cepeda.

2 Un hombre que viaja en búsqueda de una piel hecha de oro aventurándose por el Mar Negro.

3 El relato en torno a los Césares adopta otras variantes, entre ellas encontramos Trapananda o el País de la Sal.

4 Citado de 1929, Gandía, Historia crítica de los mitos de la conquista americana, ediciones Juan Roldan y Compañía, p. 186

5 Estellé da cuenta de una expedición realizada por Lorenzo Bernal del Mercado en búsqueda de los Césares en 1583. No se encontraron fuentes ni otras referencias bibliográficas que hicieran alusión a esta expedición.

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